Él como su fundador. Ella como su continuadora, estaban obligados a conservar. Fortalecer. Recrear a Morena en el poder. Hoy lo destruyen.

Teniendo todo para trascender a la Historia como uno de los mejores presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador corre por las cañerías. Se desliza por el drenaje llevando su oportunidad en su desvergüenza.

Dueña de una ocasión única para ocupar un sitial especial en la vida nacional, Claudia Sheinbaum, lastimosamente, la deja escapar. Sigue el mismo camino. Ha elegido idéntico destino.

Todo, por las ambiciones de aquél de hacerse del poder a costa de dinero bajo sospecha. Todo, por el no poder. El no querer de ella de quitarse a su antecesor de encima.

La construcción de la red criminal que hoy gobierna México, como tantas veces lo ha recriminado Estados Unidos. Sobre la cual se han publicado innumerables evidencias, es atribuible al huachicolero de la política.

Éste. AMLO, corrompió. Pervirtió. Enlodó. Envileció. Desnaturalizó una actividad noble por Naturaleza.

Ese sujeto envolvió. Involucró a casi toda la clase política. Les concedió todo a una caterva de rufianes. Les extendió patente de asalto. De impunidad. La connivencia fue su método más eficaz para tenerlos a todos de su lado.

Quienes desempeñaron con él el Poder Legislativo, al que llegaron por su expresa voluntad, dieron status legal a todas sus atrocidades. Excesos. Vilezas. Locuras. Asesinaron la Constitución. Avanzaron bastante en la mudanza de la democracia a la tiranía.

Con su política clientelar, cooptó a las personas más necesitadas. Las adoctrinó. Las endosó a su cuenta personal con las dádivas de los programas sociales. Los beneficios que otorgó a los trabajadores con mejoras salariales, fueron piedras angulares de su consenso.

Entre lo mucho malo que hizo y lo muy poco bueno que no se le puede negar, su saldo es marcadamente negativo, nefasto. Instituciones. Sistemas. Normas, fueron destruidos. La salud. Educación. Seguridad de los mexicanos, se hallan en condiciones realmente desastrosas. Deplorables.

Los números sobre el último rubro son los que más nítidamente reflejan su demencia. Su decisión de proteger a los delincuentes, en lugar de combatirlos. Su dislate de permitir que masacraran. Esclavizaran a la población, en vez de protegerla, es una falta colosal. Grave, en la que incurrió complacido.

Contra este hecho. Demostrable. Inobjetable, el ex presidente no tiene. No tendrá perdón. Ni defensa. Ni descanso en ningún lado. En ningún momento. Se le recordará como un auténtico criminal. El más peligroso. Como al más grande traidor que el país habrá parido.

El acceso de Claudia Sheinbaum a la Presidencia se dio totalmente sobre las bases. Las maniobras. Las condiciones de todo tipo que le puso. Le impuso López Obrador. Su llegada a ese puesto se dio, centralmente, sobre la lealtad- obediencia que él le habría reclamado. Esperado de ella. Jurado.

Hasta ahora, la presidenta se ha ajustado a todo lo que su comprometida relación con su predecesor signifique. Lo pernicioso en lo que se ha traducido. En lo que pueda entrañar. Las consecuencias que pueda generar, no le han importado. La tienen sin cuidado. Así lleve al país al precipicio.

Lo más sagrado. Intocable. Inalterable, es su familia. Sus hijos. Sus amigos. Socios. Cómplices. Por sobre todas las cosas y a cualquier costo, ella se empeña en protegerlos. Encubrirlos. Justificarlos. Es lo que ha hecho con un grupo importante de narcopolíticos. Rubén Rocha Moya a la cabeza.

Andrés Manuel López Obrador armó el entramado delincuencial que envuelve a México. Lo institucionalizó como partido. Su sucesora, Claudia Sheinbaum, en los hechos, ha asumido el deber. La obligación de ser su vigía. Su centinela.

Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum son, hoy, el factor. La amenaza más peligrosa que tiene esa organización. Uno por hacerse intocable. La otra por no atreverse a tocarlo. Con el respaldo que le dan a su claque, deshacen la institución.

En esa reprobable decisión presidencial, justamente, está su acción consistentemente más demoledora contra Morena. Soslayar las imputaciones que se han formulado contra conspicuos morenistas. Evitar que se los investigue no es nada definitivo. Real. Duradero. Seguro. Es altamente tóxico. Perjudicial. Destructivo.

Ella se resiste a hacerlo porque sabe que las declaraciones de algunos traidores –sobre todo si las hacen en Estados Unidos–, llegarían. Alcanzarían a su padre político. En esa posibilidad, muchos morenistas. Morena, desmoronado, se desplomaría. Por ahora, ella y él se “salvan”. Dejando a Morena a la deriva. Sálvese el que pueda.

La presidenta está resuelta a mantener esa insostenible posición. Pero no es el caso de Trump. Sus cuerpos de seguridad entrarán a nuestro territorio por los narcopolíticos. Sea quien fuere. Esté donde esté, será puesto en el banquillo de los acusados en algún lugar de la Unión Americana. En ningún momento AMLO estará exento de verse vestido de anaranjado.

Lo ha advertido el presidente norteamericano. Y de ahí para abajo, todo importante colaborador que tenga que cumplir alguna función para garantizar la seguridad de Estados Unidos.

El lunes, tras la sentencia a cadena perpetua dictada contra “El Mayo” Zambada, uno de los criminales más importantes tolerados interesadamente durante varios gobiernos, pero en particular por el de AMLO, el director de la DEA, Terry Cole, no dejó lugar a dudas. Vendrán por los políticos que han apadrinado a los jefes de los cárteles. El ex presidente es el principal.

La caída de este, que Sheinbaum ha querido evitar otorgando concesiones inimaginadas a Washington, en todo caso, prefigura un cataclismo inevitable para Morena:

1.- La caída, por cualquier medio, de Rubén Rocha Moya, Marina del Pilar Ávila, Américo Villarreal, Alfonso Durazo, Mario Delgado o algún otro pez gordo en manos de Estados Unidos, sería un bombazo en la línea de flotación para Morena. Se aceleraría el hundimiento en el que ya se halla ese partido por las corruptelas, mentiras y traiciones de su élite.

2.- La indetenible. Reiterada publicitación de las acusaciones de nexos de esos y otros personajes con el crimen organizado a lo largo de un año; es decir, hasta las elecciones de 2027, dejará un partido sumamente desgastado. Sus candidatos, algunos incluso sin deberla, pagarán el costo del desprestigio en las urnas. Si piensan arrebatar. Deberán pensarlo bien.

Los sistemáticos daños. Destrozos. Estragos causados por AMLO y Sheinbaum a Morena son ostensibles. Se verán cada vez con mayor claridad. No hay remedio ni vuelta para una certeza ni para un proceso. Lo uno y lo otro, en este caso, desembocarán inexorablemente en la ruina.

La opción que, en definitiva ha tomado Claudia Sheinbaum de defender a AMLO a costa de perder a Morena, es un pésimo cálculo. La animadversión. Desprecio. Rechazo que ya existen contra incontables morenistas por sus malas acciones. Excesos. Desfachatez, son inocultables. Con su decisión, agudiza. Agrava esos sentimientos.

Las críticas. Ofensas. Agresiones que cada día corren con más intensidad y velocidad en las redes sociales contra su gobierno y contra ella, podrán no verse en la magnitud que se percibirían en los medios tradicionales, pero tienen un peso específico imposible de ignorar. Representan un claro. Imparable disenso.

Frente al descrédito que Andrés Manuel López Obrador dejó como vergonzoso legado a los morenistas, y que ellos acrecientan impúdica. Alegremente con todos sus actos, no hay mañaneras embaucadoras. Distractoras. Mentirosas. Enlabiadas que valgan. Han sembrado odio. Cosecharán Repudio. Indiferencia.

De las encuestas ordenadas a la carta. De los boots y los rabiosos ataques de seudoperiodistas a quienes no piensan como quien les paga, sólo hay que decir que no son suficientes para hacer pasar al morenismo como quisieran. Lo acompañarán en su recorrido por el desagüe.

Si al ex presidente y a la presidenta no les importa el tamaño del desprestigio que los cubre ahora. Ni el que los condenará y los perderá en lo más negro de la Historia, a Doland Trump, tampoco. Por él, pueden desbaratar a su partido. Y condenarse… a sí mismos.

Línea de Fuego

Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California, puede decirse engañada; declararse inocente; rechazar la autenticidad de las grabaciones en las que se muestra dispuesta a colaborar con Estados Unidos mediante la aportación de información sensible relacionada con la seguridad de la Nación con tal de recuperar su visa y no ser extraditada por supuestos delitos relacionados con el narcotráfico. Pero no conseguirá lo uno. Ni podrá evitar lo otro. Para tender cortinas de humo y tratar de encubrirla, el gobierno capturó y encarceló al ex gobernador de esa entidad, Ernesto Ruffo Apel. Lo exonerará o lo condenará, pero “la Pilarica”, como le dicen, no tiene escapatoria…Claudia Sheinbaum se ufana de haber platicado “sobre comercio” con Donald Trump durante su visita a Nueva York, pero ¿qué podrían haber acordado sobre un tema tan amplio y tan complejo en apenas unos minutos? ¿No sería que en ese tiempo sólo le anunció las acciones que vienen contra los narcopolíticos? ¿No sería también eso sobre lo que Marco Rubio previno al titular de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, quien intentaría disfrazarlo con la foto en la que ambos sonríen como si fueran grandes amigos y las relaciones entre sus países fueran inmejorables? Lo que debería hacer ese funcionario, es aprender el protocolo diplomático y enseñárselo a su jefa para que aprenda cómo moverse en el ámbito internacional y no dar espectáculos lamentables… ¿Podría alguien creer que Ulises Lara, titulado como abogado en 24 horas por una escuela gansito, renunció a la Fiscalía Especial en Investigación de Asuntos Relevantes de la FGR por motivos personales? Hay quién está dispuesto a demostrar que su fulminante cese obedeció a enjuagues y deslealtades. Ese asunto dará mucho de qué hablar todavía…La dinastía Monreal se alarma cuando se consuman crímenes como el del fin de Semana en Zacatecas. Al gobernador ya se lo advirtieron. En ese ambiente, las traiciones se pagan con sangre. Con la vida.

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