A Federico Servet Vergara, in memoriam

Las misiones jesuitas del siglo XX también han partido de una atenta lectura de “los signos de los tiempos”. De acuerdo al último Censo de Población y Vivienda 2020 y a la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2023, ambas del INEGI, en nuestro país hay 39.2 millones de indígenas, de los cuales 7.4 millones hablan alguna lengua vernácula. La población indígena está compuesta por 70 pueblos indígenas, con 68 agrupaciones lingüísticas, 89.7% de los cuales vive por debajo de la línea de pobreza, según Sylvia Schmelkes.

En atención a esta pluralidad étnica y lingüística, los padres jesuitas no sólo han continuado abriendo en México diversas misiones a lo largo del siglo XX (como las que mencionamos en nuestra columna anterior), sino que, incluso, han traducido diversos textos a la lengua vernácula: por lo que hace a los tarahumaras, publicaron la “Gramática rarámuri” (1953) y el “Diccionario rarámuri-castellano” (1976) de David Brambila, en colaboración con José Vergara Bianchi, ambos jesuitas (Alejandro Cancino, S.J., “Las misiones jesuitas en el noroeste, algunos desafíos para nuestro presente”, en “Christus. Revista de Teología, Ciencias Humanas y Pastoral”, No. 840, pág. 15). De gran valor testimonial es la entrevista que concedió otro jesuita avecindado en la Tarahumara, Mauricio Rivera Romero: “yo creía que los iba a catequizar (a los rarámuris) y ellos me catequizaron a mí…. No les llevábamos la civilización como la entendemos los occidentales. Su cosmovisión no es desarrollista, es humanista. La idea de civilización allá es la del ser humano que acepta a su hermano…. Es que comparten todo lo que tienen, aunque sea poquito, aunque sean unas tortillas, que es una cualidad cristiana muy grande que tienen…. Oficié muchos ministerios en el “triángulo dorado” (territorio entre Sinaloa, Chihuahua y Durango, tierra ocupada por el crimen organizado desde hace décadas para, entre otras cosas, sembrar, cosechar y procesar marihuana y amapola) con puros narcos, y, desde entonces, siento que el tejido social se deterioró” (“Entre rarámuris”, en “Jesuitas mexicanos del siglo XX. Hombres en las fronteras”, ITESO, 2021, págs.167 a 182).

Por otra parte, vale la pena mencionar la edición de la “Biblia en tzeltal”, en la que colaboraron a lo largo de 40 años los jesuitas Mardonio (a quien tuve el privilegio de conocer, gracias a mi amigo Don Juan Antonio García Villa) e Ignacio Morales, y Eugenio Maurer Ávalos, además de un equipo bilingüe de agentes de pastoral (Alejandro Cancino, S.J., Op. Cit., pág. 16). En entrevista, el P. Maurer señala: “El epicentro del del levantamiento zapatista de 1994 está a punto de atestiguar la misma del Papa Francisco en su primera visita a México (2016). Ese día, … el Sumo Pontífice pronunció en lengua local fragmentos de las Sagradas Escrituras... Fue la misa más bonita que he visto. El Papa tomó su Biblia en tseltal (con “s”, como sugiere el P. Maurer) y la besó. Llegué, le di un abrazo, le expliqué cómo era la traducción de una cosmovisión a otra y me oyó con mucha atención” (“El hombre que escuchó el tseltal”, en “Jesuitas mexicanos del siglo XX…”, Op. Cit., págs. 63 a 86).

N.B. Para conmemorar el 250º aniversario de la Independencia de los Estados Unidos, no estaría de más releer la Declaración de Independencia y contrastarla con su realidad actual.

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