En mi colonia había un anciano que vivía en un pequeño camper de los años 70, a veces la estacionaba en alguna tranquila calle, hasta que los dueños de la casa en turno, quienes también se sentían dueños de la acera, comienzan a verlo con malos ojos.
Era entonces cuando el vehículo aparecía en alguna esquina, cerca de una gasolinera o cercana al mercado.
Aquel viejo camper azul era como aquel poema de la Mala Yerba, “sólo necesita de un pedacito de tierra en medio del cemento para vivir con tranquilidad”.
Curiosamente, su conductor se había ganado el afecto de muchos vecinos, porque aun sin medios económicos alimentaba de vez en cuando a los perros callejeros. De hecho, en la parte posterior de su vehículo escribió “La vida, desde el punto de vista científico y filosófico, representa uno de los mayores tesoros que existen, dale de comer a los perros callejeros, Dios te premiará”.
A finales de los años 70, los habitantes de la ciudad vivieron un crudo invierno que produjo muchas enfermedades respiratorias entre la población. Lo anterior viene a cuento porque en esa época aparecieron algunos curiosos reportajes que hablaban de personas en situación de calle que utilizaban los coches abandonados como cobijo, incluso se mencionó el caso de un predio de Mixcoac donde existía un viejo y oxidado camión de escuela, mismo que había sido acondicionado como refugio para la helada que tuvo lugar en 1972.
El lector Roberto N, afirma que hoy son muchas las personas que continúan viviendo en autos abandonados y opina que las autoridades deberían tener no sólo tolerancia, sino apoyar a estos desafortunados en épocas donde el clima cambia drásticamente como ahora.
Don Roberto nos cuenta que la unión de vecinos de su calle logró el desalojo de un anciano que habitaba desde hace más de cuatro años en un viejo Ford LTD, y que fue inhumana la manera como todos sus objetos personales fueron tirados, mientras que a la persona en cuestión se le trasladó a un supuesto albergue.
Investigando sobre el tema, me encontré con que nunca ha existido una estadística sobre las personas que habitan dentro de autos en el entorno urbano, aunque sí encontré otras notas periodísticas, sobre todo de los años 80, donde curiosamente se critican los reglamentos urbanos que consideran un delito que una persona aparque su vehículo por un período prolongado para utilizarlo como vivienda.
Sin embargo, como dice un artículo de esos años, todo depende de la apariencia del vehículo, y pone como ejemplo a una familia de estadounidenses que vivieron en su camper por casi medio año afuera de la casa de sus familiares en la colonia Florida, mientras un matrimonio de jóvenes paisanos fueron remitidos a las autoridades por dormir en su Combi en la colonia Portales.
El artículo, publicado en 1987, hace la friolera de 39 años, mencionaba: “El incremento en las rentas en el Distrito Federal, aunado a los bajos ingresos que perciben muchas personas, así como las cada vez más escasas posibilidades de que los jóvenes encuentren un trabajo, lleva a muchos a ver en sus vehículos un medio de vivienda temporal”... curiosamente aquella descripción de la situación económica de los mexicanos nos resulta bastante actual.
No obstante, en épocas de frío, hasta el vehículo más equipado se podía convertir en una verdadera hielera, cada año las víctimas del frío comenzaron a engrosar las estadísticas.
Para quienes vivían al día, sin techo ni cobijo, la súbita entrada de una helada podía convertirse en una amenaza mortal al cabo de unas horas, por ello el Departamento del Distrito Federal implantó hace tres décadas un incipiente programa de albergues y de entrega de cobertores, e incluso se cuenta que ante el incremento de personas en situación de calle, hubo en los años 90 cierto margen de tolerancia para las personas que habitaban en vehículos y predios abandonados.
Por cierto, este columnista ha investigado sobre la red de centros de ayuda para épocas de frío y lluvia, y nadie hasta la fecha me ha dado razón de las ubicaciones de los mismos. Ojalá que en esta temporada de lluvias muchas personas necesitadas sí los encuentren ante la falta de previsión de las autoridades.
Lo cierto es que el fenómeno de las personas que viven en sus autos continúa e incluso muchas pensiones de estacionamiento, ya hasta rentan sus espacios, sobre todo para viajeros temporales en vehículos tipo campamento.
Curioso el caso del parque donde vivo, el San Lorenzo, en la colonia Del Valle, donde en 2025 y 2026, conté cinco camionetas de extranjeros influencers equipadas con cocinetas y hasta baños, que se estacionaban algunas semanas en sus alrededores para después continuar sus viajes. ¿Estará también renaciendo esta manera de conocer el mundo?
Hoy en día, el panorama legal en la Ciudad de México no ofrece un protocolo claro de protección para quienes pernoctan en sus autos por necesidad, dejando su destino a la ambigüedad de los reglamentos vigentes. Si bien pasar la noche dentro de un vehículo estacionado en una zona permitida no es un delito estipulado explícitamente en el Código Penal, el Reglamento de Tránsito de la CDMX prohíbe el "abandono" de vehículos en la vía pública, considerando como tales a los autos que no se muevan por más de 15 días. Esto otorga a las autoridades la facultad de remitirlos al depósito, una multa económica alta, o el uso de la Ley de Cultura Cívica bajo argumentos de "obstrucción de la vía pública" o "faltas al entorno urbano" si los vecinos presionan a la policía. Así, la delgada línea entre la legalidad y el desalojo sigue dependiendo, trágicamente, de las denuncias vecinales y de la apariencia del vehículo.
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