“La idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea,
y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra”.
Gilbert Keith Chesterton
Escritor británico.

Desde los orígenes siempre ha existido la incógnita de cuál es el origen de la palabra, de acuerdo a las Sagradas Escrituras se dice que la palabra fue primero, 1 Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se aleteaba sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: "Que exista la luz". Y la luz existió. La Palabra fue origen y es destino.

La palabra es la conjugación de emoción con experiencia, en la nitidez del símbolo que surge y se traduce como unidad significativa en medio de dos espacios vacíos, como lo afirmó Aristóteles.

El gran maestro Gregorio Hinojo Andrés, expresó en la Universidad de Salamanca “Las palabras nos han causado siempre fascinación y encanto; son en alguna medida mágicas: ‘hada’ deriva de fatersa, participio latino del verbo defectivo fari «decir, hablar»; ‘dicha’ es una expresión de la felicidad y, a la vez, el participio femenino del verbo decir, deriva del latín dicta «palabras dichas»; en el Génesis las palabras de Dios fueron suficientes para crear el universo; entre los dogon, un pueblo de Malí, las palabras se consideran parte del semen de los dioses; idea que con otros términos expresa el gran filósofo alemán Martin Heidegger cuando afirma «la palabra es el acontecer de lo sagrado». El poder taumatúrgico, positivo o negativo, se observa todavía en nuestros días por el cuidado que tenemos en no mencionar la muerte y algunas enfermedades graves, recurriendo a eufemismos o perífrasis”.

Es así que la palabra es estado de un proceso, de organización de las ideas, de la argumentación que permite establecer a la lógica como base del pensamiento.

“Pienso, luego existo”,  es una frase del filósofo y matemático francés René Descartes (1596-1650), convirtiéndose en una expresión universal. Es un proceso intelectual y filosófico que afirma que la única forma de encontrar la verdad, es mediante la razón de pensar.

Yo diría sin dudar, “Non est igitur sermo exprimere mea”, “Expreso mi palabra luego existo”.

Para mí expresar las palabras obedece más al conocimiento, experiencia, análisis, reflexión y decisión. Va más allá de un diálogo común convirtiéndose en una enorme capacidad de diseñar una estrategia para lograr la transformación de nuestro entorno y así generar con el propósito de trascender palabras que sean sembradas en la emoción y conciencia de quienes las escuchan.

Afirman que nosotros tenemos un cúmulo de palabras que nos pertenecen, que se convierten en nuestro vocabulario diario, a partir de nuestra enseñanza recibida en el entorno familiar y comunitario. Que se enriquece a través de la lectura y que permite en formar mejor nuestros pensamientos.

Cuando descubrí el bello arte de la oratoria, pude comprender que las palabras son el elemento básico de la transmisión de mis ideas y emociones. Que debemos cuidarlas como una herramienta que habrá de darnos la oportunidad de realizar un mejor desempeño.

El universo es tan grande en el exterior del hombre, como grande es hacia el interior.

La palabra universal complementa el entendimiento de un todo que es compatible con todo y que puede entenderse como algo divisible pero que sigue perteneciendo al todo.
Le invito cordialmente acompañarme cada domingo en esta columna de opinión cuyo título es “Palabra Universal”.

Palabra es pensamiento y emoción, palabra es construcción o destrucción, palabra es fuerza o debilidad, palabra es progreso o retraso, palabra conocimiento o ignorancia, palabra es el bien o el mal, la verdad o la mentira, la palabra simplemente  es Palabra universal.

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