Los claroscuros de la Selección Mexicana

Gerardo Velázquez de Léon

Sobre lo que lleva Gerardo Martino al frente de la Selección Mexicana se puede dividir en dos grandes etapas. La primera, la de antes de la pandemia, de éxito y funcionamiento correcto, ganando lo que se tiene que ganar, gustando y siendo efectivo, con ambición y un sistema de juego que encajaba muy bien

Es inútil que el entorno de la Selección Mexicana caiga en negro o blanco. Están los defensores de los resultados y los analistas del funcionamiento. Inútil, porque no hay razón para caer en debates estériles. Pareciera que son los medios de comunicación los que disputan la eliminatoria mundialista y no los futbolistas, no los entrenadores.

Esta incesante búsqueda de sus “verdades” y la defensa inmisericorde de quien las expone, no hace más que cerrar una discusión que debería ser la más abierta de todas. Pero como unos trabajan en los medios de comunicación que tienen derechos y hay quienes ni se aparecen en un estadio de Centroamérica, pero creen que por ser detractores harán que su credibilidad crezca. Ni uno, ni otro; al contrario, deben existir narrativas en todos los sentidos, no tratar de convencer al de enfrente, sino pasar la discusión a otro nivel.

Sobre lo que lleva Gerardo Martino al frente de la Selección Mexicana se puede dividir en dos grandes etapas. La primera, la de antes de la pandemia, de éxito y funcionamiento correcto, ganando lo que se tiene que ganar, gustando y siendo efectivo, con ambición y un sistema de juego que encajaba muy bien.
 

La otra etapa, la de la pandemia, donde el equipo es otro, no se encuentra y pierde lo que debe ganar. Dos finales contra Estados Unidos A y B; es decir, ni contra los suplentes se pudo. Debemos valorar, porque a una de las peores Costa Rica en su historia, de tres partidos oficiales solamente le han ganado uno y anotado dos goles, como también se debe profundizar por qué no le pudieron ganar a Trinidad y Tobago en Copa Oro, y cómo con Guatemala y El Salvador se ganó, pero sufriendo, o la holgada victoria contra Honduras, que en esa noche en Arizona tuvo siete bajas por Covid-19. No es atacar, no es defender, es tratar de encontrar el punto medio en la crítica y de todos estos partidos, en todos hemos estado presentes, y la metamorfosis del equipo es evidente.

Han perdido la memoria futbolística, pero han ganado, y como bien dijera mi compañero y amigo Carlos Guerrero, qué fácil es hablar con el periódico del lunes en la mano, porque la realidad es que este equipo siembra muchas dudas; de nada sirve ser resultadista en la zona más pobre del mundo y llegar a la Copa del Mundo como si nada pasara y caer eliminado donde siempre.

Madurez debe ser parte de esta eliminatoria y Gerardo Martino estará convencido de que aún puede componer el camino, volver a lo que mostraron y cómo gustaron, porque el tiempo se agota, el Mundial está cercano y la eliminatoria no es más que una prueba oficial para Qatar. Nadie, absolutamente nadie, podría poner a México eliminado antes del inicio del octagonal; ese no es el tema, así que no  intentemos darle vuelta. El futbol mexicano siempre debe estar en el Mundial por la pobreza de los equipos que enfrenta en Concacaf, pero aún con esa pobreza, le cuesta muchísimo trabajo. Habría que revisar y reconocer el porqué, no solamente matraquear a favor de un proyecto que debe ser cuestionado. Al final, es la Selección Nacional, gane, pierda o empate.

Esta noche, contra Panamá, el cierre del primer capítulo eliminatorio, de tres partidos, y nos guste o no, ganen y ganen, siempre habrá que analizar el cómo, las malditas formas.

@gvlo2008
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