Por Luz Camila Guerra
Durante mucho tiempo escuchamos la misma frase: “los jóvenes son el futuro”. Lo curioso es que ese futuro parecía llegar siempre después: después de esperar, después de formarse, después de acumular experiencia y después de que alguien decidiera abrir un espacio.
Sin embargo, algo está cambiando en México.
Una nueva generación ha decidido dejar de esperar. No porque crea que tiene todas las respuestas, sino porque entiende que los problemas de hoy exigen participación hoy.
Mi generación creció observando cómo muchas decisiones públicas se tomaban lejos de la ciudadanía. Creció escuchando promesas de cambio que rara vez se traducían en resultados y enfrentando desafíos que marcaron profundamente nuestra forma de entender la política: la inseguridad, la falta de oportunidades, las dificultades para acceder a una vivienda, la precarización laboral y la creciente desconfianza hacia las instituciones.
Frente a ese contexto, muchas personas optaron por alejarse de la política. Otras decidimos involucrarnos, porque entendimos que la historia no la escriben únicamente los gobiernos o quienes ocupan cargos públicos; la construyen las y los ciudadanos que un día deciden que ya es suficiente y asumen la responsabilidad de participar.
La renovación generacional que hoy comienza a hacerse visible en distintos espacios públicos no debe entenderse solamente como un cambio de edad. Se trata de una nueva forma de hacer política: una que privilegia la cercanía, la participación, la escucha y la construcción de causas por encima de los intereses de grupo.
También implica reconocer que las nuevas generaciones no quieren ser invitadas únicamente a acompañar procesos. Quieren ayudar a dirigirlos, aportar ideas, asumir responsabilidades y formar parte de las decisiones que definirán el país en el que vivirán durante las próximas décadas.
Por eso, la pregunta ya no es si las juventudes están preparadas para liderar. La verdadera pregunta es si nuestras instituciones están preparadas para abrir espacios a nuevos liderazgos. Liderazgos que respetan profundamente la historia de quienes construyeron antes, pero que también entienden que los nuevos tiempos exigen nuevas formas de hacer política.
México vive un momento que no admite indiferencia. Cada vez más ciudadanas y ciudadanos exigen participar, ser escuchados y construir alternativas. Porque cuando la ciudadanía participa, la democracia se fortalece; y cuando la ciudadanía cuestiona, propone e incluso incomoda, la política mejora.
Las nuevas generaciones no están pidiendo permiso para existir en la vida pública. Están asumiendo la responsabilidad de construir el futuro.
Y ese futuro ya comenzó.
Coordinadora estatal de Movimiento Ciudadano en Aguascalientes

