El sector agroalimentario mexicano podría ser una solución económica para el país, pero existen retos

Carlos Hurtado

Los indicadores económicos alrededor del mundo comienzan a estabilizarse aunque todavía estamos muy lejos del término de la pandemia. Los sectores tecnológicos, comercio en línea, supermercados y salud han aumentado su crecimiento, mientras otros como el textil, construcción y servicios observan un alza moderada, y ¿los otros sectores?

Históricamente uno de los grandes resilientes de las crisis, incluyendo la presente, se encuentra en el sector agroalimentario, el cual incluye todas las actividades de los sectores: agrícola, ganadero, forestal y pesquero. Su comportamiento no debería sorprendernos, pues finalmente en una crisis podemos dejar de comprar autos o artículos de lujo, pero nunca alimentos, muchas veces incluso elevando su valor.

Lo esencial del sector no impidió que, al igual que otros, sufriera pérdidas. Sin embargo, durante 2020 su caída fue únicamente de 0.4%, muy lejano al decremento económico general de entre el 8 y 10%, lo cual nos habla de su estabilidad, manteniendo a México en el top 10 mundial de productores y exportadores de alimentos.

Fue justamente la capacidad de producir alimentos de alto valor, muy apreciados en otros países, lo que le dio al sector agroalimentario mexicano el impulso para mantenerse como uno de los sectores atractivos para los inversionistas.

El reacomodo de las cadenas de valor derivado de la pandemia ha puesto a México en una posición privilegiada, en especial ante Estados Unidos, permitiéndole una mayor exportación. Sin embargo, mantener la tendencia e incrementarla plantea importantes retos, los cuales pueden representar un factor clave de cara a la recuperación y crecimiento económico.

Uno de los más grandes problemas en la industria es el gran desperdicio de insumos, en particular ante el estrés hídrico y condiciones climatológicas cada vez más adversas. Más del 80% del agua producida en México se va a la explotación Agropecuaria y 57% de ésta se desperdicia debido a una industria con una implementación en tecnología obsoleta y en mal estado. La incorrecta atención de la situación plantea un futuro muy vulnerable, sujeto a la temporalidad e incluso dependencia de factores políticos y económicos, deficiencia importante para un sector que representa 8.6% del PIB nacional.

La pandemia también trajo consigo una aceleración tecnológica, incluyendo una mayor automatización en procesos en el sector. La disponibilidad de mano de obra y costos ha paliado su implementación, pero esto no es algo que se podrá atenuar siempre. La respuesta del mercado mexicano no debería decantarse por la precarización de salarios para reducir costos y mantenerse competitivos, ya que esto además de favorecer un empobrecimiento sistemático, se ha vuelto una vulnerabilidad en materia de exportación y colocación de los productos.

Un análisis a profundidad nos muestra que la industria mexicana debe aprovechar el contexto actual para renovarse. En caso contrario, el sector agropecuario mexicano se va a ir retrasando cada vez más en relación con sus competidores que tienen altas inversiones en la agroindustria 4.0, también conocida como agroindustria inteligente. México debe tomar a manos llenas el mercado post pandemia y actualizarse para poder competir en él, ya que es lógico que después de una crisis la demanda de alimentos sea cada vez más regulada en protocolos de higiene y automatización.

Es inevitable e inaplazable que México modernice su industria y la vuelva más eficiente en producción y costos a través de la implementación tecnológica. El campo y la agroindustria mexicana son muy ricos y tienen una oportunidad de crecimiento inmensa. Es cierto que la extensión del comercio agroalimentario hacia mercados como Corea, China, los países árabes y la Unión Europea también han beneficiado al sector agroindustrial nacional, permitiendo al mismo tiempo, la diversificación de su mercado.

Al ser uno de los pocos ganadores de la pandemia, el sector agrícola debe de aprovechar las bajas tasas de intereses y diversos productos financieros que se han creado para impulsar el desarrollo económico. Si bien el contexto de sequías ha resultado especialmente preocupante, el invertir en automatización, o incluso esquemas de arrendamiento, para modernizar su maquinaria y equipo, les permitirá avanzar en la modernización y automatización del campo, haciéndolos más rentables de cara a la nueva realidad. Consideremos que es totalmente necesario modernizar la industria si queremos seguir siendo referentes en el mercado internacional y no perder la carrera que desde hace más de 20 años dio inicio.

Ahora más que nunca es el momento de extender la mano para buscar esquemas de financiamiento que nos impulsen a evolucionar y adaptarnos al nuevo juego que la industria 4.0 trajo consigo. Buscando asegurar una economía sana y un futuro prometedor hacia el crecimiento económico de nuestro país.

 

Director de Agronegocios en Banco Sabadell.
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