El pasado 17 de abril de 2026, se publicó el decreto que crea el Servicio Universal de Salud (SUS) de México, que implica la promesa de un cambio estructural que está por verse. La reforma no crea una nueva institución, sino un marco obligatorio de integración entre las instituciones públicas de salud ya existentes: IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar, hospitales de PEMEX, los Institutos Nacionales de Salud y los servicios estatales que decidan adherirse.

El SUS mexicano tiene en Brasil casi un homónimo —el Sistema Único de Saúde (SUS)— fue inscrito en la Constitución de 1988 con el mismo ideal: “universalidad y gratuidad”. Casi cuatro décadas después, el caso brasileño se dibuja como una historia de éxito y como una advertencia de los riesgos que enfrenta un sistema universal de salud que no se financie adecuadamente ni se gobierne con claridad.

¿Qué es el SUS mexicano y en qué consiste?

De acuerdo el SUS se define como un "mecanismo obligatorio de coordinación e integración operativa (“Rede integral e integrada”) entre las instituciones públicas federales que prestan servicios de salud y que forman parte del mismo, y de los servicios de salud de las entidades federativas que se adhieran a este". Esto es, cada institución pública de salud debe compartir infraestructura, servicios y, eventualmente, pacientes, bajo reglas comunes de intercambio y compensación financiera.

Intercambio de servicios con compensación financiera. Si un paciente del IMSS es atendido en un hospital del ISSSTE (o viceversa), la institución de origen compensará a la que presta el servicio. La Secretaría de Salud, IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar y PEMEX, con aprobación de Hacienda, definirán los mecanismos de compensación.

Principios rectores. Acceso universal debe ser progresivo, efectivo, oportuno, continuo, de calidad y sin discriminación; mejor aprovechamiento de la infraestructura existente; coordinación permanente apoyada en herramientas digitales (expediente clínico electrónico interoperable).

Tecnología como acelerador. Una ventaja crucial respecto a reformas anteriores es la digitalización, los expedientes electrónicos y los sistemas de información permiten homologar procesos desde mecanismos centrales, generando economías de escala sin necesidad de descentralizar operativamente. Por supuesto, está latente que ocurra en próximos años.

Lo que NO incluye el SUS (al menos inicialmente)

  • No fusiona ni elimina instituciones; cada una mantiene identidad, trabajadores e instalaciones propias. 
  • No permite elegir sistema a voluntad sin seguir el flujo de referencia, que en todo caso comienza en la institución origen del paciente. 
  • No incluye a las Fuerzas Armadas (sistemas cerrados especializados). 
  • No cubre urgencias "sentidas" (percibidas como urgentes, pero médicamente no clasificadas como tales) en instituciones ajenas; deben atenderse en primer nivel del sistema propio. 
  • No hay más presupuesto, lo que podrá ser una severa barrera para la compensación entre las instituciones debido a sus diferencias en cartera de servicios médicos. 

Cronograma de implementación

Año Hitos Principales 
2025–2026 Credencialización universal; discusión de reglas entre instituciones; establecimiento de sistemas digitales 
2027 Apertura para urgencias/emergencias de cualquier derechohabiente; código infarto, código cerebro, inicio de intercambio de servicios especializados (diálisis, mastografías); consultas de padecimientos agudos en primer nivel 
2028 Acceso a segundo nivel en cualquier sistema; referencia completa entre instituciones 
2029 Consulta de especialidad y hospitalización en sistemas diferentes al propio 

Beneficios concretos para el ciudadano

Beneficio Descripción 
Urgencias sin barreras Acceder a la instalación más cercana, independientemente de la derechohabiencia 
Continuidad de tratamiento Si inició en un lugar, puede continuar ahí 
Cobertura territorial Atenderse donde físicamente convenga 
Medicamentos accesibles Universalizar farmacias de primer nivel: surtir receta en cualquier farmacia del sistema 
Seguimiento de crónicos Conexiones remotas para padecimientos crónicos 
Referencias optimizadas Ser referido al lugar más cercano, no necesariamente de su institución 

El impulso a la universalidad del sistema de salud ha sido parte del discurso en cada sexenio y ahora se pretende impulsar por “decreto” sin que implique un acuerdo inmediato y consensado entre las instituciones, las cuales tendrán que hacer cambios a marchas forzadas.

Han sido tres transformaciones previas del sistema de salud mexicano a lo largo de la historia:

Primera transformación (años 80´): La descentralización original

En los años 80´, México desmanteló la estructura original de la Secretaría de Salud y comenzó la federalización de servicios, siguiendo la tendencia mundial de acercar las soluciones al lugar donde ocurren los problemas. Resultado: la fragmentación institucional comenzó a instalarse como rasgo estructural del sistema.

Segunda transformación (años 90-2000s): La trampa fiscal de la descentralización

Los estados recibieron responsabilidades sanitarias masivas, pero nunca desarrollaron capacidad fiscal para sostenerlas ni mecanismos de control para administrarlas eficientemente. El resultado fue que todos los sistemas estatales de salud terminaron severamente estresados financieramente.

Tercera transformación: El Seguro Popular (2003-2019)

El Seguro Popular intentó resolver la crisis financiera creando un mecanismo de transferencias federales para que los estados prestaran servicios. Pero generó una dinámica poco afortunada: los gobiernos estatales negociaban recursos para construir hospitales en función de cálculos políticos, no de necesidades sanitarias reales, donde la fragmentación perduró y se profundizó.

Migración al sector privado: En el año 2000, 43% de la población recibía atención constante en el sistema público. Hoy, esa cifra ha caído 28%. El 59% de quienes migraron se fueron a consultorios adyacentes a farmacias —un fenómeno que explotó precisamente a partir de 2003 y que entró en franca fase de crecimiento en los últimos 10 años, de manera que desplaza más piezas de medicamentos que el sector público en su conjunto. Ello ha impulsado un creciente gasto de bolsillo.

El SUS brasileño — espejo y advertencia

Brasil inscribió su Sistema Único de Saúde en la Constitución de 1988, sustentado en tres principios:

  • Universalidad: toda persona tiene derecho al sistema, sin importar su condición laboral o de ingreso. 
  • Integralidad: el sistema debe ofrecer desde promoción y prevención hasta alta especialidad. 
  • Equidad: priorizar a quienes más lo necesitan, reduciendo desigualdades. 

A diferencia del SUS mexicano, el SUS brasileño construyó desde cero un sistema público universal descentralizado en tres niveles: federal (políticas, financiamiento y coordinación), estatal (coordinación de redes regionales) y municipal (responsabilidad directa de la APS y servicios directos).

Logros del SUS brasileño

  • Amplió el acceso efectivo a servicios de salud para decenas de millones de personas antes completamente excluidas. 
  • Redujo significativamente la mortalidad infantil. 
  • La “Estrategia Saúde da Família” —equipos territoriales con médico, enfermera y agentes comunitarios asignados a territorios específicos— es referencia internacional reconocida por reducir hospitalizaciones evitables. 
  • Mejoró coberturas de vacunación y control de enfermedades infecciosas (hasta antes de los recortes políticos). 

Los problemas y límites del SUS brasileño

Subfinanciamiento crónico. El gasto público en salud nunca alcanzó el nivel necesario para la ambición del modelo. Gobiernos como el de Jair Bolsonaro llegaron a congelar el gasto en salud, afectando programas preventivos construidos durante décadas.

Desigualdades territoriales brutales. Grandes diferencias entre regiones: Sur/Sudeste vs. Norte/Nordeste. Los municipios pobres recibieron responsabilidades sin capacidad de gestión ni recursos.

Dependencia del sector privado y el sistema de dos pisos. El 25% de la población tiene seguros privados, que concentran recursos y profesionales. El riesgo materializado: un SUS público subfinanciado percibido como "sistema para pobres" y un sector privado de calidad para quienes pueden pagar, parecido a lo que pasa en México (solo 10% de lo hogares tiene algún tipo de seguro de gastos médicos).

Gobernanza compleja. Tres niveles de gobierno con competencias superpuestas generan burocracia, dificultades de coordinación e ineficiencia sistemática.

El abasto de medicamentos — la prueba de fuego

El SUS mexicano y el desafío farmacéutico

El mencionado decreto establece un objetivo ambicioso: "Universalizar completamente farmacias de primer nivel: surtir receta de primer nivel en cualquier farmacia del sistema". Esto significa que un paciente con receta de primer nivel podrá surtirla en cualquier farmacia pública sin importar su institución de origen.

La ambición es enorme. El diagnóstico de dónde parte, igualmente preocupante:

  • La fragmentación institucional genera duplicidades de inventario y desabasto simultáneo: un hospital puede tener exceso de un medicamento mientras otro carece de él. 
  • El gasto percápita en medicamentos es profundamente desigual entre instituciones: 

Institución Derechohabientes Gasto Med. 2025 Per Cápita 2025 
IMSS 73,000,000 $63,645 M $872 MXN 
IMSS Bienestar 55,000,000 $34,956 M $647 MXN 
ISSSTE 13,600,000 $21,209 M $1,560 MXN 

Fuente: Bases INEFAM.

La brecha de 2.4× entre ISSSTE ($1,560) e IMSS Bienestar ($647) no es solo estadística: es una medida directa de la inequidad en el acceso farmacéutico que el SUS debe corregir.

Lecciones de Brasil en abasto de medicamentos

Brasil desarrolló un sistema farmacéutico estructurado dentro del SUS —el Componente Especializado de la Asistencia Farmacéutica (CEAF)— para medicamentos de alto costo. Sin embargo:

  • El subfinanciamiento provocó desabasto crónico, especialmente en municipios pobres y regiones periféricas. La escasez de medicamentos básicos para hipertensión y diabetes se volvió endémica. 
  • La descentralización excesiva significó que cada municipio gestionara su propio inventario, generando ineficiencias masivas, duplicidades y compras de emergencia a precios superiores. 
  • La "judicialización de la salud" —ciudadanos llevando al Estado a juicio para obtener medicamentos— se convirtió en un mecanismo paralelo que beneficia principalmente a clases medias con acceso a abogados, agravando la inequidad que se pretendía corregir. Brasil destina hoy miles de millones de reales en cumplir sentencias judiciales de medicamentos. 
  • La integración de sistemas de información farmacéutica a nivel nacional tardó décadas en concretarse, generando duplicidades, robos y vencimientos masivos de inventario. 

¿Qué puede hacer México diferente?

El SUS mexicano podría aprovechar una serie de ventajas que Brasil no tuvo en su momento:

  • Compras consolidadas de medicamentos de mayor volumen —aun con severos tropiezos en la compra bienal 2025-2026  como se ha ilustrado en este espacio. 
  • Sistema único de gestión de inventarios que pretende eliminar los desabastos y sobrantes simultáneos entre instituciones, lo que demandas trazabilidad digital. 
  • Contar con un compendio de medicamentos transparente, bien financiado y con mecanismos expeditos para medicamentos fuera de cuadro. 
  • No descentralizar la gestión de medicamentos sin standards nacionales claros —la lección más directa del fracaso brasileño. 

Tabla comparativa — sus mexicano vs. Sus brasileño

Aspecto SUS Brasil (1988) SUS México (2026) 
Naturaleza Sistema público único, universal, gratuito, descentralizado Mecanismo de integración y coordinación entre subsistemas existentes 
Base jurídica Constitución de 1988 + leyes complementarias Decreto DOF 17/04/2026 + Ley General de Salud + PND 2025–2030 
Modelo de referencia Propio, construido desde cero NHS del Reino Unido como referencia conceptual 
Financiamiento Impuestos (federal, estatal, municipal); históricamente subfinanciado Impuestos + cuotas; gasto público aún por debajo del 6% del PIB 
Organización territorial Fuerte descentralización a municipios Federalización parcial vía IMSS Bienestar; coordinación federal central 
Sector privado Muy fuerte (25% con seguros privados); riesgo de sistema de dos pisos Importante; alto uso de privados y gasto de bolsillo elevado 
Atención Primaria Eje central (Estrategia Saúde da Família); referente internacional Históricamente subfinanciada; el SUS busca revertir esta tendencia 
Medicamentos CEAF para alto costo; desabasto crónico por subfinanciamiento y descentralización excesiva. Modelo de copago en acuerdo con farmacias privadas. Universalización de farmacias de primer nivel; compras consolidadas en crecimiento 
Tecnología Integración digital tardó décadas Expediente electrónico interoperable desde el diseño inicial 
Logros documentados Ampliación masiva de acceso; reducción mortalidad infantil; APS efectiva En construcción; potencial de integración de infraestructura 
Problemas documentados Subfinanciamiento, desigualdades territoriales, gobernanza compleja, "dos pisos" Riesgo de quedarse en el papel; resistencias institucionales; brecha per cápita farmacéutico 
Inclusión de todos los actores Excluye fuerzas armadas y grandes sistemas corporativos Excluye fuerzas armadas; incluye IMSS, ISSSTE, IMSS Bienestar, PEMEX, INS 
Participación ciudadana Consejos de salud formales con poder de decisión Por definir; necesaria para sostenibilidad política 
Cronograma Constitucional desde 1988; implementación progresiva Decreto 2026; implementación gradual hasta 2029 
Riesgo principal Fragmentación política y recortes presupuestales Coordinación sin recursos = burocracia sin resultados 

Lecciones y recomendaciones finales

¿Qué es conveniente imitar de Brasil?

  • Atención Primaria de Salud como columna vertebral: Los equipos territoriales de salud familiar (modelo Saúde da Família) demostraron reducir hospitalizaciones evitables y mejorar control de crónicos. El modelo es adaptable al contexto mexicano con el MAS-Bienestar. 
  • Reconocimiento constitucional y blindaje político del derecho a la salud: México ya tiene el artículo 4 constitucional, pero falta aterrizarlo con financiamiento y mecanismos operativos que sobrevivan cambios de gobierno. 
  • Participación social y control ciudadano: Consejos de salud con poder real, conferencias nacionales y espacios de deliberación son esenciales para la legitimidad y sostenibilidad del sistema. 

¿Qué no debemos replicar de Brasil?

  • Universalidad sin dinero suficiente: No anunciar derechos sin respaldo presupuestal real ni comprometer rutas concretas de incremento del gasto en salud. 
  • Descentralización sin regulación fuerte: No delegar responsabilidades a estados sin recursos, capacidades y estándares nacionales —especialmente en el abasto de medicamentos. 
  • Tolerar el sistema de dos pisos sin correcciones: No permitir que el sector privado se convierta en el único camino para la atención de calidad (de hecho, así ocurre). 
  • Congelar o recortar el gasto en momentos de crisis fiscal: El error más costoso de Brasil fue desmantelar en años lo que tardó décadas en construir. 
  • Descentralizar la gestión farmacéutica sin sistemas de información integrados: La judicialización de medicamentos en Brasil es una consecuencia directa de este error. 

Conclusión

El SUS mexicano tiene ante sí una encrucijada histórica. El SUS brasileño demostró que es posible ampliar masivamente el acceso y mejorar indicadores de salud. También demostró que sin financiamiento suficiente, sin gobernanza clara y sin mecanismos fuertes de equidad territorial, la universalidad se vuelve frágil, desigual y vulnerable a vaivenes políticos.

En materia de medicamentos, la integración del SUS mexicano podría transformar radicalmente el acceso, especialmente para los 55 millones de personas que atiende IMSS Bienestar. Para ello necesita: compras consolidadas inteligentes, gestión de inventarios unificada y un sistema de información farmacéutica de clase mundial.

El SUS que requiere México deber contar con mayor presupuesto, tecnología digital y voluntad política para no repetir los errores vividos en Brasil y que tienen antecedente en años recientes en nuestro propio sistema de salud.

Director General del Instituto Farmacéutico (INEFAM)

Comentarios