No hay vuelta atrás. Está decidido. El gobierno no entregará a Rubén Rocha Moya. Lo seguirá encubriendo. A cualquier precio. Que pague el país. Millones de mexicanos.
Esa decisión de Claudia Sheinbaum se evidenció clara. Rotunda. Inequívocamente a lo largo de los últimos días. Tomó partido por los criminales.
En lugar de ver por México, que es su obligación en todos los sentidos, se ha inclinado específicamente, por lo pronto, en favor del ex gobernador de Sinaloa y su banda preliminar de nueve de sus ex funcionarios.
Claudia Sheinbaum ha creído que su cabeza fría, a la que recurrió para llevar la relación del país con Estados Unidos al principio del segundo periodo de Donald Trump, no le da mucho rédito. Piensa que puede conseguir más pasando de la defensiva a la ofensiva.
Su cabeza fría de meses atrás, que podría interpretarse como prudencia. La virtud máxima del político, la ha llevado a su antítesis. Incluso la convirtió en temeridad. Insensatez. Atrevimiento. No obtendrá ni ganancia ni victoria.
Pasar de la defensiva esgrimiendo la política. El Derecho. La diplomacia. La negociación. El acuerdo, a la ofensiva negacionista. Demagógica. Sin argumentos. Capacidades. Oportunidad de imponer una visión, un interés, un criterio, es un desplante audaz. Una osadía. Sin ventaja. Sin futuro.
El intercambio que sostuvieron los gobiernos de Estados Unidos y México sobre el tema que más presiones, amenazas y chantajes ejerce aquel sobre este desde hace meses, fue claramente definitorio y definitivo.
Aclarado el punto, Donald Trump debe saber muy bien cuál es el siguiente paso que dará para llevar ante los tribunales a los narcopolíticos mexicanos. No reparará en absolutamente nada para alcanzar esos objetivos.
Alejado de toda norma. Forma. Consideración. Respeto, puede darle un vuelco a la postura de Sheinbaum. En cualquier momento. Por cualquier medio. Con el poderío que tiene su Imperio, es impensable verlo que se doblegue ante alguien.
La cuestión no es qué hará contra los cárteles que gobiernan México, como tantas veces se ha señalado en la Unión Americana por funcionarios de todos los rangos y atribuciones, sino cuándo.
Y también, ¿cómo? ¿Sobre qué estrategia, operación o plan? El tiempo que emplearía, igualmente, es una incógnita.
Por la dimensión. La estructura. El poder que han alcanzado los cárteles. Los medios defensivos. La protección de que disponen. Incluida la información de sus cómplices con cargo público, esa tarea luce descomunal. Susceptible de ocupar bastante personal. Tiempo. Recursos.
En ningún caso se contempla que pudiera ser una guerra. Ni mucho menos una invasión. Imposibilidad. Fantasía ante la cual la presidenta invoca incansable. Infructuosamente su desgastada soberanía como su única “defensa”.
El fin concreto. Único. Irrenunciable de Estados Unidos, son los narcopolíticos. Y para capturarlos, no reparará en nada. Nada lo detendrá.
Por la petición de aprehensión con fines de extradición que formuló hace varias semanas, Rubén Rocha Moya, inexorablemente, será el primero. Si lo protege el Ejército. La Marina. La Guardia Nacional. Cualquier otro cuerpo de seguridad, no tiene la menor importancia.
Asumida la decisión de llevárselo, las fuerzas militar-policiales norteamericanas lo sacarán de su escondite. Así fuere el mismo Palacio Nacional. No hay que olvidar cómo, en el momento que quisieron, fueron por Manuel Antonio Noriega a Panamá. Y por Nicolás Maduro a Venezuela.
Al tener en su poder al exgobernador para llevarlo a juicio. De una u otra manera obtendrán de él valiosa información. Con ella, llegarían más rápido al máximo criminal. El que prohijó. Amplió. Fortaleció a toda la mafia nacional. Andrés Manuel López Obrador, el huachicolero de la política, no tendría escapatoria.
El ex presidente es la presa más preciada y codiciada. Para alcanzarla, Donald Trump ha ido poco a poco. Con la pura advertencia que con certeza deja entrever en las esferas adecuadas, ha obtenido ganancias que sólo quien se las ha concedido sabe qué valor alcanzan.
En esa línea, ha mostrado una paciencia evidente. Ha tolerado los últimos excesos verbales que se le han lanzado a él y a algunos de sus colaboradores desde el Sur. De este lado, el yerro es extraordinario. Del otro, resistir las embestidas mañaneras es una buena táctica para hacer que el enemigo se confíe.
El hilo que Estados Unidos les ha soltado a los morenistas huachicoleros, comenzando por la presidenta, Claudia Sheinbaum, es una trampa en la que, inconsciente. Confiadamente, siguen cayendo. Tarde o temprano se ahorcarán con él.
Alfonso Durazo. Américo Villarreal. Marina del Pilar. Mario Delgado. Otros gobernadores. Incontables diputados. Senadores. Alcaldes. Funcionarios de todos los niveles lo saben. Tienen claro que se conocen sus vínculos, en toda forma y grado, con los cárteles. Les deben puesto y fortuna a quienes los encabezan. Estados Unidos no dejará de tenerlos en la mira.
En lo inmediato, tienen un débil. Tenue. Perecedero consuelo. Claudia Sheinbaum no va a entregar a Rubén Rocha Moya porque sabe que lo seguirían muchos otros. Con su firme postura, pueden librar el riesgo por un poco más de tiempo. Aun así, la guadaña estará siempre sobre su cabeza.
La única razón importante por la que la presidenta no quiere que Estados Unidos toque a Rocha Moya como narcopolítico --sobre quien ha dicho que tiene pruebas irrefutables--, no es otra que evitar el derrumbe de todo el morenismo. Puede negarlo. La realidad la desmentirá.
Salvo en las redes sociales, nadie. En ningún momento ha sugerido. Insinuado. Sostenido versión alguna de que Claudia Sheinbaum haya tenido que ver con el crimen organizado. Sin pruebas, ninguna aseveración en ese sentido sería digna de crédito.
Por lo mismo, resulta inexplicable. Inconcebible. Inaceptable, la posición que asume ante Washington por el caso Rocha Moya. El peso. Carga. Lastre que este representa para su gobierno. Para su partido. Para ella, marcará su sexenio. Su gobierno. Su vida. Su paso a la Historia.
¿Por qué meter las manos al fuego, literalmente, por un sujeto que ha sido señalado enfáticamente como el artífice indirecto de varias gubernaturas para correligionarios –con dinero sucio del narcotráfico–, y de haberse beneficiado personalmente con ese recurso para acceder a la de Sinaloa?
¿Cuáles son los compromisos, juramentos, promesas, deberes, que obligan a la presidenta a tomar posición abierta, declarada y reiterada por una persona a la que se señala como presunto criminal?
La “defensa” que ella y sus colaboradores han hecho del ex rector de la UAS, se ha basado en su palabra. Idea. Convicción. Camaradería. Sin ningún fundamento, investigación creíble, ni prueba, han dictado su sentencia: es inocente. Sin más. Como si la sociedad no pensara. No viera. Como si fueran dignos de crédito.
Lo que se percibe nítidamente en este caso, es que la prioridad de la presidenta no es la sociedad. Ni siquiera los millones de electores que la llevaron al poder. De los que no votaron por ella ni hablar.
Por encima de ellos, que hacen la casi totalidad de la población, está única y exclusivamente la cúpula. La élite de su partido. Los jerarcas. Y es creencia colectiva. Arraigada. Generalizada, que Andrés Manuel López Obrador, el huachicolero de la política, los liderea a todos.
En esa absurda. Obtusa. Obsesiva. Peligrosa “defensa”, que apunta a ser totalmente inútil, la presidenta coloca irreflexiva. Irresponsable. Inmoralmente al país en grandes. Insospechados. Terribles riesgos y consecuencias, capaces de impactarlo. Dañarlo. Lastimarlo gravemente en muchos aspectos.
Y eso, sea vea por donde se vea, es del todo reprochable. Reprobable. Inadmisible. Salvar a unos cuantos, reputados como delincuentes, es realmente suicida. Enfrentar la iracundia. Intereses. Motivaciones. El poder de Estados Unidos, es dar un paso al vacío. Lanzarse al abismo.
Y a eso nada, nadie, señora presidenta, le da ni le dará derecho. La dimensión de esa deslealtad a México está cerca. Es fronteriza. Colindante… con la traición.
Línea de Fuego
¿Para quién trabajaba Ken Salazar cuando fue embajador de Estados Unidos en México? ¿A quién debía informar lo que supiera? ¿Al gobierno que representaba, o a al nuestro? ¿Le pagaban allá o acá? Es claro por qué no habría tenido información sobre la extracción de “El Mayo” Zambada si no salía de Palacio Nacional. Ningún empleado que rinde cuentas a otro patrón es de confiar. Quienes extrajeron al criminal, habrían tenido el cuidado de no comentarlo con el diplomático por el fundado temor de que cometiera una infidencia, corriendo ante López Obrador para ponerlo al tanto. ¿Qué hubiera hecho este, si descaradamente ha confesado que ordenó la liberación de Ovidio Guzmán cuando estaba detenido?... El regreso del Chango León a la presidencia del Senado es improbable hasta para él. Mas, empecinado en alcanzarla, dicen sus mensajeros, empezará a amenazar con dejar el partido. Le haría un favor. Nadie recogería esa basura… ¡Qué difícil! ¡Qué mal!, para la presidenta, que la oposición toda no se sume a su llamado a solidarizarse y unirse en defensa de nuestros connacionales, víctimas de los ataques de ICE en la Unión Americana. No es fácil apoyarla, después de tantos agravios que su antecesor y ella misma le han enderezado…No es una sorpresa que las autoridades electorales estén dejando pasar y hacer todo a decenas de desesperados politicastros venales de Morena y de otros partidos que están en plena “campaña” con el fin de convertirse en candidatos a puestos electivos. Esa, es la más ominosa señal de que el fraude en las urnas en 2027 será seguro. Será abierto, declarado y descarado… Despistados o interesados; inocentes o ignorantes. O simplemente traidores, quienes entregaron a Estados Unidos al piloto que tripuló la nave en la que “El Mayo” Zambada fue extraído. La lealtad que reclamaba AMLO a los morenistas por encima de la preparación para ejercer un cargo público, hace agua por todos lados. Por eso, Claudia Sheinbaum no lo sabe todo. No es la persona mejor informada sobre lo que ocurre en el país, como antaño era propio de los presidentes… ¡Cómo Ruth González no cuidaría SLP como si fueran sus hijos, como dice su esposo, Ricardo Gallardo, si la familia de ambos se ha apropiado del estado, como dicen tantos potosinos? Lo único que les falta es el título, que seguramente conseguirían si ella fuese la sucesora en el gobierno.

