Por Fernando Carrera

La Copa Mundial 2026 está a la vuelta de la esquina. Y, aunque representa una enorme oportunidad para México, también expone a niñas, niños y adolescentes a riesgos reales que no podemos ignorar.

En el marco del Día del Niño y de la Niña, es importante nombrarlos. No son especulación: son evidencia.

Diversos estudios internacionales han documentado que, durante grandes torneos de futbol, aumentan las agresiones en el hogar contra mujeres, niñas, niños y adolescentes. En el Reino Unido, por ejemplo, se registraron incrementos de hasta 38% en incidentes de violencia doméstica cuando la selección perdió partidos del Mundial, y de entre 25% y 30% incluso cuando ganó.

Esta violencia no llega de afuera. Ocurre dentro del hogar, muchas veces a manos de familiares o personas cercanas. Permanece en el ámbito privado, suele pasar desapercibida y, con frecuencia, se normaliza.

Y mientras ese riesgo crece puertas adentro, otro se intensifica fuera de ellas.

Con la llegada de visitantes nacionales e internacionales, el incremento de la movilidad y la alta concentración de personas, aumenta también el riesgo de explotación sexual infantil, especialmente para niñas y adolescentes, en espacios como hoteles, transporte, zonas turísticas y entornos de alta afluencia.

Frente a esta realidad, la respuesta debe ser preventiva, coordinada y contundente.

Desde hace meses, en colaboración con autoridades y aliados estratégicos, se impulsan acciones para anticipar y reducir estos riesgos. En este esfuerzo, UNICEF acompaña el fortalecimiento de iniciativas de prevención y protección.

Una de ellas es la campaña Tarjeta Azul, desarrollada junto con la Secretaría de Turismo de la Ciudad de México, la Asociación Nacional de Cadenas de Hoteles de México, la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México y agencias del sistema de Naciones Unidas.

Su objetivo es hacer un llamado a la ciudadanía para estar alerta, dar la bienvenida a quienes visitan México y, al mismo tiempo, actuar ante cualquier señal de posible explotación. Porque la ley en México es clara: la explotación sexual infantil es un delito, y prevenirla es una responsabilidad compartida.

La iniciativa ya se implementa en la Ciudad de México y se está extendiendo a otros estados sede y destinos con alta afluencia turística, como Jalisco, Nuevo León y Quintana Roo.

De manera paralela, en coordinación con autoridades federales, estatales y municipales, se fortalecen mecanismos de protección y capacidades institucionales de respuesta.

La Copa del Mundo debe ser una celebración. Pero, para que lo sea para todas y todos, debe ser, ante todo, segura para la niñez.

Porque, más allá del torneo, lo que está en juego es el legado.

No se trata solo de mitigar riesgos durante unas semanas; se trata de dejar capacidades instaladas: instituciones más preparadas, mecanismos de protección más eficaces y una ciudadanía más consciente.

El objetivo es claro: que cada vez que México sea sede de grandes eventos, deportivos, culturales o internacionales, cuente con las herramientas, la coordinación y la cultura necesarias para garantizar espacios seguros para niñas, niños y adolescentes.

Porque, si protegemos a la niñez y a las mujeres, todas y todos podemos celebrar el Mundial.

Representante de UNICEF en MéxicoCuenta X: @FernandoUNICEF

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