“¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo?”, es la traducción libre de una cita muy popular atribuida a Vincent van Gogh, que se ve con frecuencia en reels y hasta adornando paredes de tiendas o estéticas que subliminalmente nos invitan a comprar una prenda provocadora o a renovar nuestra imagen.

Ha sido repetida tanto en redes y mercadotecnia que perdió su textura original y, de cierto modo, se volvió una frase de calendario.

Sin embargo, se dice que la línea surge en una de sus cartas a su hermano Theo, cuando Van Gogh se debatía entre asumir riesgos (dedicarse por completo a la pintura, mudarse, probar nuevas técnicas) y la inseguridad económica y personal que eso le provocaba.

Si esto es así —porque no he visto la evidencia—, no estaríamos hablando simplemente de una frase motivacional, sino de una profunda confrontación de alguien jugándose todo por una vocación tardía.

Hoy, me detengo en esta frase porque recién me apareció una publicación de Laura Galván sobre su participación en el medio maratón del Campeonato Mundial de Running, en la que comparte esa pregunta luego de no haber obtenido el resultado que esperaba, al tiempo que anunció su próxima incursión en los 42 kilómetros en Chicago, con Los Ángeles 2028 como horizonte.

Cabe mencionar que Laura pasó recientemente de los mil 500 y cinco mil metros en pista al medio fondo, y ahora dará el salto a la distancia completa, la más mítica y épica de todas: La maratón.

Por eso, porque ella no se detiene y —aunque falle— siempre lo está intentando, su cuestionamiento y el de Van Gogh los sentí como un llamado propio: “¿Qué sería de la vida, Paco, si no tuvieras ya el valor de intentarlo?

Siempre he creído que las palabras que nos impactan con especial fuerza en un libro, una conversación, incluso a través de graffitis o anuncios, son mensajes vivos que de una u otra manera debían ser conducidos a nosotros como convocatorias o recordatorios epifánicos. Y sobre todo me convenzo de que es así cuando esas alertas y avisos no son aislados.

La cara que puse igualmente hace unos días, mientras un querido amigo —igualmente apasionado por correr— me contaba que a veces, en sus distancias, comienzan a sonar palabras en latín en su cabeza, a pesar de que no lo habla:

“Excélsior fue la más impactante, mi querido Paco, sobre todo cuando investigué qué significaba. Busca y vas a ver”.

Lo hice y supe que, mediante él, yo también lo debía oír.

Estoy en todas las redes como F.J. Koloffon

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