Enrique Martínez Moreno
Director General del Instituto Farmacéutico (INEFAM)
Entrar a una farmacia es, para la mayoría de los mexicanos, un acto tan cotidiano como comprar el pan. Pero detrás de ese gesto simple hay un negocio que en dos décadas se transformó por completo: pasó de ser un comercio de barrio dominado por el mostrador familiar, a una industria de 143 mil 503 millones de pesos anuales, con casi 98 mil puntos de venta y 396 mil trabajadores, según los Censos Económicos 2024 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Este desempeño del sector ha sido claramente la respuesta frente a un sector público de salud con crecimiento muy limitado y que ha enfrentado diversos tropiezos para garantizar la atención médica el abasto oportuno de medicamentos necesarios para atender enfermedades de mayor prevalencia en el país.
El dato no es menor. Entre 2003 y 2024, la venta al menudeo de productos farmacéuticos —la clase que agrupa a farmacias con y sin minisúper, y a las tiendas naturistas y homeopáticas— creció a un ritmo quinquenal de 9.4% en pesos corrientes y de 4.8% en términos reales (sin efecto inflacionario).
Para dimensionar ese crecimiento: en 2003 el sector producía 21 mil 558 millones de pesos; dos décadas después esa cifra se multiplicó casi por siete. Ajustado a precios constantes, el tamaño real del negocio se multiplicó por 2.7 veces.

Más tiendas, más empleos, la misma productividad
El crecimiento, sin embargo, no vino acompañado de una revolución en la eficiencia. El número de establecimientos en el país pasó de 47,448 a 97,883 en el periodo señalado —un incremento de 106%— mientras que el personal ocupado casi se triplicó, de poco menos de 150 mil a casi 400 mil personas.
Pero al medir cuánto produce, en promedio, cada trabajador del sector, la cifra prácticamente no se movió: de 265 mil 500 pesos por empleado en 2003 a 267 mil 500 pesos en 2024, en términos reales. El sector ha crecido abriendo más tiendas y contratando más gente, no necesariamente haciendo más eficiente cada punto de venta, situación que se puede asociar al alto grado de competencia con un mercado creciente en alternativas de medicamentos genéricos cuyos precios reales por pieza han bajado notablemente (véase Análisis integrado del Mercado farmacéutico) y por lo tanto la generación de valor enfrenta retos importantes en el segmento con claros beneficios a la población al existir mayores alternativas para los distintos bolsillos.
Ese patrón se agudizó en los últimos años. Entre 2018 y 2024, mientras la producción real avanzó 34% y el empleo se disparó 35%, la inversión total del sector observada en 2024 fue negativa (-3,668 millones de pesos), que implica una serie de ajustes para enfrentar condiciones del mercado que y lleva a este sector a la generación de servicios médicos y diagnóstico, fenómeno que los analistas atribuyen a procesos de consolidación entre cadenas con consultorios médicos aledaños y con esfuerzos notables para competir en canales digitales para hacer llegar los medicamentos a los pacientes.
Tres modelos de negocio, tres velocidades distintas
El Censo distingue tres formatos dentro del sector, y sus diferencias son reveladoras:

La farmacia tradicional —la que todavía identificamos con el mostrador y el farmacéutico— sigue siendo el corazón del negocio, con casi dos terceras partes de las ventas ( 64.7 mil establecimientos). El formato con minisúper, en cambio, genera más de una cuarta parte de la facturación con apenas 12 de cada 100 tiendas (11.8 mil puntos), lo que confirma que se trata de establecimientos de mayor tamaño y escala. Y es precisamente en este segmento donde ha ocurrido cambios en inversión o desinversión relevantes, que es una clara señal que algo se está reacomodando entre las cadenas que apostaron por el modelo de "farmacia-tienda de conveniencia".
El tercer formato, el de productos naturistas, homeopáticos y complementos alimenticios, con 21 mil puntos de venta —uno de cada cinco establecimientos— participa solo con 9.1% de la producción total en 2024 y se caracteriza por su menor productividad por trabajador, reflejo de un universo de miles de negocios particulares que son aún de baja escala.
La geografía del mostrador
No todo el país compra medicinas de la misma manera. La Ciudad de México y el Estado de México concentran, juntos, una cuarta parte de toda la producción del sector, seguidos por Jalisco, Baja California y Veracruz. Entre las diez entidades más importantes se reparte el 64% del negocio nacional; las 22 restantes compiten por el 36% que queda.
Pero al desagregar por formato aparecen historias distintas. La Ciudad de México, por ejemplo, concentra el 23% de todo el mercado naturista y homeopático del país —casi el doble de su peso general—, reflejo de un consumidor urbano más inclinado al gasto en bienestar y medicina alternativa. Baja California, en cambio, es la entidad líder del formato con minisúper, con 13% del total nacional, un patrón asociado a la dinámica fronteriza y a una mayor penetración de formatos de conveniencia en el norte del país.
Un gigante fragmentado
Quizás el dato más revelador para entender la competencia en este mercado es este: 92 de cada 100 farmacias del país son micronegocios de menos de 10 trabajadores. Empero, esas decenas de miles de pequeños puntos de venta apenas concentran la mitad de la producción total, mientras que los establecimientos con 11 o más empleados —con menos del 8% de las unidades— generan más del 49% del negocio.
Ese contraste retrata la convivencia, cada vez más tensa, entre tres tipos de jugadores: las grandes cadenas nacionales —como Farmacias del Ahorro, Farmacias Similares, Farmacias Guadalajara o Benavides—, que operan predominantemente bajo el modelo tradicional (con una porción importante con formato de “minisúper) y con presencia en prácticamente todo el territorio; las cadenas regionales y de conveniencia, concentradas en estados fronterizos y del centro-occidente, que están detrás del “boom” del formato con minisúper; y un ejército de farmacias independientes (familiares) y tiendas naturistas, que sostiene buena parte del empleo del sector pero opera con la menor productividad de los tres segmentos.
¿Hacia dónde va el negocio?
El comercio al menudeo de productos farmacéuticos ha escalado con fuerza dentro de la economía mexicana: pasó del lugar 73 al 49 entre todas las actividades económicas del país en términos de producción bruta. Pero, paradójicamente, perdió terreno dentro del propio comercio al por menor, donde cayó del segundo al cuarto lugar —prueba de que otros negocios minoristas, como las tiendas de autoservicio o de combustibles, están creciendo todavía más rápido.
La fotografía que deja el Censo 2024 es la de un sector maduro, rentable y en expansión constante, pero también más atomizado y con señales de reacomodo en cuanto a inversiones en el formato de minisúper y servicios médicos, con una brecha de productividad que no se cierra y una competencia cada vez más marcada entre cadenas nacionales, jugadores regionales y el pequeño negocio de la esquina con enorme presión en precios. En los próximos años, quien resuelva mejor esa tensión —escala versus cercanía, inversión versus atomización, diferenciación por servicios y digitalización— tendrá la última palabra en uno de los mostradores más visitados de México.
Fuente: Comercio al por menor de productos farmacéuticos y naturistas (Clase SCIAN 46411 Censos Económicos, INEGI). Análisis 2003-2024: Instituto Farmacéutico (INEFAM).
Director General del Instituto Farmacéutico (INEFAM)
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