Nos llegó el Mundial en medio de un caos, de una crisis, ya para qué mencionar los temas principales de las acusaciones históricas de Estados Unidos hacia figuras políticas en activo. Por eso, para muchos, al igual que otros distractores estratégicos como la banda de K-Pop, BTS, saludando desde el balcón de Palacio Nacional, U2 tocando en el Centro Histórico, Pedro Pascal vestido de Tin-Tán filmando en nuestra urbe, el futbol es también el antídoto y el desviador de miradas perfecto.
Por eso, al ver los recientes despliegues de infraestructura estética en la capital, me fue imposible no evocar aquella ácida escena de la película La Entrevista (2014), la polémica comedia de Seth Rogen. En ella, el protagonista viaja a un régimen totalitario y queda maravillado ante un supermercado rebosante de frutas frescas y niños sonrientes. Minutos después, la fachada se cae: las frutas son de plástico y el bienestar, una elaborada utilería montada solo para impresionar al visitante.
Hoy, de cara al Mundial de Futbol, el gobierno de la ciudad de México parece haber contratado al mismo escenógrafo. Con un presupuesto alegremente tasado en 1,500 millones de pesos, que nos recuerda un poco el escándalo calderonista de la Estela de pus… perdón, de luz, el gobierno ha emprendido un "programa de embellecimiento" que no es otra cosa que la enésima reedición de nuestra ya tradicional cultura de la simulación.
Históricamente México ha barrido la basura debajo de la alfombra roja para que al igual que la película de Seth Rogen, los extranjeros piensen que aquí no pasa nada, mientras los de casa vivimos todos los días con una especie de criatura amorfa de muchos tentáculos que suman inseguridad, baches, abusos laborales, corrupción policiaca y un larguísimo etcétera que podría llenar varios tomos.
Como sabemos la simulación chilanga tiene colores institucionales, y esta temporada el elegido es el morado, ese color que representaba tantas cosas positivas en el pasado, pero que ya comienza a cansar de tan politizado y al servicio del stablishment. De pronto, para nuestro Mundial, la urbe y sus rincones se teñirán de una manita de gato con este tono.
Pero a los escenógrafos de la simulación se les olvidó que el morado no es exactamente el color adecuado para la seguridad y visibilidad nocturna de las señalizaciones, los puentes peatonales y otras infraestructuras que serán cubiertas como un helado Ice de uva.
Los expertos en planeación urbana dicen que a diferencia de los amarillos, blancos o verdes reflejantes que tradicionalmente salvan vidas. el morado oficial absorbe la luz y se mimetiza con la penumbra. ¿Será ésta una irónica metáfora de la simulación gubernamental?
Pero si los colores políticos son peligrosos, el verdadero calvario es además en plena hora pico, pues para aplicar esta manita de gato mundialista, las cuadrillas de trabajadores se permiten cerrar accesos y avenidas principales a mitad de la semana laboral, sin previo aviso. A mí me tocó la semana pasada estar atorado 40 minutos en el cruce de la Nápoles a la Escandón, porque a las 2 de la tarde, a las cuadrillas se les ocurrió cerrar el puente de Viaducto para que se vieran bonitas unas luminarias.
Decenas de lectores nos han escrito para quejarse de este caos vial en una ciudad de por sí con arterias mal planeadas a nivel urbanístico. Horas de productividad perdidas, motores sacando humo y claxons, todos momentos que al igual que en esa otra película, Blade Runner, se perderán como “lágrimas en la lluvia”.
Pero el cinismo de la campaña alcanza su cúspide con la elección de su mascota no oficial: el ajolote. Este místico anfibio adorna espectaculares, bardas y campañas digitales como el tierno símbolo sonriente de la identidad chilanga. Aquí es donde la ironía se vuelve trágica. Mientras el gobierno gasta millones en glorificar su imagen en vallas publicitarias, los canales de Xochimilco, su verdadero y último hogar, languidecen entre aguas negras, mafias, sobreexplotación turística e indiferencia ambiental.
Los biólogos repiten hasta el cansancio que la población real del Ambystoma mexicanum se reduce día con día, al borde de la extinción total. Pero en el manual de la simulación, es más barato diseñar un ajolote en vectores que salvar al de carne y hueso.
Y hay un matiz hasta racial en este uso de la imagen. Si usted observa la publicidad oficial, el ajolote retratado es invariablemente rosado o blanco, es decir, la variedad albina o leucística. Los especialistas coinciden en que el ajolote silvestre, el predominante por naturaleza, es de color oscuro, pardo o negro. El ajolote claro es, en realidad, una mutación popularizada en laboratorios y acuarios.
Que en un país con una población predominantemente de piel morena, la campaña oficial decida visibilizar e idealizar al ajolote blanco e invisibilizar al oscuro no es un accidente de diseño, es un reflejo condicionado, una suerte de racismo velado inconscientemente institucionalizado. Queremos exportar una imagen limpia, clara y occidentalizada, ocultando lo que genéticamente nos determina, ya sea en la fauna o en nuestra propia demografía.
Gastar 1,500 millones de pesos en maquillaje urbano no es solo un exceso frívolo, es un acto de irresponsabilidad. La cultura de la simulación daña a largo plazo porque actúa como un anestésico que invisibiliza los problemas estructurales que verdaderamente desangran a la capital.
Mientras el turista se toma la foto frente al muro morado y el ajolote güerito, a unas cuadras de distancia la realidad sigue intacta con una inseguridad latente de delitos de alto impacto que se maquillan en las cifras oficiales pero se sufren en las calles, una infraestructura en ruinas con socavones y baches, cortesía de la mafia del chapopote, fiel infladora de presupuestos anuales… y ahora hasta se le añade el peligro de redes de pedofilia y turismo sexual que, de acuerdo a organismos internacionales, se incrementa en las sedes de los mundiales y que debería ser vigilado por la policía con sistemas nuevos. Ahí sí serían necesarios 1500 millones.
Después de que ruede el balón (ojalá metamos muchos goles) y cuando la euforia de acabe, ya veremos si la simulación sirvió para que no se acuse a más políticos desde EU. Al final los turistas, los buenos y los posibles pedófilos, subirán a sus aviones y las luces del Mundial se apagarán. Pero lo bueno es que nosotros nos quedaremos pintados de morado, con ajolotes güeritos… y con una sonrisa de llanto como la del ajolote en peligro, sorteando los mismos baches, los mismos problemas y esperando que la próxima simulación entre en escena.
homerobazanuniversal@gmail.com
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