La Presidenta Sheinbaum ha adoptado la práctica de introducir un mayor número de menciones a heroínas de nuestra historia durante la tradicional arenga que anualmente pronuncia quien está al frente del Ejecutivo, a la que en un acto de fervor excepcional el pueblo le responde masivamente creando una comunión conmovedora. Promueve así el sano propósito de visibilizar a la mujer que siempre ha quedado en la penumbra de los registros históricos y un primer efecto es provocar interés y curiosidad por las aportaciones de mujeres que sin este rescate presidencial seguirían ocultas al conocimiento general. Por lo menos ese fue mi caso respecto de Antonia Nava.  

Para los niños que estudiábamos en la escuela primaria a mediados del siglo pasado la única presencia femenina relevante en el movimiento de independencia fue la de doña Josefa Ortiz, entonces ligada a su apellido de casada, pero uno entiende que los tiempos cambian y parte del rescate consiste en exaltar el valor propio e individual de la mujer sin que parezca que su mérito depende del marido, y ¡vaya si doña Josefa actuaba con plena autonomía personal en la conspiración independentista! de cuyo descubrimiento por el gobierno virreinal pudo alertar a tiempo a Hidalgo y Allende. 

Ya en la secundaria se enteraba uno por algunas líneas de los densos libros que llevábamos —de los que aún conservo algunos— de las aportaciones a la insurgencia hechas por Leona Vicario.  La heroicidad de Gertrudis Bocanegra, fusilada en Pátzcuaro en 1817 durante la etapa más difícil de la preservación de la lucha anticolonial ha tenido difusión hace ya algunos años, no así la figura de Antonia Nava salvo, según entiendo, localmente en Guerrero.  

Es fascinante la vida de Antonia, quien participó activamente en acciones militares. Su valentía y entrega a la Patria son paradigmáticas. Se cuenta que después de perder en batalla a su primer hijo, al tiempo que Morelos pretendía consolarla ella le dijo que llevaba a sus otros cuatro hijos a la lucha, tres podrían servir como soldados y el más pequeño como tambor. Hay algunos cuestionamientos sobre la precisión de los detalles de este episodio, pero la tradición valida lo esencial, cuyo valor simbólico es lo más importante. 

Otro momento culminante en la trayectoria de Antonia Nava en la insurrección popular se dio durante el sitio que las tropas realistas habían impuesto a los rebeldes en Jaleaca. Ante la imperiosa necesidad de romper el cerco Antonia asumió el liderazgo, llamó a que se sumaran todas las mujeres, aprovechando que el enemigo se encontraba dormido, y armadas con cuanto tuvieron a su alcance lograron, junto con los soldados, romper el sitio. Antonia tuvo la fortuna de entrar con las fuerzas del ejército Trigarante a México y ver consumado el sueño por el que había luchado.

@DEduardoAndrade Investigador de El Colegio de Veracruz y Magistrado en Retiro

ORCID 0009-0002-4714-7408 

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