Por Gabriela Toledo, codirectora de Fondo Semillas y Wendy del Río Cruz, entrenadora deportiva de futbol ciego y coordinadora de la Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas
Este jueves arranca la fiesta de futbol más importante del planeta. Millones de personas volverán a vivir el futbol con intensidad, emoción y sentido de pertenencia. Las conversaciones girarán alrededor de alineaciones, favoritos, goles y estadios. Sin embargo, mientras el mundo dirige la mirada hacia las grandes figuras del deporte, en México existe otro futbol que también merece atención: el futbol ciego femenil, una disciplina que se juega escuchando antes que viendo.
Es un deporte donde el sonido reemplaza la vista y la confianza entre compañeras resulta indispensable; uno en el que cada jugadora aprende a orientarse a partir de la comunicación, la memoria espacial y el trabajo colectivo. Se juega con cinco futbolistas por equipo, un balón con cascabeles y antifaces que garantizan igualdad de condiciones entre las jugadoras de campo. La famosa regla del “voy”, que obliga a anunciar la disputa del balón, no sólo ordena el juego: también protege la integridad física de las deportistas.
Ese futbol existe y hoy, decenas de mujeres ciegas en México están luchando por abrirle camino.
La Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas nació desde la organización de las propias jugadoras, entrenadoras y promotoras deportivas, desde la convicción de que las mujeres con discapacidad visual también tienen derecho a competir, entrenar y representar a su país en espacios de alto rendimiento.
Hoy ya existen equipos femeniles activos en Ciudad de México, Puebla, Jalisco, Tlaxcala y Baja California, además de procesos en formación en otros estados del país. Lo que hace algunos años parecía impensable comienza a consolidarse gracias al esfuerzo de mujeres que decidieron entrar a una cancha que históricamente no había sido diseñada para ellas.
No obstante, el mayor reto no ocurre dentro de la cancha. El verdadero desafío sigue siendo lograr visibilidad, recursos y oportunidades para sostener el crecimiento del futbol femenil ciego en México.
En septiembre de este año se celebrará en Brasil la Copa América de Futbol para Ciegas, la competencia más importante del continente en esta disciplina. Si México logra participar, se convertiría en el cuarto país de América en conformar una selección femenil de futbol ciego, junto con Argentina, Brasil y Canadá. No se trata solamente de asistir a un torneo internacional, sino de abrir una puerta para nuevas generaciones.
Porque cuando una niña ciega sepa que hay una selección mexicana femenil compitiendo internacionalmente, entenderá algo fundamental: que ella también puede aspirar a portar la camiseta nacional.
Sin embargo, para lograrlo se necesitan recursos. Por ello, en colaboración con Fondo Semillas —organización con 35 años acompañando y financiando proyectos impulsados por mujeres en México— se creó la campaña “Futbol Ciego: Ellas juegan, México dice ¡voy!”, una iniciativa que busca recaudar un millón de pesos para hacer posible la participación de estas atletas en Brasil.
La campaña estará activa hasta el 19 de agosto y los recursos permitirán cubrir vuelos, hospedaje, alimentación, uniformes, encuentros preparativos y viáticos para las jugadoras y su equipo técnico. Las donaciones pueden realizarse en semillas.org.mx.
Pero el impacto va mucho más allá de un viaje deportivo. Cada entrenamiento visibiliza una realidad que durante mucho tiempo permaneció fuera de la conversación pública. Cada partido cuestiona prejuicios profundamente arraigados sobre discapacidad y género. Cada jugadora que entra a la cancha modifica la manera en que entendemos quién tiene derecho a ocupar los espacios deportivos y quién merece ser visto, apoyado y reconocido.
El futbol tiene una capacidad única para emocionar, unir e inspirar. Quizá por eso este momento resulta tan significativo. Mientras el país se prepara para vivir semanas enteras hablando de futbol, también existe la oportunidad de ampliar la conversación y mirar hacia historias que normalmente permanecen fuera del reflector. El deporte puede convertirse en una herramienta de representación, inclusión y transformación social.
Ellas ya entraron a la cancha, ahora le toca al país entrar con ellas; porque ellas juegan y México también puede decir ¡voy!

