Es difícil pensar en un momento más trágico para la política mexicana, con condiciones más desfavorables, a sólo 3 meses de una elección extraordinaria por su amplia cobertura y por su trascendencia histórica, como punto de quiebre para frenar tendencias autoritarias que requieren contrapesos.

La elección debería ser un verdadero “festín” para la oposición ante un gobierno que cada vez da más señales de “perder la brújula” y el timón. Pocas veces un gobierno ha ofrecido más flancos débiles: la mayor caída de la economía desde 1932, la peor gestión de la pandemia, con una responsabilidad criminal por la muerte de casi 200,000 mexicanos; el programa público más tibio de apoyo ante las graves consecuencias sociales del CV-19, su compromiso de “primero los pobres” logró 10 millones adicionales, una violencia desbordada, “austericidio” burocrático, despilfarro en proyectos absurdo, “hazmerreir” mundial por rifas de aviones y otros “shows” de lo “grotesco”. Todos, temas que la pusilánime oposición en el Congreso debía explotar y que, con contadas excepciones, no lo hace. ¡El pueblo “sabio”, con una demostración eficaz de las catastróficas políticas en lo que más lo lesiona: salud, seguridad, empleo e ingreso, debería reaccionar y castigar al mal gobierno!

Desafortunadamente la oposición ha estado peor que el gobierno: sin liderazgos nacionales prestigiados, los partidos políticos y legisladores, en muchos aspectos pasmados, ineptos o cooptados por el gobierno. Debería haber ahora un gran acicate para depurarse, renovarse, con candidatos ciudadanos, reivindicarse en aras no de intereses personales, sino nacionales, con la gran oportunidad para tener la mayoría de la Cámara de Diputados, que ni Morena logró realmente en 2018 y ahora sin AMLO en la boleta.

Hay algunos elementos prometedores. La iniciativa promovida por la sociedad civil, “Vamos por México”, ya ha logrado sentar a la mesa a los tres principales partidos de oposición: PRI, PAN, PRD, con un acuerdo inicial de 219 distritos ganables, que darían la mayoría. Ha quedado claro además que es una elección local en Estados, municipios, distritos, con una lógica muy diferente de la nacional. Esta elección se va a ganar con los mejores candidatos, de mayor arraigo, honestidad y prestigio local, el que pueda derrotar a Morena, con las propuestas concretas que más lleguen a la gente, no “rollos”; el uso de las maquinarias existentes, de partidos políticos, gobernadores, presidentes municipales, trabajando concertadamente, con un eficaz uso de medios tradicionales y, por la coyuntura, las redes sociales digitales.

¡Sin embargo, aquí ya se ha evidenciado la tragedia nacional de nuestros partidos políticos, capturados por maquinarias, bajo líderes desprestigiados, algunos de ellos con “cola que les pueda pisar” el gobierno, que los hace “acomodarse”! Se han transformado en buenos negocios personales, familiares o de grupo. Ello se ha traducido en la lamentable selección de candidatos plurinominales del PRI de Alito, los allegados, los “cuates”, los “juniors”. ¿No entendieron el enojo social? ¿Qué figuras nacionales o estatales que, con su prestigio, atraigan votos? En el PAN también “reciclaje”, pero al menos con algunos buenos exsecretarios o gobernadores y los calderonistas que reaccionaron con buenos impulsos de unidad institucional. Otra expresión de la deformación es lo que se ha llamado la “caricaturización de la democracia mexicana”, una “cartelera teatral” de deportistas, artistas, hasta un luchador con máscara, como si ser electo a un cargo fuera un simple concurso de popularidad y no alguien con la capacidad de legislar, debatir o gobernar. El fenómeno Cuauhtémoc Blanco se multiplica.

Dada la insensibilidad de los partidos políticos, habrá que confiar en la influencia local de algunos buenos gobernadores, como los de Querétaro, Yucatán, Sonora. Ya se demostró en las anteriores elecciones intermedias que Morena es derrotable: el “carro” completo del PRI en Coahuila y su victoria en Hidalgo. Morena, un movimiento de “tribus” heterogéneas, evidencia muchas tensiones, divisiones y contradicciones, como la agresión al feminismo con la patética candidatura del presunto violador Salgado Macedonio.

Otro elemento importante es contar con una plataforma común de ideas, no difícil de integrar en contraposición a los disparates del gobierno. Su “Decálogo” es un avance, pero la Alianza todavía no “despega”, se necesita inflexibilidad para vetar candidaturas impresentables, de “cuota” y “formular propuestas de arrastre”, más aterrizadas.

Los trágicos niveles a los que ha llegado nuestra política, gobernantes, legisladores, partidos políticos, lleva al país a riesgos inéditos. Al mismo tiempo, la elección ofrece la oportunidad de reivindicar la política y permitir al país caminos de salida urgentes, que ahora se cancelan día a día. Reencauzar la 4T dentro del diálogo y la unidad, rechazando disparates y consensando propuestas necesarias.

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