Las pobrezas del futbol regio

Gerardo Velázquez de Léon

Esa barbaridad de dinero no se refleja ante la pobreza futbolística que mostraron en el Guardianes 2020, torneo que marcará a estos pobres equipos ricos

El futbol todopoderoso, el que sus voceros en medios de comunicación fueron capaces de bautizar como el Real Madrid y Barcelona de México, ese mismo que presume dinero, terminó siendo un fiasco en el Guardianes 2020. Rayados, por confiar en quien nunca debió regresar al equipo, y Tigres, por la arrogancia de creerse el más grande, cuando está muy lejano de la verdadera grandeza.

El apasionamiento regio por su futbol los lleva a exageraciones, pero también a la soberbia. Por eso, cuando el Monterrey perdió en repechaje —tras ir ganando 2-0 a Puebla— se derrumbó, desde la petulante frase de “campeones de todo”, hasta su verdadero nivel competitivo. Este equipo tiene todo: dinero, afición apasionada y conocedora, el mejor estadio de México y un plantel envidiable, que quien fuera el entrenador nunca pudo ponerlo a punto. Por eso, en la búsqueda de un nuevo estratega, no deben escatimar recursos, esos mismos que fueron aplicados de manera jugosa al contratar a futbolistas como Meza, Kranevitter, Janssen y Loba, por quienes desembolsaron poco más 29 millones de dólares.

Escatimar y afirmar que no hay dinero para pagar la cláusula de rescisión de contrato de Matías Almeyda es una ridiculez, una de las tantas mentiras con las que navegan en esa ciudad al, insisto, exagerar información. No es tema de pobreza, es tema de talento y de negociación, porque —según trasciende— para llevar al ahora entrenador de los Earthquakes de San José deben pagar entre cuatro y cinco millones de dólares.

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Monterrey no pasa de ser un equipo competitivo y no ha dado el paso para retar a los grandes del futbol mexicano, pero no por falta de recursos, sino por capacidad en el banquillo, y no solamente en el caso de Antonio Mohamed, sino con otros tantos. Hugo Hernández, Miguel Herrera (dos finales), José Guadalupe Cruz y el Turco; es decir, un equipo que ha perdido seis finales es para tener introspección y entender que es básico contar con un entrenador ganador y no escatimar recursos.

Tigres es un caso sorprendente. Manejado al antojo por Ricardo Ferretti, el capo norteño, no ha hecho más que permitir que un equipo se haga viejo, sin sentido de la renovación, con alta soberbia, sobreproteccionismo y respeto a las jerarquías. Ahora, no hicieron absolutamente nada —incluido el Tuca— para renovar piezas básicas que le pudieron dar otra dimensión contra Cruz Azul y no poner a un defensor central de delantero. Lucas Zelarayán, Enner Valencia y recientemente Eduardo Vargas dejaron un hueco, que si bien intentaron llenar con Nico Diente López y Leo Fernández (quien ya era de su propiedad y gracias a triunfar en Toluca lo llevaron), la terquedad de Ferretti por utilizar a los Quiñones, jugadores muy lejanos al nivel de Gignac y compañía, lo único que muestra es que nadie puede opinar ahí dentro, es una dictadura del Tuca.

Entre Rayados y Tigres suman 148 millones de dólares, en la valoración actual de sus planteles. Esa barbaridad de dinero no se refleja ante la pobreza futbolística que mostraron en el Guardianes 2020, torneo que marcará a estos pobres equipos ricos.

@gvlo2008
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