Colegios que se enriquecen de la labor misionera y misiones que se adentran en el corazón humano a fuerza de gozar los misioneros de una sólida y universal formación académica, compartida en paralelo con la comunidad secular a través de los colegios: tal parece ello ser un círculo virtuoso trasladado al mundo real por la Compañía de Jesús a lo largo de los últimos cinco siglos, en todos los continentes. Así nos lo confirma Alfonso Alfaro: “intentar aprender las reglas del juego ajenas, penetrar lo más profundamente posible en el laberinto de imágenes y símbolos desconocidos, tratar de precisar lo que divide para poder acentuar lo que une (“tomar el modelo dellos con ellos…. entrando con él, salimos con nosotros”, decía Loyola). Esa actitud impulsó a los misioneros a aprender las lenguas, a dominar las ciencias y los sistemas religiosos de los pueblos distintos. En este empeño intelectual, en esta voluntad de comprender…. (fue) donde, rebasando a San Francisco Javier, los jesuitas innovaron, yendo más lejos que sus antecesores (e, incluso, que sus sucesores), ... en la adaptación de sus propias personas y de sus métodos evangélicos a los mecanismos específicos de otras culturas, hasta llegar a apropiárselos y manejarlos desde el interior” (Alfonso Alfaro, La redondez de la tierra, en “Misiones Jesuitas”, Artes de México, No. 65, 2003, p. 15).

En tal virtud, el P. Alejandro Cancino, S.J. da cuenta, de modo pormenorizado, de la presencia de la Compañía de Jesús en México, en el año 2023, por lo que hace a colegios, universidades, casas de ejercicios espirituales, seminarios, templos y parroquias, radios comunitarias, archivos históricos, editoriales (i.e. Buena Prensa), promociones indígenas, campesinas y migrantes, clínicas, instituciones de formación jesuítica (noviciado, juniorado, terceronado), en 20 ciudades y poblaciones a lo largo y ancho del territorio nacional: Tijuana, Torreón, Parras, Puebla, Monterrey, Tampico, Tabasco, Huayacocotla, Mérida, La Arena, Misión de Bachajón, Oaxaca, Chalco, Ciudad Guzmán, Ciudad de México, Guadalajara, León, Tarahumara, Chihuahua y Tatahuicapan (Las misiones jesuitas en el noroeste, algunos desafíos para nuestro presente, en “Christus. Revista de Teología, Ciencias Humanas y Pastoral”, No. 840, pág. 15). Es de resaltar que, en lo tocante a la presencia de la Compañía en y a través de sus colegios, destaca por su sensible ausencia el Instituto Patria, en la Ciudad de México (a cuyo cierre nos referiremos en nuestro próximo editorial).

Ahora, con ocasión de la Copa Mundial de Fútbol 2026, vale la pena traer a colación el espíritu subyacente a esa dupla misiones-colegios, en la voz del Papa Francisco, primer jesuita en ocupar la cátedra de San Pedro en la historia de la Iglesia: “Es característico de la actividad deportiva unir en vez de separar. Construir puentes en vez de levantar muros. Toda auténtica actividad social combate la incultura de la marginación y del perjuicio (sic) y favorece la cultura del encuentro, que es propia de la sustancia más profunda e íntima de nuestro ser, por naturaleza proclive a las relaciones, la interacción y el descubrimiento del otro” (“Esperanza. La autobiografía”, Plaza Janés, México, 2025, p. 100), como es el caso de las misiones y colegios que hemos abordado en ésta y las tres columnas anteriores.

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