El aburrido torneo mexicano debe reformarse

Gerardo Velázquez de Léon

La industria del futbol debería estar muy preocupada. No hay mayor ciego que el que no quiere ver, y es lo que está pasando en el futbol mexicano

Hace unos años, Decio de María llevó a la FIFA una propuesta de formato de competencia para la Liga y fue tomado como un directivo fuera de órbita, porque la diminuta apertura que tienen los miembros de la organización más importante del futbol mundial es evidente.

Decio propuso, entre otras cosas, que los empates a cero y a un gol dieran un punto, algo hasta ahora normal, pero si eran a dos anotaciones, que fueran dos puntos los que se ganaran, y si eran de tres tantos en adelante, les otorgaran tres puntos a cada equipo. Y ahí no quedaba, empate como fuere, directo a una serie de penaltis, y quien resultara ganador tendría un punto extra. En los próximos días, se detallará en EL UNIVERSAL Deportes la totalidad de lo propuesto en aquel entonces.

Y ¿a qué viene esto? Los torneos durante la pandemia han sido de muy escasa calidad, sin ambición, con entrenadores más preocupados por no perder para salvar su chamba, jugadores que entendieron que si pierden seis, siete o hasta ocho partidos, en una temporada de 18, aún están en posibilidades de acceder a una Liguilla. Se acabó la ambición.

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Puede decirse que han sido meses complejos, que el espectáculo va en detrimento porque no han existido refuerzos, hay bajas por Covid-19, no hay público en las tribunas; claro, una lista de pretextos que puede ser grandísima, como el escaso interés que despiertan la mayoría de los partidos de la Liga MX.

La industria del futbol debería estar muy preocupada en este valor fundamental. Sin taquilla, sin esquilmos, lo único que queda es la pantalla de televisión, y —ahí— el peor enemigo es el control remoto, porque —al ver la pobreza y desgano de muchos futbolistas— se le cambia a cualquier otro canal. No hay mayor ciego que el que no quiere ver, y es lo que está pasando en el futbol mexicano.

Un torneo poco ambicioso, en el que 12 de 18 clasifican y las 17 jornadas de la fase regular no sirven para maldita la cosa, aunado a los contratos a futbolistas, porque la mayoría de estos son con pagos puntuales, pase lo que pase en el campo; es decir, sin metas, en una zona de confort que los lleva a la brutalidad del espectáculo. Y, por si fuera poco, entrenadores que aprovechan las crisis y firman contratos multianuales, sabiendo que —si los despiden— hay que pagarles todos los años establecidos.

Son muchos eslabones de una cadena que está rota, que deben mejorarla e intentar salvar a la industria, haciendo entender a los futbolistas y técnicos que el espectáculo lo es todo para este deporte en estos días de encierro obligado.

Lo han entendido en el futbol de España, de Inglaterra, de Alemania; vaya, hasta en el de Italia. Por supuesto que lo tienen muy claro en la NBA, NFL y MLB; incluso, en la MLS. ¿Por qué ser tan reacios al cambio, a intentar nuevas fórmulas?

El “loco” Decio tenía razón. El futbol necesita reformarse.

@gvlo2008
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