Las elecciones presidenciales en Colombia vuelven a mostrar que las democracias son sistemas vivos en constante transformación. El preconteo señala a Abelardo De la Espriella como vencedor, lo que lo convierte, de confirmarse el resultado, en el próximo presidente de la nación sudamericana, representando un cambio en el mando y una señal del estado de ánimo de la sociedad colombiana, que busca respuestas a los desafíos económicos, sociales y de seguridad ciudadana actuales.

La campaña de De la Espriella se centró en esas necesidades, construyó una campaña electoral enfocada en el fortalecimiento de la seguridad ciudadana, la promoción de la inversión privada como motor de crecimiento económico, la generación de empleos formales y una revisión a diversas políticas implementadas por el gobierno anterior. El mensaje fue claro, la recuperación de la confianza de sectores prioritarios para fortalecer el orden institucional y la actividad productiva.

El resultado electoral refleja una realidad en las sociedades democráticas modernas: la evaluación constante y permanente para quienes gobiernan y, cuando es necesario, el voto es el motor para impulsar un cambio de rumbo; así, los ciclos políticos se suceden y las fuerzas que ayer parecían dominantes se ven reemplazadas por aquellas que estaban en la oposición.

El gobierno saliente de Gustavo Petro concluye su mandato debilitado por crisis de gobernabilidad, marcada por la ruptura de la coalición en el Congreso que estancó reformas sociales, obligándolo a gobernar de forma aislada, por otra parte, la estrategia fallida de "Paz Total" debilitó el control territorial del Estado, propició el aumento de grupos armados y de la delincuencia. Finalmente, la gestión también estuvo marcada por escándalos de corrupción e inestabilidad institucional.

La corriente política que ahora puede regresar al poder, permaneció fuera de la presidencia durante un periodo relativamente breve, sin embargo, la historia pública demuestra que ningún movimiento posee un respaldo incondicional y que las preferencias del electorado se transforman con el paso del tiempo, ya que existe una exigencia cada vez más marcada de gobernantes comprometidos, capaces de rendir cuentas, respetar las instituciones y actuar con honestidad, valores públicos que suelen tener un impacto mucho más profundo en la vida cotidiana que cualquier etiqueta ideológica.

En el último trimestre de este año inicia el proceso electoral en México, para dar pie a las elecciones intermedias del próximo año en el que se votarán más de 18 mil cargos de elección popular, se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados, la mitad de los estados cambiarán de mandatario y diversos congresos locales también habrán de renovarse; ante este escenario, la elección colombiana deja una profunda reflexión: ninguna corriente política posee el monopolio de un buen gobierno exento de cometer errores; las ideologías van y vienen; los gobiernos cambian y las preferencias electorales se modifican con el tiempo. Lo que permanece como una necesidad es la presencia de dirigentes honestos, comprometidos con el porvenir de la gente.

Es tiempo de mujeres.

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