El Papa León XIV dejó un imperdible discurso ante el Parlamento de España que merece ser escuchado y analizado más allá de credos e ideologías.

Lejos de intervenir en disputas partidistas, el Pontífice planteó una pregunta esencial para cualquier democracia: “¿qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes?”. A partir de esa interrogante desarrolló una visión de la política que me permito resumir en estas diez lecciones.

1. La persona primero

Toda acción pública debe partir de la dignidad humana. León XIV afirmó que “toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana”. La dignidad no depende del consenso ni de las mayorías; es anterior al Estado y debe orientar toda legislación.

2. Más allá de la legalidad

No todo lo legal es necesariamente justo. Una de las frases punzantes del discurso señala que una ley alcanza su verdadera grandeza cuando “puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”.

3. El poder tiene límites

Al evocar la tradición de la Escuela de Salamanca, el Papa destacó que “la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad” y que ningún poder puede situarse por encima de la persona humana.

4. Pensar en todos

El bien común debe prevalecer sobre los intereses particulares. Cuando este horizonte desaparece, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en agendas incapaces de proteger aquello que pertenece a todos.

5. Proteger a los más frágiles

León XIV preguntó: “¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?”. Para el Papa, la grandeza moral de una nación se mide por su capacidad de acompañar y proteger a quienes atraviesan mayor fragilidad.

6. Tecnología con rostro humano

Frente al entusiasmo tecnológico, recordó que “la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. El progreso debe estar al servicio de la persona y nunca al revés.

7. Migrar no es un delito

El Papa afirmó que la migración constituye una cuestión “eminentemente moral y jurídica” y llamó a ofrecer vías seguras, acogida respetuosa e integración real, sin olvidar el derecho de las personas a permanecer en su propia tierra.

8. La paz se negocia

En momentos de creciente tensión internacional, León XIV recordó que “toda guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar”. Y añadió una frase que debería resonar en todo el mundo: “Las armas pueden imponer un silencio temporal; pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera”.

9. El adversario no es el enemigo

“La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario”, advirtió. La discrepancia forma parte de la democracia; la destrucción del otro, no.

10. Renovación moral

Finalmente, el Papa invitó a los legisladores a “alzar la mirada” y recordó que detrás de cada decisión hay personas concretas, especialmente quienes tienen menos fuerza para hacerse escuchar. Por eso concluyó que, además de reformas e instrumentos técnicos, “hace falta también una renovación moral”.

León XIV propone algo que parece novedoso, pero es, principalmente, un ingrediente básico en toda sociedad y que hoy se ha olvidado: colocar a la persona humana en el centro de la vida pública. Y es que el poder sólo encuentra su legitimidad cuando se pone al servicio de la dignidad humana y del bien común.

Director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México

Contacto: @jlabastida

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