St. John´s —en la Isla de Terranova— fue nuestra sede. Un internado sin alumnos se convirtió en el centro de concentración de cuatro selecciones que compartimos grupo. Soviéticos, nigerianos, bolivianos y mexicanos, nos veíamos las caras en los pasillos, jardines y espacios para comer. Prácticamente no había convivencia entre nacionalidades, pero —al cabo de pocos días— nos ubicamos físicamente por apodos que cada equipo “bautizaba”: El Chernobyl, el Chino Boliviano o el Cachirul Barbón de Nigeria. Probablemente, ellos también nos pusieron apodos, pero después las pocas muestras de amabilidad se transformaron y aquellos que uno veía con curiosidad por saber su nivel de juego, adquirían velocidad, fuerza, mañas y defensa de su propia patria.

Cada vez que se disputa una nueva Copa del Mundo Sub-17, me es irresistible recordar aquella participación en Canadá 1987, con una Selección Mexicana plagada de cachirules que ni así trascendió.

Menos de dos años después, nuestro país fue sancionado —justamente— por utilizar jugadores con edades alteradas. Dos años fuera de toda competencia internacional sirvieron para hacer las cosas bien, para tener oportunidad de formar futbolistas competitivos de 17 años, y no únicamente superar la fase de grupos en los Mundiales, sino llegar a cuatro finales Sub-17 y ganar dos.

Actualmente, en Indonesia, se lleva a cabo esta Copa Mundial, con Brasil campeón y México subcampeón en la edición 2019. Por lo general, los directores técnicos no repiten ciclos. Esto impide asegurar el éxito de la siguiente generación, porque —además— los futbolistas a esa edad son impredecibles, poco constantes en su rendimiento y, aunque son los mejores del país a los 17 años, la gran mayoría no logrará consolidarse en Primera División. Ser potencia un año no significa serlo dos años después en el mismo deporte.

Hoy, Raúl Chabrand es el responsable de conducir a este nuevo grupo de futbolistas que carga con el enorme peso de sus muy exitosos antecesores. Perdieron en su debut (3-1) ante una selección que nunca antes derrotó a México en la categoría: Alemania. En su segundo partido, enfrentaron a Venezuela. Con un hombre más y la ventaja (2-1) hasta los últimos minutos, terminaron cediendo el empate. Este fin de semana se juegan la posibilidad de seguir con vida; enfrentan a Nueva Zelanda.

Veintiséis años después de nuestra participación en Canadá ‘87, el futbol mexicano Sub-17 ha evolucionado enormemente. La estructura de la Liga MX y la FMF tienen torneos y Selección Sub-13, Sub-15 y, al llegar a Sub-17, la mayoría cuenta ya con un número significativo de partidos.

No tengo la menor duda de que dentro de aquel grupo había futbolistas de las cuatro nacionalidades mucho mayores que el límite permitido. Lo cierto es que nos goleó 6-0 la URSS, aunque ganamos 1-0 a Nigeria. Ambos disputaron la final y definieron en penaltis. En ese entonces, nos parecía lejano llegar siquiera a una semifinal.

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