El próximo Mundial con México como sede, no sólo devolverá al país al escaparate deportivo global, sino que abrirá una discusión de fondo sobre memoria futbolera, capacidad urbana y derechos en una ciudad observada por el mundo. El torneo de 2026 será la 23.ª Copa Mundial de la FIFA, y México llega como uno de los anfitriones históricos del futbol internacional.

Con 17 participaciones, se ubica entre los países con más presencias en la historia del certamen. Su mejor resultado, cuartos de final en 1970 y 1986, ambas como sede. En el balance histórico, Europa acumula la mayoría de los títulos, mientras Brasil y Argentina encabezan a Latinoamérica; México aún espera su primer campeonato mundial.

La FIFA ha insistido en que el torneo será una vitrina de gran escala y que la sede mexicana deberá operar con altos estándares de movilidad, seguridad y servicios. Lo que sí es un hecho es que la Ciudad de México recibirá partidos de la fase de grupos y, de avanzar el certamen, encuentros de mayor trascendencia, convirtiéndola en uno de los epicentros del evento más visto del planeta.

Sin embargo, aún no hay datos oficiales sobre cuántos visitantes llegarán a la Ciudad de México ni una estimación pública verificable de la derrama económica para la capital del país; lo que puede sostenerse es que la magnitud del evento exigirá una respuesta institucional a la altura de una afluencia masiva de turistas nacionales y extranjeros.

La euforia se respira, pero si se quiere evitar que la celebración se desborde, la estrategia debe partir de la coordinación entre gobierno local, policía, protección civil, movilidad, salud y autoridades federales. La experiencia internacional muestra que los grandes torneos requieren control de accesos, protocolos de respuesta rápida ante emergencias, información multilingüe, monitoreo en tiempo real y canales de denuncia accesibles para visitantes y residentes.

En una ciudad bajo el escrutinio mundial, la clave será no sólo contener incidentes, sino prevenirlos con presencia territorial no invasiva, inteligencia operativa y comunicación clara antes de que un conflicto escale. En la pseudollamada Ciudad de los Derechos, es imperativo garantizar el respeto pleno a los derechos humanos de toda persona.

A pesar de la respuesta tardía en los arreglos urbanos de la capital, siendo que las autoridades conocían desde el año 2018 que México sería sede mundialista, ese letargo no debería haberse extendido a la capacitación del personal ministerial y policial, que tendría que llevar meses preparándose para este evento. La imagen ante el mundo exige actuación apegada a la legalidad, coordinación y control territorial, respaldados por una formación sólida en derechos humanos, primeros auxilios y manejo de crisis. En un evento de esta magnitud, la reputación de México no se define únicamente en la cancha, sino en su capacidad para garantizar trato digno, respuesta ágil y contención de disturbios sin incurrir en abusos. Proteger la dignidad de locales y visitantes será, en última instancia, el verdadero triunfo fuera del estadio. Es tiempo de mujeres.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios