Por el Mtro. Carlos Corral Serrano

Durante décadas, la atención pública se concentró en las grandes metrópolis. La Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara dominaron la conversación sobre crecimiento económico, infraestructura y competitividad. Sin embargo, una transformación silenciosa está ocurriendo en el territorio nacional.

Muchas de las mayores oportunidades de desarrollo económico ya no se encuentran exclusivamente en las grandes áreas metropolitanas. Están apareciendo en una red de ciudades intermedias que, gracias a su ubicación estratégica, su capacidad logística y su calidad de vida, comienzan a desempeñar un papel cada vez más relevante en la economía nacional.

La relocalización global de cadenas productivas, conocida como nearshoring, ha puesto en evidencia una realidad que durante años pasó desapercibida: México cuenta con un conjunto de ciudades capaces de atraer inversión, generar empleo y articular regiones enteras sin reproducir los problemas de escala que enfrentan las grandes metrópolis.

Querétaro, Aguascalientes, Saltillo, San Luis Potosí, Chihuahua, Mérida, León, Villahermosa, La Paz o Colima son ejemplos de ciudades que han fortalecido su papel como centros regionales de servicios, educación, innovación, manufactura y logística. En muchos casos, su influencia económica rebasa ampliamente sus límites municipales y alcanza territorios completos.

El nuevo mapa económico

La competitividad territorial ya no depende exclusivamente del tamaño de una ciudad.

Las empresas buscan infraestructura, conectividad, capital humano, certidumbre jurídica, calidad urbana y disponibilidad de suelo. Muchas ciudades intermedias ofrecen precisamente estas condiciones, además de menores costos operativos, tiempos de traslado más reducidos y una mejor calidad de vida para sus habitantes.

La experiencia internacional demuestra que las economías más exitosas suelen sustentarse en sistemas urbanos policéntricos. Alemania, Francia, Italia o España no dependen exclusivamente de una sola metrópoli; cuentan con redes de ciudades que distribuyen población, actividades económicas y oportunidades a lo largo del territorio.

México necesita avanzar en esa misma dirección.

Ningún país logra un desarrollo territorial equilibrado cuando concentra todas sus oportunidades en unas cuantas ciudades.

El desafío del nearshoring

La llegada de nuevas inversiones industriales representa una oportunidad histórica para México.

Sin embargo, también plantea una pregunta fundamental: ¿dónde crecerán las próximas décadas?

Si las inversiones continúan concentrándose únicamente en los corredores metropolitanos tradicionales, aumentarán las presiones sobre la vivienda, la movilidad, los servicios públicos y el medio ambiente.

Pero si el país fortalece estratégicamente su red de ciudades intermedias, podrá distribuir mejor los beneficios del crecimiento económico y generar un desarrollo regional más equilibrado.

Esto implica invertir en infraestructura, universidades, innovación, vivienda, conectividad digital, transporte regional y planeación territorial de largo plazo.

No basta con atraer inversiones; es necesario construir capacidades territoriales.

Sergio Adem y la visión territorial

A siete meses del fallecimiento del Arq. Sergio Adem Argueta, resulta oportuno recordar una de las ideas que impulsó a lo largo de su trayectoria profesional: el desarrollo nacional no depende únicamente de las grandes ciudades, sino de la fortaleza de la red territorial que las conecta.

Su visión anticipó un debate que hoy cobra renovada relevancia. El futuro de México no se jugará únicamente en las metrópolis; también se construirá en aquellas ciudades capaces de articular regiones, acercar oportunidades y generar bienestar para millones de personas.

Conclusiones

Las ciudades intermedias ya no son una categoría secundaria dentro del sistema urbano nacional.

Son los territorios donde convergen muchas de las oportunidades que definirán el futuro económico y social del país.

La transición energética, el nearshoring, la innovación tecnológica, la logística, la educación superior y la competitividad regional dependerán cada vez más de la capacidad de estas ciudades para consolidarse como nodos estratégicos de desarrollo.

Durante años hablamos del México metropolitano.

Quizá ha llegado el momento de comenzar a hablar del México regional.

Porque el equilibrio territorial que el país necesita no se construirá únicamente desde sus grandes metrópolis.

Se construirá desde una red sólida de ciudades intermedias capaces de conectar territorios, distribuir oportunidades y acercar el desarrollo a las regiones donde realmente vive México.

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