Corría el año 2007. Recién llegaba a los Estados Unidos, y prácticamente todo era nuevo. Era un reto.
Y si bien en Miami mayormente se habla español, el hecho de dejar casa, familia y cuatro décadas vividas en la capital mexicana, no es algo sencillo. De hecho, es muy duro. Como todo mexicano que llega a los Estados Unidos buscando un sueño, la pasamos muy mal. Y algo que paradójicamente me quitaba ese sueño era el estatus migratorio.
Viví como todos mis paisanos el miedo a la “migra”. A pesar de que mi fe en Dios es gigantesca, tuve dudas, incertidumbre, miedo y ansiedades. Mismas que desaparecían al abrazarme a mi familia y a mi Dios.
Debo reconocer —a casi 20 años de mi llegada a mi hoy país adoptivo— que sin el amor, apoyo y valentía de Laura y mi hijo Ernesto, no hubiera sido posible decir orgullosamente quesoy mexicano por nacimiento y estadounidense por elección y adopción.
Les cuento esto porque inmerso en los retos y adversidades de adaptarse a un nuevo país y su sistema, algo que a la distancia me hacía sentir seguro y a la vez me transportaba a México, eran los partidos del Atlante y el boxeo sabatino que yo narraba desde los estudios de Caribevisión ubicados en el Doral en Miami, Florida.
Aunque suene extraño, recuerdo perfectamente que —en el baño de la televisora, donde di mis primeros pasos televisivos de este lado— directamente y mirándome a los ojos, Alejandro “El Güero” Burillo me dijo lo siguiente: "Te encargo mucho que hagas buen trabajo con mis Potros”.
Basta decir que se me cayeron los pantalones por la directa encomienda, pero afortunadamente, todo salió bien con las transmisiones. Incluso, recuerdo aquella final que narré cuando se coronaron ante los Pumas en el Estadio Andrés Quintana Roo, por cierto, dejando en el camino a mis Chivas en semifinales. Todavía conservo un balón firmado por todos los jugadores de aquel glorioso Atlante y un suéter del portero Federico Vilar.
Si siguen leyendo mi columna, seguramente se habrán preguntado dos cosas: ¿no es una columna de boxeo? ¿Cuándo va a hablar de Canelo?
Pues ahí les voy…
En Caribevisión se narraba un fin de semana al Atlante y otro fin de semana boxeo en un serial llamado “Furia en el ring”. Ahí, la estrella de esa serie boxística era un tapatío pelirrojo llamado Santos Saúl Álvarez Barragán.
Hoy, a ese niño que peleaba con adultos, se le reconoce a nivel mundial como el "Canelo". Él, como todos, empezó de cero de la mano de José “Chepo” Reynoso y su hijo, Eddy Reynoso. Juntos literalmente han conquistado todo en el boxeo: cuatro divisiones, fueron nombrados entrenador y peleador del año, además de haber logrado conquistar de manera indiscutible en dos ocasiones la división de las 168 libras.
Hoy puedo decir con orgullo que he cubierto la carrera de Saúl desde sus inicios y aún, hoy en día, no logro entender a la gente que no solo no reconoce al campeón tapatío, sino que de manera sistemática buscan denostar, descalificar y pegarle por pegarle a un legado que está blindado por la gloria deportiva.
No hay comentario alguno que desaparezca carreras y destruya legados. Sin embargo, hay maderas que no agarran barniz, y algunos optaron por el camino de criticar para ganar popularidad y vistas, cayeron muy bajo.
Todos aquellos que pegaron por pegar, quedarán en el olvido, pero la carrera del "Canelo" será contada incluso por los nietos y las generaciones venideras de sus mismos detractores.
La pregunta final es: ¿qué van a hacer cuando "Canelo" se retire?







