La liga que nació muerta

Gerardo Velázquez de Léon

Cuando uno revisa las propuestas con las que la Liga de Balompié Mexicano arrancará como alternativa a la Liga MX, nunca midieron los conflictos en los que están metidos desde hace varios meses

Emprender un negocio en plena pandemia no es tarea fácil, y cuando se trata de futbol mucho menos. En la historia han sido muchos los casos de personas que  pensaron que sería sencillo tener un equipo para subirlo a Primera División y sólo obtuvieron  una pérdida sustancial de su patrimonio. Ahora, armar una nueva liga cuando lo que menos hay es dinero, se vislumbra como misión imposible.

Cuando uno revisa las propuestas con las que la Liga de Balompié Mexicano arrancará como alternativa a la Liga MX, nunca midieron los conflictos en los que están metidos desde hace varios meses. Lo que podría ser una buena idea, se convirtió en un galimatías para los  involucrados. 

Entonces viene el problema entre el “ser y el deber ser”. Y esas propuestas tienen que ver con lo segundo, con lo que “debería ser” esta nueva liga según lo establecido por sus fundadores: franquicias de cinco millones de pesos, una importante agencia antilavado de dinero, tope salarial para evitar la inflación, reparto equitativo del dinero de patrocinios y derechos de televisión. Algo atractivo para un inversionista que no tiene el capital para llegar a la Liga MX, pero que podría encontrar en esta competencia un lugar donde invertir y desarrollar. 

Pero luego viene el “ser” o lo que han sido  cuando ni siquiera se ha jugado un maldito partido oficial. De entrada, levantar algo como esto en plena pandemia es casi imposible. Cambiaron ya su fecha de inicio de septiembre a octubre, y se entiende, pero... ¿Por qué apresurar el lanzamiento? ¿Por qué no esperar para tener público en las gradas?

También así de apresurado ha sido su cierre de registros para las franquicias y algunas han quedado fuera, como la que jugaría en Xalapa (cuyo propietario acusó de corrupción a los dueños de la liga y del equipo de Ensenada), o el cambio abrupto de lo que sería Lobos BUAP a Morelos. El golpe más duro lo tuvieron ayer, cuando Ramón Ramírez, la flamante “bomba” como director deportivo de Ensenada, renunció al cargo por falta de garantías, y hasta acusó que no le habían pagado en estos meses.

Además, hasta ahora no se sabe qué televisoras los transmitirán, seguramente ninguna y menos cuando muchos canales como los de Megacable y AyM reciben gratuitamente la Liga de Expansión. Se suman problemas y más problemas, ya corrieron al director de comunicación y a su equipo que generaría contenidos. 

Una liga que nació muerta, y aunque no es mala iniciativa generar y desarrollar una alternativa para quienes gustan del futbol, que la gente entienda que no es sencillo. No hay solvencia y la LBM ha visto, sin jugarse un solo partido, un desfile de exfutbolistas de renombre que han intentado abrir espacios que por el momento no tienen en la Liga MX, y lo único que han encontrado es falta absoluta de seriedad, de profesionalismo y de orden; vaya, ya tienen hasta entrenador de su selección nacional cuando no tienen ni jugadores. Extraña que siga Carlos Salcido como presidente de un ente por el que nadie quiere apostar.

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