Vaya por delante mi profunda gratitud a EL UNIVERSAL que, durante casi tres años ininterrumpidos me ha brindado una tribuna de libertad y un puente indispensable con lectores que, como yo, buscan en la palabra escrita un reflejo de la realidad social, honesto y transparente de nuestro México. Los editores y el personal técnico siempre generoso, gentil y profesional, han permitido que mis ideas lleguen a este espacio importante e invaluable de expresión.
Sin embargo, hay momentos cruciales en la vida pública en los que la gratitud debe caminar de la mano con la exigencia ética, y la congruencia personal debe ser el timón que guíe nuestra presencia en los medios de comunicación y como lo ha señalado nuestra presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, estos son tiempos de definiciones. A pesar de haber renunciado al espacio, como lo hice saber oportunamente a los editores, como acto de dignidad y protesta; hoy vuelvo a publicar y continuaré escribiendo en estas páginas porque así lo acordamos, en cuanto la disculpa llegara.
Me mantengo con la frente en alto en este espacio, no sin antes condenar la reciente publicación de Edmundo Cázarez, de una supuesta entrevista a Carlos Monsiváis. Ese texto representó un punto de quiebre que no podíamos ignorar. No estuvimos simplemente ante un error periodístico garrafal, nos enfrentamos a lo que solo puede catalogarse como una infamia manufacturada, calculada, deliberada y ruin que pretendía mancillar con guerra sucia la vida de hombres como Monsiváis y AMLO. Haber escrito ese texto fue un acto de bajeza incalificable, sí, pero lo verdaderamente alarmante fue el tufo ideológico profundamente homófobo y prejuicioso, cargado de complejos con los que se intentó minar la estatura ética y moral de Andrés Manuel López Obrador. Tener la osadía de escribirlo fue, en esencia, un atentado contra la dignidad de los millones de mexicanos que hemos acompañado a AMLO y que vemos en su figura un referente moral de honestidad y lucha social.
Claro que la crítica es válida y hasta necesaria en democracia, pero lo que vimos aquí escrito no fue crítica, sino una consigna que parecía responder a una agenda dictada desde el rencor de quienes aún no asimilan la pérdida de sus antiguos privilegios y que penosamente encuentran quien sucumbe al poder del dinero y escribe por consigna. El periodismo no es ni debe ser una mercancía al servicio de chequeras que buscan descarrilar la historia mediante la calumnia y la ficción.
En medio del agravio, es importante resaltar el acto de rectificación que dignifica la labor informativa y que debe sentar un precedente en nuestra prensa: el periódico se disculpa tanto con la familia de Carlos Monsiváis como con Andrés Manuel López Obrador. Esta disculpa es un logro social, de la ética y de la verdad sobre la calumnia fabricada. Debemos tener presente que equivocarse es un defecto de todos, pero ofrecer disculpas es una virtud de pocos.
Reconocido pues el error, nos seguiremos encontrando en este espacio, siempre desde la trinchera de la verdad y el humanismo mexicano. ¡Que viva AMLO y que viva la 4ta. Transformación!
Maestra en Derecho Constitucional y Derechos Humanos. @DanielaCordAre

