Vivimos desde hace meses en un gasolinazo permanente. En esta semana, el costo promedio de la gasolina magna fue de más de 23 pesos por litro, mientras que la gasolina premium superó los 28 pesos por litro, al igual que el diésel. Y todavía recordamos cómo el expresidente López Obrador en su campaña por la presidencial prometió que la gasolina costaría 10 pesos el litro; nada más alejado de la realidad, pero, sobre todo, una promesa realizada con demasiada ligereza.
Estamos en el segundo gobierno de Morena y los precios de los combustibles siguen al alza. Por supuesto que se entiende que hay factores como la guerra de Estados Unidos con Irán, pero eso es algo que apenas tiene unos meses, mientras que el aumento de la gasolina en México lleva varios años.
Ya es una situación que está afectando de manera muy grave a la economía. No hay modo en que ya no pueda el gobierno de Morena seguir buscando pretextos para tratar de engañar a la gente de la situación económica por la que está atravesando el país.
Es un tema que ya pasó a afectar directamente el bolsillo de las familias mexicanas, porque están subiendo los precios de los productos y servicios, aumentando el costo de la canasta básica. Basta ir a cualquier mercado para ver cómo todo está más caro, lo que golpea de manera directa a la mayor parte de la población.
El expresidente decía que era muy fácil refinar gasolinas; si así fuera, el costo de los combustibles no se estaría encareciendo. Construyeron una refinería que tiene siniestros de manera casi permanente. Dos Bocas, ubicada en Tabasco, se anunció como el gran proyecto que le daría al país autosuficiencia en la producción de gasolina al país, con un proyecto que tendría un costo de 8 mil millones de dólares y se construiría en 3 años.
Finalmente, con un sobreprecio que fue de más de 20 mil millones de dólares y después de 5 años de construcción, se puso en marcha, pero la promesa de producción está muy lejos de alcanzarse. Al contrario, las noticias que tenemos de manera constante de Dos Bocas es que se inunda o se incendia, por lo que es una bomba de tiempo para los pobladores de esta región.
Resultaba muy fácil hablar de soluciones mágicas desde la oposición, pero en los hechos la mal llamada Cuarta Transformación ha resultado un fracaso para la economía y el crecimiento de nuestro país. La realidad es que no saben gobernar ni administrar, por eso ahora tenemos que pagar una gasolina muy cara, pero también seguir viendo cómo cada vez que vamos al supermercado todo está más caro.
Y la solución no es poner mantas en las gasolineras con la frase “no cargues aquí, se vuelan la barda con los precios”. El aumento del costo de la gasolina no es culpa de las gasolineras, ellas sólo distribuyen los combustibles. El responsable de su aumento es el gobierno, que siempre trata de encontrar a un culpable de sus errores.
Ahora nos toca a todos pagar, pero esta situación nos debe servir de lección para no caer tan fácilmente en promesas que de antemano sabemos que no se pueden cumplir. Esos cantos de sirenas populistas que prometen hasta lo imposible para llegar al poder, como lo fue la promesa de que la gasolina iba a costar 10 pesos el litro.
Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN

