El “¡Eeeeh pu...!”, ¿se evitará?

Gerardo Velázquez de Léon

El constante desafío a la autoridad en México es parte de lo que deben combatir los federativos, pero sería muy necesario actuar con inversiones que hicieran más efectivos los controles de los aficionados, y recordarle a Gianni Infantino que la doble moral es juego mortal

La FIFA se ha ensañado con México, cuyo futbol es el gran Conejillo de Indias del organismo, que aprovecha todo para castigarlo y demostrarle a las más de 200 federaciones que son ellos los que mandan. Claro que el grito “¡Eeeeh puto!” no es correcto, pero hay una exageración brutal sobre la definición del mismo, también en la aplicación y la detección de quienes lo hacen partido a partido. Así como existe ese grito, existen en otras partes del mundo manifestaciones en las tribunas llenas de odio, racismo, y no aplican la misma ley. A Kevin-Prince Boateng, Dani Alves y Danny Rose, les han aventado bananas al campo, emulando sonidos de simio, y ¿qué pasó? Nada.

En la Serie A, fanáticos radicales de la Lazio mostraron imágenes de Ana Frank en la tribuna con la playera de la Roma, con la leyenda “hinchas de la Roma, judíos”, y ¿qué pasó? Nada. A Zlatan Ibrahimovic, en un partido de Europa League, fanáticos del Estrella Roja le decían “balija asquerosa”, y ¿qué pasó? Nada. Aquí, por tratarse de una Selección Nacional y no de un club, la FIFA impone dureza, como si fuera otro deporte el que pertenece a la UEFA. Si no se permite, no se permite, pero solamente aplicárselo a México es inconsistente.

Para erradicar el grito han intentado todo: Sensibilizar a los aficionados, campañas de comentaristas solicitándoles que no lo hagan, ruegos federativos, y nada ha servido. Lo que no han intentado aún es invertir, crear el gran padrón de aficionados al futbol en México y Estados Unidos. Me explico. En el Mundial o en Ligas de extrema violencia, han aplicado el Fan ID, que es el registro de quien entra a un estadio. Se sabe dónde está sentado, quién es, dónde vive y sus datos de localización.

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Ya sería mucho pedir detectores dactilares en las entradas, pero sería necesario para conocer a profundidad a tu propio público. Es decir, hoy puedes gritar, fumar marihuana, beber hasta estar ebrio, insultar, pelearte en la tribuna y nadie sabe quién eres. Ese anonimato envalentona al aficionado. Si existiera un real control, y a quien haga algo prohibido no le volvieran a dejar entrar a un estadio, las cosas serían distintas. Para eso, hay que invertir dinero, algo que odian los dueños de los equipos. Es decir, ejecutan con alta improvisación.

Otro punto, que hemos vivido en Estados Unidos, es que el grito a veces sale desde la zona del estadio donde se ubicaban los outlaws, la barra de EEUU, que sabe que México puede ser sancionado y fue capaz de hacerlo en contra de su propio portero. Claro, si odias al rival, no importa gritarle a tu propio futbolista; al final, el castigado siempre será México. No es sencillo el tema, el constante desafío a la autoridad en México es parte de lo que deben combatir los federativos, pero sería muy necesario actuar con inversiones que hicieran más efectivos los controles de los aficionados, y —por supuesto— recordarle a Gianni Infantino que la doble moral es juego mortal.

@gvlo2008 - [email protected]

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