Decían los poetas que hay una ironía en que muchas de las flores más hermosas suelen ser las que guardan secretos más oscuros. En estos años, el morbo colectivo se alimentó de los documentos desclasificados del caso de Jeffrey Epstein y saltó a la vista un detalle botánico presente en su terrorífica isla: la presencia de la Brugmansia, conocida coloquialmente en México como Floripondio o Trompeta de Ángel.
Dicen que no es de extrañar que un miembro de la clase parasitaria tuviera a la mano una planta capaz de anular la voluntad ajena. Lo que resulta verdaderamente irresponsable y hasta criminal es que para encontrar esa, una de las flores más tóxicas del catálogo de la botánica, los ciudadanos de la ciudad de México no necesitamos viajar al Caribe, nos basta con caminar al parque de la esquina. Sí, leyó bien, podemos encontrar gracias a las omisiones de organismos como la Semarnat y la ignorancia de los funcionarios de las Alcaldías, las mismas trompetas de Jeffrey Epstein, ahí donde juegan nuestros hijos.
Durante los años 90 y principios de los 2000, las entonces delegaciones, hoy alcaldías, se entregaron a una fiebre de embellecimiento urbano sin el menor rigor científico. La Dirección de Parques y Jardines, en un conocido chascarrillo de irresponsabilidad que raya en lo patético, tapizó la ciudad con Floripondios. ¿La razón? Es una planta resistente, crece rápido y sus flores colgantes son estéticamente "agradables".
Sin embargo, se olvidaron de abrir el libro “Botánica básica”, porque para aquel entonces, cualquier biólogo con dos dedos de frente ya advertía sobre el peligro de la escopolamina.
Científicamente, el Floripondio es un cóctel de alcaloides tropánicos, donde la escopolamina (o hioscina) es la reina absoluta. Mantener estas plantas hoy en día en nuestros parques no es un descuido estético, es una negligencia administrativa que le proporciona a la delincuencia materia prima gratuita y de fácil acceso.
A diferencia de otros alucinógenos que expanden la percepción, la escopolamina es un antagonista competitivo de los receptores muscarínicos de acetilcolina en el cerebro. Tiene la capacidad de bloquear la comunicación en el sistema nervioso central, específicamente en las áreas dedicadas a la memoria y la toma de decisiones.
Al inhibir la transmisión colinérgica, el individuo entra en un estado de sugestionabilidad pasiva. El cerebro no puede procesar la duda ni la negativa, la voluntad se disuelve. A dosis altas, los efectos incluyen amnesia anterógrada, donde el sujeto no recordará nada de lo ocurrido mientras estaba bajo el efecto, delirio alucinatorio con visiones terroríficas que se confunden con la realidad y una parálisis del juicio que convierte a cualquiera en víctima para cualquier clase de abuso.
Para muestra, un botón del patetismo de nuestras autoridades. En el Parque San Lorenzo, en el corazón de la colonia Tlacoquemecatl Del Valle, en la alcaldía Benito Juárez, se mantiene un ejemplar de Floripondio a escasos diez metros del área de juegos infantiles.
Algunos vecinos nos han comentado que han denunciado ese problema a los jardineros, quienes los remiten con las autoridades de la Alcaldía. “A veces llegan algunas brigadas con chalecos de la BJ a hacer actividades y les denunciamos la planta, que está en uno de los islotes de tierra cerca del área de juegos infantiles. Sólo toman nota y nunca hay solución”, menciona la lectora Sánchez.
Casi surealista que a menudo se hagan campañas de salud y de seguridad pública, patrocinadas por las Alcaldías, pero se permite que una planta capaz de provocar parálisis respiratoria y psicosis permanente conviva con cientos de niños todas las tardes.
Ahora que estamos en épocas de desclasificaciones, cualquier teórico de la conspiración. de esos que abundan en los foros de internet, diría con una sonrisa torcida que pareciera que se quiere mantener material fresco para ilícitos.
Pero lo cierto es que la columna vertebral de este problema es la falta de rigor. En México, la gestión de la biodiversidad urbana se deja en manos de jardineros que, si bien son trabajadores estoicos y admirables, operan bajo el mando de funcionarios que no distinguen una rosa de una margarita o un apio de un camote, sin albur.
La presencia en pleno 2026 de floripondios con escopolamina en nuestros parques es muestra de que en las alcaldías se mantiene una improvisación o estética de la ignorancia, que no sabemos a bién a cuantos ha afectado ni los ilícitos que ha ayudado a cometer.
La Dirección de Parques y Jardines sigue podando el Floripondio como si fuera un simple arbusto decorativo, ignorando que cada hoja caída es una dosis potencial de sumisión química. Mientras no exista una política pública que catalogue y retire especies de alta toxicidad, seguiremos caminando por jardines que son, en realidad, farmacias gratuitas para el crimen organizado y el abuso.
Es hora de que los científicos entren a las alcaldías a suplir a funcionarios ignorantes, pero, sobre todo, como lo mencionamos el año pasado con nuestra columna de la mutilación de abejas, que las autoridades dejen de ver las plantas solo como ornamentos y empiecen a verlas como seres biológicos con los que convivimos, y en este caso, con los que convivimos peligrosamente.
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