Son los más firmes impulsores de un candidato capaz de echarlos en 2030. Su obra empieza con la destrucción de sí mismos. Es su desesperación por salvarse.
Las características que, en general, definen a los morenistas, son las taras políticas que su líder se propuso erradicar. Que le sirvieron de trampolín para llegar a la Presidencia.
Andrés Manuel López Obrador juró que en su gobierno no habría robo, traición ni mentira. Perjuró, porque esas son las prácticas. Los rasgos que definen a la mayoría de sus monaguillos. Con honrosas excepciones.
Durante todo su sexenio, los atracos a la Nación se dieron en dimensiones extraordinarias. Desmesuradas. Excepcionales. Se normalizaron. Se institucionalizaron. La corrupción alcanzó niveles nunca vistos.
Al huachicolero de la política --la rebajó en grado sumo--, no se le puede imputar enriquecimiento personal. Pero en su gobierno, como en ningún otro, se dio al por mayor entre los suyos. A los ojos de todos. Y lo toleró.
López Obrador podrá no ser responsable directo de la prevaricación. Pero es absolutamente culpable de no haber evitado los incontables. Cuantiosos asaltos a las arcas de la nación.
Nadie lo condenará por una falta de mano. Voluntad, beneficio propio. Como tampoco nadie lo exculpará de no haber impedido que decenas. Cientos, por no decir todos los morenistas, bolsearan. Defraudaran. Atracaran a México.
Lo peor del caso. El tumor de la corrupción lopezobradorista, se dio con sus hijos. Especialmente con Andrés López Beltrán, metido en los negocios más jugosos. Rentables de todo el sexenio. Sus cómplices son ampliamente conocidos. Innumerables medios lo han documentado.
Con la comisión de los delitos y su defensa en el sexenio anterior. Y con su encubrimiento en el actual, no se puede esperar que ese vividor –igual que su padre–, exhibicionista. Despilfarrador. Que ilusamente sueña con ser presidente, rinda cuentas ante la justicia.
Aún con la protección de su progenitor y de la encargada de la Presidencia, no se olvidará todo el mal que ha hecho. Le llegará la factura. La gente, que ellos consideran descerebrada, observa. Reflexiona. Siente y espera.
La sociedad tendrá la oportunidad de demostrarles su desprecio en las elecciones de 2027 y de ratificarlo en las presidenciales tres años más tarde. La derrota que les infligió en Coahuila, donde les arrebató todo el poder, es apenas un adelanto.
Los tomboleros y acordeoneros lo saben. Todos. Sin excepción. En México pueden gozar de total impunidad porque todos. En cualquier medida, son parte del narcogobierno, como Estados Unidos los tiene identificado. Se protegen entre sí.
La cuidadosa observación. El interés que despiertan por sus execrables excesos. Agravios. Abusos. Perjuicios en todos los ámbitos, no pasan desapercibidos. Washington los monitorea en cada uno de sus movimientos. Les tiene documentadas cada una de sus ruindades. Todas sus fechorías
En sus investigaciones han encontrado indicios de delitos qué perseguir. Crímenes qué castigar. En eso está. No se va a detener para llevar ante la justicia a quienes hayan establecido alguna relación con los cárteles de las drogas. Pocos se salvan. Los más expuestos lo intentan con base en sus delaciones.
Algunos son conscientes de sus pecados. Desesperados, buscan contactos en las agencias de seguridad de la Unión Americana. Quieren confesar. Pactar. Convertidos en soplones. Chivatos. Delatores, desean que, en la eventualidad de ser enjuiciados, su penitencia sea lo más considerada y magnánima posible.
El fin de semana, The New York Times publicó:
“Al menos una decena de funcionarios, entre ellos gobernadores y legisladores, se habrían puesto en contacto para hablar de compartir información sobre otros políticos (…) buscan adelantarse a las investigaciones que temen que pronto puedan centrarse en ellos”.
No es difícil identificar a varios que están agazapados. Con su botín “a salvo”. Que no quieren perder.
¿Qué tipo de información podría ser la que provean, que no se relacione con las pillerías que han cometido desde los cargos públicos aquéllos a quienes sin rubor ni reserva denunciarían, habiéndolos llamado “hermanos?
De la nota del diario, uno de los más prestigiosos del mundo, se colige que quienes se están ofreciendo como informantes de crímenes cometidos por otros, es porque tienen evidencias. Tendrían credibilidad. Por “cantar”, esperarían recibir alguna gracia. Una sanción más suave si son extraídos.
En las relaciones que suelen darse entre delincuentes, todos se saben todo. Se solapan. Cubren. Protegen. La iniciativa de algunos de hablar ahora, anularía esa regla. Podría convertirse en una especie de subasta. Una puja en la que unos ofrecen más que otros y cada cual queda exhibido. El sistema morenista quedaría desnudo. Se derrumbaría.
Es eso a lo que tanto miedo le tiene Claudia Sheinbaum. Por eso no se atreve a tomar acción contra ningún gran capo de su partido.
A su antecesor debe aterrorizarle la idea. Sabe bien que, a cambio de salvarse, más de un Judas puede entregarlo. De quien más debe temer ese peligro, es del deleznable. Desalmado Vampiro Tropical.
La red de complicidades que se ha formado entre los morenistas es tal, que muy difícilmente alguno de ellos está exento de sus repugnantes vicios. Involucrar. Ensuciar. Permitir que un gran número se vinculara en acciones ilegales. Delictivas, es la condena que López Obrador no podrá eludir. Tendrá que pagar. Incluso por una posible denuncia de alguno de los suyos.
Para alcanzar ese propósito, el presidente Donald Trump no dudará en apelar a lo que sea. El injerencismo. Intervencionismo. Intromisionismo que le reprocha Sheinbaum, no lo detendrá.
Frente a su decisión de atacar el corrompido, enfermo, tóxico cuerpo-ambiente político del país, no importa que ella sepa o no sepa algo sobre los delatores que refiere el Times. Su negacionismo. Su repulsa, como el de la lideresa de Morena, deben tenerlo sin cuidado. El proceso que ellas tratan de atajar con su falacia y su verborragia, es incontenible.
En el transcurso, la imagen de una y otra. La credibilidad de las dos presidentas se seguirá desgastando. Deteriorando. Su partido continuará hundiéndose en el fango. En el desprestigio de la corrupción, la traición y la mentira.
En paralelo, se va larvando un candidato capaz de echarlo del poder en los años electorales inmediatos. Las condiciones, ostensiblemente, se están dando día con día. Las mañaneras. Las encuestas. Los boots, no alcanzan para ocultarlas.
Claudia Sheinbaum y Ariadna Montiel, Andrés Manuel López Obrador y todos los morenistas desbocados, tienden a convertirse más ostensiblemente en enemigos de la sociedad. Y, con ello, en promotores involuntarios. Aliados de la oposición. Su irrefrenable declive puede contribuir a que sean echados del poder. Que han creído de su propiedad. A perpetuidad.
El ingrato. Desagradable. Desastroso cuadro para el morenismo se completa con el elemento de que la sucesión presidencial del sexenio siguiente empieza desde que hay candidato-presidente en la del momento.
Esta vez no es la excepción. Los usos y las costumbres del PRI se han mantenido en los partidos que lo han sucedido. Se han acentuado en los morenistas, que navegan con la farsa de la diferencia. Llevan en su ADN el envenenado y venenoso priísmo.
Asumiendo que la próxima elección presidencial apuntara darse en esas condiciones, habría ya un listado de aspirantes del partido del gobierno circulando por doquier. Mas, ni el gabinete. Ni las gubernaturas ofrecen más de dos nombres para aventurarlos en esa misión.
Omar García Harfuch y Marcelo Ebrard podrían ser la excepción. Pero para ellos sus propios compañeros de partido son más peligrosos que los opositores. Si llegase su momento, tendrían en ellos a sus más fieros enemigos. Cual caníbales, los devorarían.
Entre la oposición, hasta el momento, no hay un solo personaje que pudiera perfilarse con fuerza para disputarle con la mínima probabilidad de éxito el triunfo presidencial a Morena. Alejandro Moreno sueña con poder hacerlo. No pasará de ahí. De los políticos de los otros partidos no vale la pena ocuparse.
Así, el potencial competidor con oportunidad de convocar. Sumar. Motivar. Movilizar, Organizar para luchar en todos los frentes y fases de la competencia, está entre ciudadanos identificables por su poder económico.
Ricardo Salinas Pliego es uno de ellos. Está a la vista de todos. Es ampliamente conocido por su activismo en las Redes Sociales. Por ir a la confrontación. Al choque, en nombre, en defensa de sus ideales. Millones de personas lo seguirían en su afán de botar a Morena de la Presidencia. Sobradamente, tiene argumentos con qué dar la pelea.
Hay otra persona con un gran poder económico. Es joven. Preparado. Trabajador. Conciliador. Discreto. Con una gran obra social tras de sí. Es honesto. Reservado. Bienhechor. Solidario. Se ha guardado de exteriorizar sus ambiciones políticas. De tenerlas, se le sumarían hordas de simpatizantes. Despertaría un entusiasmo antimorenista inusitado. Cualquier partido querría postularlo.
Después de tantas decepciones causadas por cuantos presidentes han ocupado la primera magistratura. Necesitado de un líder que le permita deshacerse del lastre que es Morena por la vía pacífica. Racional. Civilizada, el pueblo se entregaría a cualquier de ellos.
La sola posibilidad de que anunciaran su decisión a disputar el máximo poder político del país, aterrorizaría a Morena. A sus líderes más conspicuos. Y muy probablemente miles, quizás millones empezarían a darle la espalda.
Y si en una situación ideal ambos unieran su voluntad. Disposición. Recursos para salvar al país de la pesadilla morenista, un nuevo amanecer. Más brillante. Promisorio. Feliz… aparecería en el horizonte de México.
Línea de Fuego
“Se agotó”. “Ya no da más”. “Se está revirtiendo muy negativamente”, dicen del modelo de comunicación presidencial, específicamente de las Mañaneras, personajes involucrados en esa tarea. Han propuesto un cambio con insistencia. Temen que antes de que eso suceda, sean despedidos… Alejandro Armenta Mier resuelve los problemas de su ámbito para no llevárselos a la presidenta. Es la ayuda que tanto necesita de todos. Que todos deberían darle. El gobernador de Puebla atendió bien y rápido, con recursos de su administración, las afectaciones provocadas por las lluvias recientemente, sin acudir al gobierno federal. Ella se lo reconoció y por eso, le hizo saber que, en caso de necesitarlo, tendrá todo su apoyo. Bien… Democratitis, podría llamarse la enfermedad que ataca a decenas de morenistas que buscan ser candidatos a puestos electivos, sobre todo gobernadores. Esa, es una afección que esperan curar con el presupuesto público y la impunidad… Somos México es uno de los dos nuevos partidos del que, tan solo por su dirigente, Guadalupe Acosta Naranjo, cabe esperar lo mismo que hacen todos: un negocio propio, comentan varios ciudadanos. Está por verse.

