Por Carlos Corral Serrano
México atraviesa uno de los momentos urbanos más complejos de su historia reciente. El crecimiento desordenado de las ciudades, la presión sobre la vivienda, la crisis hídrica, la desigualdad territorial, la movilidad deficiente y la vulnerabilidad frente al cambio climático han dejado claro que el urbanismo ya no puede seguir siendo entendido únicamente como una tarea técnica o administrativa. Hoy, el urbanismo es un asunto estratégico de gobernanza, competitividad, bienestar social y supervivencia urbana.
En ese contexto, la Asociación Mexicana de Urbanistas (AMU) lanzó oficialmente la Segunda Bienal de Urbanismo de México 2026, una iniciativa que busca reconocer, visibilizar y posicionar los proyectos, investigaciones e instrumentos que están transformando ciudades y territorios en México y América Latina. Pero, además, esta edición marca un hecho particularmente relevante: se consolida como la primera y única Bienal especializada exclusivamente en urbanismo en el ámbito iberoamericano.
Durante la presentación oficial realizada el pasado 7 de mayo, el Mtro. Juan Kaye López, Presidente del Consejo Directivo Nacional de la AMU, destacó que el país enfrenta enormes retos territoriales en medio de un entorno político y económico incierto, donde incluso las futuras negociaciones comerciales internacionales podrían redefinir dinámicas regionales, logísticas y urbanas. Frente a ello, señaló que el urbanismo participativo representa una de las pocas herramientas capaces de construir ciudades más resilientes, incluyentes y sostenibles.
Por su parte, el Mtro. Salvador Herrera Montes, Presidente del Comité Organizador de la Segunda Bienal de Urbanismo de México, explicó que esta edición busca consolidar una plataforma permanente de reconocimiento, intercambio técnico y construcción de alianzas en torno al urbanismo contemporáneo. Señaló además que la Bienal busca reposicionar al urbanismo como una disciplina estratégica para enfrentar los grandes desafíos nacionales relacionados con vivienda, movilidad, agua, infraestructura, resiliencia y cohesión social.
La Bienal no pretende ser únicamente un escaparate de proyectos exitosos. Su verdadero alcance es mucho más profundo: generar una conversación nacional e internacional sobre el futuro de nuestras ciudades.
La primera edición, celebrada en 2024, logró reunir 189 proyectos provenientes de 29 estados de la República. Para esta segunda edición, el alcance se amplía hacia América Latina y el Caribe, integrando experiencias internacionales y fortaleciendo una red regional de urbanistas, académicos, gobiernos, organismos multilaterales y sociedad civil.
El hecho de que esta sea la única Bienal iberoamericana dedicada exclusivamente al urbanismo no es menor. Mientras muchas plataformas internacionales agrupan arquitectura, construcción, diseño o desarrollo inmobiliario, esta iniciativa coloca al urbanismo como eje central de reflexión y transformación territorial. Es decir, pone en el centro la planeación, la gobernanza, la gestión del suelo, la movilidad, el espacio público, la resiliencia y la construcción integral de ciudad.
Uno de los aspectos más relevantes de esta edición es que reconoce al urbanismo como una disciplina multidimensional. Las categorías incluyen regulaciones urbanísticas, instrumentos de planeación y financiamiento, proyectos de urbanismo y territorio, programas de impacto social y trabajos de investigación.
Detrás de esta estructura existe una idea poderosa: entender que las ciudades no se transforman únicamente construyendo infraestructura, sino mediante políticas públicas, instrumentos legales, gobernanza, financiamiento, participación social y producción de conocimiento.
La Dra. Graciela Mota Botello, una de las responsables de la estructura conceptual de la Bienal, explicó que el modelo de evaluación se basa en una matriz integral “5 por 10”, diseñada para permitir la convergencia de distintos enfoques urbanos, sociales, ambientales y territoriales.
Esto resulta especialmente importante en un momento en el que muchas decisiones urbanas en México siguen tomándose de manera fragmentada, aislada y frecuentemente desvinculada de una visión territorial integral.
Otro anuncio particularmente relevante fue la creación de una subcategoría especial para tesis de licenciatura dentro de la categoría de investigación. La decisión busca abrir espacios a nuevas generaciones de urbanistas, arquitectos, planificadores, geógrafos, ingenieros, sociólogos y especialistas territoriales que muchas veces producen investigaciones de enorme valor académico, pero con escasa visibilidad pública.
La incorporación de estudiantes y jóvenes investigadores no es un tema menor. México necesita urgentemente renovar la conversación urbana y abrir espacios reales para nuevas visiones territoriales. Las problemáticas urbanas actuales son tan complejas que difícilmente podrán resolverse únicamente con los paradigmas tradicionales de planeación.
La Bienal también refleja un cambio importante en la forma de construir alianzas para el desarrollo urbano. Entre las organizaciones participantes y aliadas se encuentran la Asociación Mexicana de Arquitectas y Urbanistas (AMAU), la Federación Iberoamericana de Urbanistas (FIU), la Cumbre Internacional del Hábitat de América Latina y el Caribe (CIHALC), la Asociación de Instituciones de Enseñanza de la Arquitectura de la República Mexicana (ASINEA), la ONU-Habitat, la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) y la Cámara Nacional de Empresas de Consultoría (CNCE) entre otras, además de diversas instituciones académicas, gremiales y actores del sector público y la iniciativa privada.
Este tipo de articulaciones resultan fundamentales en una época donde las ciudades ya no pueden ser entendidas desde una sola disciplina.
El urbanismo contemporáneo exige diálogo entre economía, movilidad, medio ambiente, vivienda, seguridad, tecnología, gestión del agua, resiliencia climática y cohesión social.
Y quizás ahí radica el verdadero valor de esta Bienal: recordar que el urbanismo no consiste únicamente en diseñar ciudades, sino en construir condiciones de vida.
La convocatoria y las bases de participación ya se encuentran disponibles en el portal oficial de la Bienal, donde gobiernos, despachos, universidades, investigadores, organizaciones civiles y especialistas pueden registrar proyectos y propuestas urbanas.
https://www.bienaldeurbanismo.mx/
México necesita recuperar la capacidad de planear su territorio con visión de largo plazo. Necesita volver a pensar sus ciudades como proyectos colectivos y no únicamente como espacios de especulación inmobiliaria o expansión descontrolada.
La Segunda Bienal de Urbanismo de México aparece así en un momento particularmente oportuno. No solo como un ejercicio de reconocimiento profesional, sino como una plataforma para reposicionar el debate urbano en la agenda pública nacional e iberoamericana.
Porque mientras las ciudades continúan creciendo, los problemas urbanos también lo hacen. Y cada año que se pierde sin fortalecer la planeación territorial, la coordinación metropolitana y la capacidad técnica de nuestras instituciones, el costo social y ambiental se vuelve mucho más alto.
Hoy más que nunca, México necesita urbanismo. Pero, sobre todo, necesita volver a creer en él.
Es Director Ejecutivo de la Asociación Mexicana de Urbanistas
contacto@amu.org.mx
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