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Miguel Herrera, pendenciero, retador y resentido

Gerardo Velázquez de Léon

Se la ha pasado como si fuera campaña política, dando entrevistas hasta a la hoja parroquial y volvimos a escuchar a ese Herrera pendenciero, retador, evidentemente molesto

El comunicado con el que el América anunció la salida de Miguel Herrera, no fue la manera más ética en que debía despedirlo.

Pero, de ahí a realmente creer todo lo que se ha dicho en esta campaña mediática que ha iniciado el propio Miguel, hay una gran diferencia.

Se la ha pasado como si fuera campaña política, dando entrevistas hasta a la hoja parroquial, y fue en una de esas, en el podcast “Sin Llorar”, de los grandes amigos Mariano Trujillo, John Laguna, Rodolfo Landeros y Claudio Suárez, donde volvimos a escuchar a ese Herrera pendenciero, retador, evidentemente molesto y resentido por la manera en que terminó su segundo ciclo con el equipo. Despotricó contra todos, y comenzó a culpar a directivos, medios de comunicación y hasta a la afición.

Qué poco profesional, enseñó el cobre y eso le puede pesar en el futuro. El Piojo es un buen entrenador, pero también siente que es el eje de la Liga MX, algo muy lejano a la realidad.

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Si en algún momento se pensó que aquel comunicado con el que el América dio fin a su relación con él estuvo fuera de lugar y fue poco elegante, la campaña que ha iniciado Miguel ahora no se queda atrás. Vuelve a hacer falta la autocrítica y —sobre todo— vuelve a perder clase, al acusar a la afición de tener poca memoria.

Y no es que se equivoque en el concepto; en efecto, lo que menos existe en el futbol es la memoria colectiva, pero esas palabras se entienden más como la nueva rabieta de un personaje herido, incapaz de entender que sus acciones de indisciplina, sumadas a los fracasos deportivos, lo llevaron a salir del equipo.

Miguel, tan abierto y sincero como puede ser, suele ser prisionero de sus palabras y en esta ocasión no ha sido la excepción. Es cierto que la campaña en redes con el #FueraPiojo era una total estupidez, fuera de la realidad y parte de esa maldita manera en que la gente se maneja ahí, bajo el anonimato que guarda, pero el extécnico americanista se equivoca al tratar de restregarle en la cara sus estadísticas a los detractores. Y ahí vuelve a ser víctima de sus declaraciones.

Porque si a estadísticas en su gestión nos referimos, nada más significativo que solamente ganar dos títulos de Liga después de 22 torneos dirigidos en dos etapas.

Y puede decir que su efectividad está sobre la media, que siempre clasificó a la Liguilla y que era un participante recurrente a las semifinales (salvo este último torneo, en el que Chivas lo eliminó en cuartos), pero también sería bueno que recordara cada una de las conferencias en las que declaró que —en un club como el América— “lo único que vale es el título...”. Otra vez, es prisionero de sus palabras.

Miguel tiene que descansar, olvidar lo que pasó en estas últimas semanas y buscar reinventarse en otro club. Bagaje como entrenador tiene, deberá corregir los errores que desgastaron su labor e imagen con el América, y sin problema será entrenador de otro club.

Debe olvidarse de esta campaña, en la que solamente luce herido, resentido, después de que él y solamente él fue el culpable de haber quedado fuera del América.

 

 
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