Ayer bajó el telón del NAB Show 2026 en Las Vegas y, como cada año, la industria de medios, entretenimiento y tecnología salió con más preguntas que certezas, pero también con una hoja de ruta bastante clara basada en eficiencia, nube y una inteligencia artificial que, aunque omnipresente, sigue generando incomodidad.
La convención de la National Association of Broadcasters (NAB) volvió a ser ese escaparate donde se cruzan ingenieros, creativos y ejecutivos para ver “lo que sigue”. Y si hubiera que resumirlo en una palabra, sería flujo. Flujo de datos, de trabajo y, sobre todo, de contenido.
En ese contexto, el protocolo SMPTE ST 2110 se robó la conversación. No es exageración decir que fue lo más destacado del evento. Este estándar permite manejar video, audio y metadatos sobre redes IP en tiempo real, lo que se traduce en estudios más ágiles, producciones más rápidas y menos dolores de cabeza en postproducción. Hoy ya se integra en cámaras de cine que envían proxies en tiempo real a la nube, lo que acelera la edición casi al instante. Para comerciales y contenidos digitales, esto cambia las reglas del juego.
La nube, por supuesto, dejó de ser promesa para convertirse en obligación. Todas las grandes marcas están empujando flujos de trabajo completamente basados en cloud, desde la ingestión hasta la edición final. Ya no es hacia dónde va la industria, es dónde está parada.
Y luego está la inteligencia artificial como el elefante en la sala que nadie quiere ver. En NAB 2026 no pasó desapercibida la tensión pues mientras algunos defienden la creación tradicional (hubo incluso quien protestó con la consigna de “hacer arte con la cámara y no con prompts”), las grandes cadenas la están adoptando, pero con cautela. No la quieren como creativa, sino como operadora eficiente. La usan para gestionar estudios, optimizar grabaciones y automatizar procesos.
Herramientas como Firefly de Adobe muestran el potencial: creación de escenas por capas con estética cinematográfica. Sin embargo, la televisión tradicional sigue apostando por el talento humano para contar historias.
En paralelo, hay una revolución silenciosa pero igual de relevante con la democratización del equipo. La iluminación LED ya es estándar, más eficiente y barata. Y mientras marcas históricas mantienen precios elevados, nuevos fabricantes (muchos asiáticos) están ofreciendo soluciones similares a una fracción del costo. Esto abre la puerta a creadores independientes que antes ni soñaban con ese nivel de producción.
NAB 2026 deja claro que la tecnología ya no es el diferenciador. Lo es cómo se usa. Y ahí, todavía, el factor humano sigue teniendo la última palabra.
Nos falta energía
Todo mundo está muy emocionado usando como papel de baño las inteligencias artificiales, las redes sociales y el streaming pero pocos se han puesto a pensar en el costo energético que implica su uso, y ante ello la MexDC advierte un rezago energético en expansión de centros de datos
La Asociación Mexicana de Centros de Datos (MexDC) lo puso sobre la mesa durante su tercer aniversario. El organismo advierte que el país enfrenta un rezago energético que ya impacta la expansión de la infraestructura digital. Aunque la capacidad instalada creció de 115 a 279 megawatts en apenas tres años, el avance resulta insuficiente frente a la demanda impulsada por servicios de nube pública e inteligencia artificial.
México mantiene una brecha frente a economías como Brasil y Chile en capacidad de centros de datos por habitante. No se trata solo de infraestructura tecnológica, sino de condiciones estructurales donde la energía se convierte en cuello de botella. Amet Novillo, presidente de MexDC, señala que el sector ha invertido cerca de 340 millones de dólares en infraestructura eléctrica, principalmente en el Bajío, con énfasis en subestaciones y plantas de transmisión. Pero ni eso alcanza.
El problema de fondo es claro: el crecimiento anual de 44 megawatts está lejos de los 300 megawatts que se requieren para alcanzar la meta de mil 500 megawatts hacia 2030. En otras palabras, el país avanza, pero no al ritmo que exige la economía digital.
La directora ejecutiva de MexDC, Adriana Rivera Cerecedo, explica que el suministro depende en gran medida de la red eléctrica nacional y, en menor medida, de plantas diésel. Este esquema no solo es limitado, sino poco sostenible frente al crecimiento proyectado. El déficit energético ya está frenando la energización de centros de datos construidos o en proceso, retrasando su entrada en operación.
A esto se suma un entramado regulatorio complejo. Para proyectos que requieren más de 1 megawatt, los desarrolladores deben acudir al SENACE, que establece esquemas de inversión y obliga a la construcción de infraestructura dedicada. Paradójicamente, esto deriva en una modernización indirecta de la red eléctrica, financiada por los propios inversionistas.
El sector también enfrenta incertidumbre por políticas públicas en el ámbito del gas natural, que han frenado inversiones clave entre 2018 y 2020. Aunque México cuenta con una red de gasoductos robusta, la falta de certeza regulatoria eleva el riesgo.
La propuesta de MexDC es directa: se necesita una estrategia nacional de planeación energética de largo plazo, acompañada de reformas regulatorias que faciliten el acceso a la electricidad y esquemas de autogeneración. Sin ello, la conversación sobre inteligencia artificial y digitalización corre el riesgo de quedarse, literalmente, sin energía.
¿Puerta giratoria?
En el ecosistema financiero mexicano existe la moda peligrosa de ponerse la etiqueta fintech como si fuera un certificado automático de transparencia. No lo es. Y, peor aún, algunos la usan como disfraz elegante para prácticas, por decirlo suave, confusas.
El caso de Banfeliz vuelve a encender focos rojos. Una historia que ya dejó cicatrices profundas en la comunidad regiomontana cuando era Bsnco Forjadores, con víctimas que aún buscan recuperar su patrimonio tras un episodio que huele más a abuso de confianza que a innovación financiera. Mientras el expediente incluso cruza fronteras y es revisado por autoridades de Estados Unidos, en México el tema parece moverse con otra lógica.
La Comisión Nacional Bancaria y de Valores, encabezada por Ángel Cabrera, analiza la solicitud de compra de Banfeliz, por parte de Klu, un proyecto impulsado por Alberto Djamal, nombres importantes en el contexto fintech. Hasta ahí, todo parecería parte del proceso regulatorio normal. El problema es el contexto.
El nuevo jugador no llega solo porque es hijo de Carlos Djemal, personaje que perdió el control de Investbank, después Accendo Banco, en medio de acusaciones de lavado de dinero por parte del gobierno estadounidense.
Luego entonces ¿estamos frente a una segunda oportunidad legítima de la familia o ante un caso de puerta giratoria? Porque en fintech, como en la vida digital y física no basta con parecer confiable, hay que serlo.
*Columnista y comentarista
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