Lo sabía de tiempo atrás. De siempre, siendo presidente. Hoy, debe tener la certeza total de que Estados Unidos lo quiere. Y de que, algún día. Aún con la cabeza fría. Negacionismo. Cobijo de Claudia Sheibaum, se lo llevará.

Una primera parte de esta premisa la confirma el exembajador ese país en México, Ken Salazar, quien, en sus memorias, asegura que Andrés Manuel López Obrador temía que, tras ser capturado hace casi dos años, “El Mayo” Zambada revelara información sobre el narco.

El dato es creíble en tanto que Salazar mantuvo una muy estrecha relación con el ex presidente. Con frecuencia lo visitaba en Palacio Nacional. Se llegó a decir que era el verdadero secretario de Relaciones de Exteriores de México. Lo que supo, seguramente, eran top secret.

Los temores de AMLO, según el ex diplomático, comprendían también el riesgo de que el crimen organizado implicara a funcionarios como parte de sus actividades. Eso involucraría a prácticamente toda la organización. Política. Administrativa. Judicial. De seguridad, morenista.

El que ofrece Salazar es el retrato de un gobierno penetrado. Dominado. Controlado. Sometido por el hampa. Un narcogobierno con status de terrorista. como lo han señalado los más altos funcionarios de la Administración Trump.

Si toda esa estructura de poder estaba entonces. Y está ahora relacionada con el crimen organizado, el huachicolero de la política no puede estar más que aterrorizado. Y con él, la misma presidenta y quienes cedieron a la tentación del dinero que reditúa la criminalidad.

Todos y cada uno de ellos lo sabe. Les debe quedar muy claro que cayendo uno de peso, se producirá el efecto dominó. Y que caerán muchos más. Al grado de que, expuesto. Desenmascarado. Confirmado como partido de élites criminales. Irremediablemente Morena se derrumbaría.

Hoy, López Obrador no detenta ningún cargo. Es un simple sujeto sin fuero. Aunque goza de todas las consideraciones. De la más amplia protección de su heredera, Claudia Sheinbaum. No está a salvo. Ni seguro. Jamás podrá vivir en paz. Ni tranquilo.

En México jamás será enjuiciado. A como se ven las cosas, muy probablemente lo sea en Estados Unidos. Pero si aún allá se salvara. No tiene escapatoria. Recibirá la más dura sentencia. Lo condenará la Historia.

La justicia histórica es sumadamente paciente. Pero no complaciente. Esperará por él. Por los integrantes más conspicuos de su camarilla. El gobierno de Donald Trump puede ordenar en cualquier momento que lo(s) lleve(n) ante la ley. Esté(n) donde esté(n). No hay refugio en el que pueda(n) ocultarse.

Las palabras del jefe de la Casa Blanca confirman una y otra vez ese escenario. Propósito. No es un estribillo. Es su táctica para presionar y adquirir sin costo. Con amenazas. Presión. Chantaje, de que su gobierno emprenderá acciones contra los narcopolíticos, ha obtenido mucho. Si el método le reditúa lo mantendrá. Lo usará al extremo.

“(El gobierno de) México ha perdido el control del país…los cárteles dirigen México”, recalcó la semana pasada en Francia, durante la Cumbre del G7. Podría haberlo dicho para distraer la atención sobre lo que en Irán no ve una clara victoria. No era el foro ni la ocasión para ventilar ese tema. Quiso insistir en lo que tendría decidido para México.

Sus referencias. Percepción. Opinión sobre el gobierno-cárteles mexicanos, es fija. Estable. Nadie podría negarla con argumentos. El crimen organizado es factótum de poder. Es el poder. En muchas regiones del país. Está por encima del poder legalmente constituido.

Es esa la pérdida de control que recrimina. Podría considerársela, incluso, como una entrega. Concesión. Patente. Autorización otorgada. Aumentada. Revalidada por la política de “abrazos no balazos”, que el huachicolero mayor estableció. Normalizó. Institucionalizó, y que Sheinbaum, aún con matices, ha tenido que sostener.

Porque cuanto ha hecho la presidenta no es suficiente, Trump lo dijo sin cortapisas ni matices:

“Ahora nos vamos a enfocar en (las drogas que llegan por) tierra. (Que) llegan a través de México”.

Los elogios. Adjetivos. Reconocimientos del presidente a su homóloga del Sur, que tanto se cree y le hacen creer sus interesados adoradores. Aduladores, no son más que la bonita, pero sarcástica. Burlona. Grotesca envoltura de los peñascos que le lanza. “Es una mujer muy buena, pero está muy asustada”.

Ese miedo es real. Fundado. No es para menos. En la línea antinarco presidencial, el vicepresidente JD Vance fue categórico también la semana pasada: “Estados Unidos se reserva el derecho de emprender una acción militar (contra el narco) en México, en caso de que necesite proteger al pueblo estadunidense”.

Este es un envidiable deber para el poder político norteamericano. Demócratas y republicanos lo asumen como una religión. Donde sea. Mayormente, donde más les convenga. En todos los casos. En cada situación, lo esgrime discursivamente. Es parte de su fuente permanente de legitimación.

En la entrevista que concedió a una televisora, Vance hizo hincapié en el “derecho” que tiene su país de actuar como sea. De modo que si aquí el gobierno invoca. Cree. Espera que haya apego. Observancia. Respeto al Derecho y que se abstendrá de capturar a narcopolíticos, se equivoca. Es la otra parte de la hipótesis de que AMLO ha sido puesto en la mira de tiempo atrás.

Tanta seguridad existe en círculos políticos de allá y de acá, que se da por hecho que el primer extraído será Rubén Rocha Moya. De eso, incluso derivan versiones maliciosas de que, por algún motivo, el ex gobernador de Sinaloa “dejará este mundo”.

Entregarlo a él --o al llamado “Vampiro Tropical”-- conforme a los tiempos de la petición de captura y detención con motivo de extradición formulado por Estados Unidos, cuyo plazo se cumplirá en apenas unos días, tendría consecuencias funestas para todo el morenismo.

La aprehensión de narcocriminales que se propone llevar a cabo Estados Unidos, si México no se los entrega, es una decisión tomada, considerando las declaraciones que casi a diario hacen las voces políticas más poderosas y temibles de ese país.

Sara Carter, la zar antidrogas de quien nadie duda de su determinación para actuar en la vertiente de Trump, ratificó el mensaje del presidente a los narcopolíticos de manera indubitable: “Vamos a ir por ustedes”.

Y también al gobierno de Claudia Sheinbaum le envió un tétrico recado: “Si no cooperan con nosotros, los vamos a atacar y se van a arrepentir”.

La presidenta sabe muy bien que Estados Unidos no se detendrá. Que hará lo que sea contra el Derecho. Diplomacia. Libertades. Tratados. Acuerdos. Ha pisoteado los valores que contienen esos principios. Lo seguirá haciendo cuando quiera. Nadie ha podido ni podrá evitarlo.

En este punto se abre la gran incógnita para la presidenta. Es su Gran Momento. Debe tomar la decisión que marcará su desempeño. Su sexenio. Su vida. Su llegada a la Presidencia en 700 años de Historia en que México ha sido gobernado únicamente por hombres.

¿Optará por el todo, que es México, o se inclinará por la parte, que son los narcopolíticos?

¿Demostrará su lealtad, fidelidad y amor al país, o atenderá y cumplirá posibles compromisos con su antecesor, Andrés Manuel López Obrador y con toda la podredumbre que él representa?

Sea cual fuere la alternativa que elija, se colocará en camino de la trascendencia.

Pero hay una gran diferencia entre trascender entrando por la puerta grande. La del honor. O hacerlo por la puerta chica. La de la ignominia.

La primera la conducirá al lado de los próceres nacionales, de cuya galería López Obrador se autoexcluyó por su nefasto gobierno. La segunda la llevaría, con toda dignidad… a un lugar entre ellos.

Línea de Fuego

El senador morenista, Enrique Inzunza, no sólo tuvo que despedirse de toda posibilidad de ser candidato al gobierno de Sinaloa, sino tomar conciencia de que Estados Unidos le tiene listo un incómodo banquillo de acusado. Por supuestamente tener vínculos con el narcotráfico… Con el ruego de la lideresa de Morena, Ariadna Montiel, para que ninguno de sus correligionarios vaya al futbol pagando boletos de 120 mil pesos, seguro les habrá caído muy bien a los que hacen fortunas con ese espectáculo… Cuanto más ataquen los morenistas a la alcaldesa de Cuauhtémoc, incluso físicamente, Alessandra Rojo de la Vega, más la fortalecerán rumbo a su reelección y, en su momento, a la jefatura de la CDMX. Ojalá que su desesperación no los induzca a cometer una locura… Clara Brugada, a quien atacan furiosamente en las redes sociales diciéndole de todo y nombrándola como Turbia engu(ajoloteada), no tiene qué preocuparse por el resultado de la auditoria que gestionó MC en su contra debido a los recursos que gastó para pintarrajear la Ciudad de México para el Mundial. El resultado, inequívocamente, será favorable para ella. Por “honesta”, naturalmente… Si Morena ha perdido votos-militancia de manera acelerada en meses por culpa de Luisa María Alcalde y el D(Andy) López Beltrán, y nada indica que cambiará esa tendencia, alguien, solo, pronto, tendrá que cerrar la puerta de esa organización identificada con criminales… ¡Qué desgobierno, el de Claudia Sheinbaum, de recibir un pato en Palacio Nacional en vez de atender a las Madres Buscadoras! ¿Será el regreso a, o la presencia simbólica de El Ganso AMLO en el poder? ¿Qué faltó para que colocaran al animal –el ave– en la silla presidencial y le pusieran la banda tricolor?... Con la ultraderecha que sigue llegando al poder, como al domingo en Colombia, con Abelardo de la Espriella, la izquierda oligárquica se va quedando sola en América Latina. Pero la de México, eso sí, buscando hacer negocios con base en el T-MEC. Pretende ignorar que este es puro dinero; puro neoliberalismo, que “odia, pero ama”… "Pathetic cockroach" (cucaracha patética) y "worthless roach" (cucaracha inútil), le dicen a Manuela Obrador Narváez, prima del ex presidente, por los adjetivos que le lanzó al presidente Trump… Desde hace tiempo, Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, hace circo, maroma y teatro para escapar a la persecución que en su contra iniciaron autoridades estadunidenses por los delitos que en su momento le van a imputar formalmente, y que, en ningún caso, le dejarán pasar.

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