El agravio hacia la autonomía de la UNAM

Eduardo Backhoff Escudero

No hay que olvidar que la iniciativa se da en el contexto del desmantelamiento de varios organismos autónomos que juegan o jugaban un papel importante en la vida democrática del país

En todas las redes sociales está circulando la iniciativa del diputado de Morena, Miguel Ángel Jáuregui Montes, para reformar la Ley Orgánica de la UNAM, que se publicó en la Gaceta Parlamentaria de la H. Cámara de Diputados, el día 18 de febrero. Esta propuesta pretende “democratizar” la forma en que se eligen las autoridades educativas y algunas de sus atribuciones, y busca alcanzar los siguientes objetivos (que transcribo):

-Democratizar las formas de gobierno de la Universidad, de manera específica el método en que se designan al rector y a los directores de facultades, escuelas e institutos de investigación

-Cambiar las atribuciones de las autoridades universitarias, concretamente, de la Junta de Gobierno y de la forma en que elige al rector y a los directores.

-Democratizar las formas de gobierno de la UNAM significa que al rector, a los directores de las escuelas y facultades, así como los directores de los institutos de investigación, los elijan sus propias comunidades por medio de elecciones abiertas, equitativas, competitivas y transparentes, a través de voto libre y secreto.

-Abrir a la participación de la comunidad universitaria en su conjunto (profesores, alumnos y trabajadores) en la toma de decisiones, sobre quienes han de dirigir a los diferentes entes que conforman a la Universidad.

Ante esta iniciativa, el rector de la máxima casa de estudios, Dr. Enrique Graue Wiechers, respondió con una carta —dirigida a la Dip. Laura Rojas (Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados), al Dip. Mario Delgado (Presidente de la Junta de Coordinación Política) y a la Dip. Adela Piña (Presidente de la Comisión de Educación) y coordinadores de las demás fracciones parlamentarias— en la que rechaza tajantemente este intento de intromisión en la vida universitaria que, además, ocurre en un momento difícil por el que atraviesa la institución, con demandas sobre acoso sexual por parte de profesores, que tienen en paro algunas de las facultades y preparatorias de la Universidad desde fines del año pasado. El Dr. Graue también señala que “…esta iniciativa se suma a otras que han sido presentadas en varias legislaturas estatales (por distintos partidos políticos), lo que parece constituir una escalada contra la autonomía de las diversas casas de estudio del país.”

Ante la reacción del rector, de los universitarios, de algunos medios de comunicación y de opinadores en redes sociales, se acaba de anunciar en las redes sociales que se retirará esta iniciativa, acción que supuestamente fue avalada por su autor. Hasta aquí, todo parece que las aguas vuelven a la normalidad.

Sin embargo, no hay que descartar que esta iniciativa se da en el contexto del desmantelamiento o de la colonización (diría el Dr. Ornelas) de varios organismos autónomos que juegan o jugaban un papel importante en la vida democrática del país y que, en la práctica, hacen un contrapeso al Ejecutivo y al partido político en el poder. El caso de la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), es el caso más agresivo del Estado hacia una institución que el mismo creó. Pero también está el caso de la sustitución, de facto, del presidente del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) y las tantas amenazas y descalificaciones por parte del presidente López Obrador y de congresistas de Morena que hoy está sufriendo, en lo general, el Instituto Nacional Electoral (INE) y, en lo particular, algunos de los integrantes de su Junta de Gobierno incluyendo al propio presidente del INE.

Es hora de preguntarnos y de reflexionar qué es lo que quiere el país con sus instituciones autónomas; en este caso, con las universidades públicas. Y también deberíamos de preguntarle al gobierno de la 4T qué desea al respecto. Se le ha oído decir al propio presidente de la República que se desea hacer una gran transformación de la educación del país para que todos sus ciudadanos tengan un futuro más promisorio y que ningún estudiante se quede sin estudios universitarios. Aunque es difícil estar en contra de la narrativa del presidente, en los hechos no es claro que sus planteamientos tengan alguna viabilidad, ni en el corto ni en el largo plazo. Las ideas en materia educativa no dejan de ser solo un bonito discurso. Ahí están las cien universidades Benito Juárez que operan con un raquítico presupuesto, en condiciones de infraestructura lamentables y con una falta de docentes bien preparados. Lo más lamentable es que tampoco atienden a un número de estudiantes considerable. Ya no se diga que tengan algún tipo de autonomía; concepto con el que la 4T está peleado. Por ello, no es casual que un diputado de Morena haya tenido la iniciativa de querer arrebatarle la autonomía a la UNAM.

Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa A.C.
@EduardoBackhoff

 

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