Querétaro, Querétaro, cinco de febrero de 2026. Un hombre observa a una mujer y a un hombre quienes en cuclillas le limpian el calzado. Manos en las bolsas del pantalón, gesto serio, voltea hacia abajo solo para revisar si la mancha se ha ido. Terminado el aseo, sin mediar palabra, contempla el panorama, cruza miradas, saluda sonriente a un tercero y emprende la marcha.

Ella ríe, gira sobre su eje y regresa a la fila. Faltan minutos para que el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación suba a un templete a conmemorar un aniversario más de la promulgación de la Constitución de 1917.

La escena muestra a Amanda Pérez Bolaños, directora general de Comunicación Social de la Corte, y a un segundo colaborador, arrodillados frente a Hugo Aguilar Ortiz en la explanada del Teatro de la República. Un café y una concha con nata fueron derramados sobre sus zapatos, explicó él mismo un día después.

Aguilar dejó entrever que ningún sujeto social escapa al poder que las instituciones ejercen sobre quienes las ocupan. El ministro que llegó a la presidencia de la Corte ondeando la bandera del indigenismo no pudo sustraerse al poder deóntico que ejerce sobre él la silla que ahora ocupa. La institución lo determinó mucho antes que él intentara determinarla.

El control de daños llegó vía redes sociales y con ser sacado de contexto como lugar común. Para no perder la costumbre del político: "Me tomó por sorpresa [él se tarda varios segundos en percibirla]. No ha habido ni habrá actitudes ni sentimientos de superioridad o soberbia".

En septiembre de 2025 la expectativa era otra. Aguilar llegó a la presidencia con el mayor número de votos entre 64 candidatos en la primera elección judicial directa de la historia mexicana y se convirtió en el primer indígena en presidir la Suprema Corte de Justicia desde Benito Juárez.

Su biografía parecía escrita para la ocasión. Fue asesor del EZLN en 1996 en la redacción de las reformas constitucionales respecto a derechos indígenas, consultor de la ONU en tierras y recursos naturales de pueblos originarios, coordinador de derechos indígenas en el INPI desde 2018.

Y escrita está también para atizar la contradicción de un modelo de gobierno contrahecho bajo el slogan de “cuarta transformación”. Fue el operador del plan indígena para la administración de AMLO donde, entre otras postales para justificar el despojo figuran consultas a modo para avalar megaproyectos como el Tren Maya.

Sin gozar de unanimidad entre quienes supuestamente constituyen su génesis, Aguilar fue el foco mediático al tomar protesta como ministro. El guión careció de originalidad, pues con sombrero wixarika y sahumerio de por medio, recibió un bastón de mando de manos de representantes de los pueblos indígenas. Sí, otro político que recibió un bastón de mando.

Somos un país con más bastones que mandos, que en colectivo ejerce una relación dual con la institucionalidad tradicional: protestamos y confiamos… pero nunca nos vamos pues entre conchas con nata, camionetas blindadas y puestas en escena, transcurre la cinética de las instituciones.

Puesta en escena como la vivida en Tenajapa, Chiapas, en febrero y con Aguilar ataviado de la región [que el paraguas del indigenismo un atuendo en cada pueblo te dio]. El titular se leía ambicioso, “Primera Sesión Extraordinaria en Territorio”. De la segunda seguimos en vísperas. "Este es el nuevo rostro de la justicia, de la mano con el pueblo", dijo.

Justicia que parece calar hondo en los cercanos que también ocupan posiciones de poder institucional. Adelfo Regino, director del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, celebró la llegada de Aguilar a la Corte como el fin del "monismo jurídico" y el inicio del "pluralismo jurídico". Más de tres vivas se escuchan a lo lejos con el entusiasmado Regino, quien lo llamó "un hermano nuestro, forjado en la cultura del esfuerzo y el sacrificio."

Uno más. Vidulfo Rosales, el abogado que durante años representó a los padres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala en septiembre de 2014, renunció a Tlachinollan en agosto de 2025 para incorporarse como asesor de Aguilar en la Corte. Una nueva etapa de la lucha por hacer justicia, quizá.

Hugo Aguilar se acomodó pronto en las entrañas de las instituciones. Año uno, calzado limpio, amigos como asesores, colaboradores que actúan de súbditos, promesas de campaña olvidadas y tantos atuendos como alcanzó la imaginación.

Consultor en El Instituto

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