Es la playera que nos une más allá de ideologías y posturas políticas. Es la ola verde que nos hace pararnos y sentir esa emoción de ver a la selección nacional en el campo de nuestro histórico Estadio Azteca. Es cantar todos juntos el himno nacional y vibrar de emoción por el orgullo de ser mexicanos. Son 90 minutos de fervor.

Hora y media que dejó atrás los bloqueos que han desquiciado a la Ciudad de México las últimas semanas, las interminables obras del aeropuerto capitalino, las inundaciones en avenidas principales de la capital del país, las acusaciones a políticos desde los Estados Unidos, por mencionar algunas cosas.

Hace días, la polarización social permeaba en el ambiente. Esa dinámica de confrontación que desde el sexenio pasado todos los días nos divide en “fifis” y “chairos”, dividiéndonos de manera irresponsable sin importar el costo social que eso representa.

Pero finalmente llegó la fecha y el balón comenzó a rodar, para ser testigos de dos goles con los que la selección nacional comienza con el pie derecho su participación en esta contienda deportiva.

Atrás quedó la división, las diferencias no estuvieron presentes durante el partido de futbol y todas y todos celebramos emocionados hermanados por la playera que se multiplicó por todas partes del país.

La participación de México en las copas mundiales siempre ha sido motivo de emoción para el país. Desde 1970, cuando fue por primera vez sede mundialista y en la sociedad tenía fresca la herida de los sucesos de 1968. Y qué decir de 1986, la gran fiesta internacional del futbol que mostró a todo el mundo la fortaleza de un país que había sido azotado nueve meses antes por un fuerte terremoto.

En ambas ocasiones el entusiasmo y la fortaleza de nuestro pueblo demostró su capacidad de resiliencia, pero sobre todo, de unión para salir adelante de cualquier adversidad, por grande que esta sea.

Ahora, en el 2026, nuevamente somos anfitriones de la máxima competencia mundial del futbol y la situación de México es compleja, en medio de una recesión económica, con protestas sociales de diversa índole y un escenario político cada vez más confrontado.

El pasado jueves la algarabía de la gente, el festejo en el Ángel de la Independencia, las calles del Centro Histórico llenas de gente con sus playeras de la selección, al igual que en las proyecciones públicas del partido de la Selección Nacional en municipios gobernados por distintos partidos políticos; en todos lados quedó claro que nadie es dueño absoluto de México.

Así que es momento de hacer todos una reflexión personal y tomar ese espíritu que nos une en cada Mundial para unirnos, para caminar hacía un futuro que siempre será incierto, pero que juntos estoy seguro que construiremos un país cada vez mejor para nuestros hijos.

La fuerza de México somos la suma de todas y todos los mexicanos. Lo importante es que no sea sólo por estos días. Que sea la inspiración que nos permita estar juntos sin importar ideologías o posturas políticas. Que sea la fuerza de la famosa ola verde la que nos impulse. Y que las estrofas de nuestro himno nacional que cantamos con tanta fuerza y orgullo nos mantengan siempre unidos, no sólo 90 minutos.

Senador de la República y Vicecoordinador del Grupo Parlamentario del PAN

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