La noticia fue un balde de agua fría para las finanzas del país: la agencia S&P si bien mantuvo sin cambio la calificación soberana de México, cambió la perspectiva de estable a negativa.

El tema es de sumo delicado, sobre todo porque el actual gobierno está pasando por una severa crisis en su relación con el gobierno de Estados Unidos, justo en el preámbulo de la negociación del TMEC.

El hecho de que la calificación crediticia del país sea negativa responde a un muy mal manejo de las finanzas públicas, pero sobre todo, de no querer aceptar que la forma en que se está administrando Pemex es errónea.

En ese sentido, la misma calificadora, S&P Global Ratings revisó de estable a negativa la perspectiva de calificación crediticia de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, una calificación que ocurre por primera vez en casi cuatro años y que refleja el deterioro de la perspectiva económica del país.

Atrás quedaron las promesas de crecimiento económico que durante los últimos siete años nos han dicho. Lo mismo que la promesa de que la gasolina iba a costar 10 pesos. Pura venta de ilusiones que tarde o temprano se topan con la realidad.

No pasaría nada si quedara en una declaración más de las mañaneras o en el comentario de alguno de los voceros oficiales. Pero no. La realidad es que estamos hablando del futuro del país, que es responsabilidad del gobierno federal.

Pero no es una sorpresa. Desde hace tiempo sabíamos que esto podia ocurrir. Llevamos años sin crecimiento económico, sin inversiones importantes que generen mas empleos. Al contrario, ya comienzan a irse importantes capitales y los grandes inversionistas extranjeros comienzan a demostrar cautela, lo que no es una buena noticia para nuestro país.

Y si a eso le agregamos un contexto internacional complejo, con conflictos como el del Medio Oriente que impacta en el mercado mundial de los energéticos, estamos ante el coctel perfecto para generar una crisis económica como hace muchos años no se ha presentado en nuestro país.

Le advertimos desde que inició el actual gobierno. Se aprobaron reformas que no iban a generar confianza a los grandes capitales. Sobre todo la reforma judicial, que no da certidumbre jurídica, y menos con la falta de rigor jurídico con el que se han aprobado algunos asuntos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Lo que debe quedar claro que no es una sorpresa. Ya sabíamos que esto iba a pasar. Y ahora la recesión es una realidad.

Desafortunadamente esto golpea directamente a todos en los bolsillos. Porque ya los precios de la canasta básica se han incrementado demasiado, basta con ir a cualquier mercado para comprobarlo.

Ahora el reto del gobierno es aceptar que hay una recesión, y que además está gastando mucho y mal, como lo hizo con el Tren Maya o la Refinería de Dos Bocas.

No son tiempos de bonanza, al contrario, habra que tomar decisiones aunque sean dolorosas, pero aceptando que la situación económica es resultado de malas decisiones. Y comenzar a enderezar la economía. Porque estamos viendo que no todo son programas sociales como se imaginaban.

Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN.

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