El pasado viernes 22 de mayo, más de 300 representantes de distintos sectores de México participaron en la Cámara de Diputados en la actividad “Té para la armonía”, organizada con motivo del Día Internacional del Té. A través del arte del té y de expresiones del patrimonio cultural inmaterial chino, el encuentro permitió a muchos amigos mexicanos acercarse aún más a la cultura china y constituyó una vívida muestra de los intercambios culturales entre China y México.
Originario de China, el té ha sido conocido durante siglos como la “misteriosa hoja de Oriente”. Su historia se remonta a más de cinco mil años. En sus inicios se utilizó con fines medicinales y, con el tiempo, pasó a convertirse en una bebida cotidiana profundamente arraigada en la vida social.
A partir del siglo IX, el té chino —junto con sus utensilios, técnicas de elaboración y tradiciones asociadas— cruzó montañas y mares a través de la Ruta de la Seda y de la antigua Ruta del Té y los Caballos, llegando a distintas regiones del mundo, y se ganó el aprecio de numerosos pueblos. Hoy, más de tres mil millones de personas disfrutan del té en su vida diaria. En 2019, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de mayo como Día Internacional del Té. En 2022, las técnicas tradicionales chinas de elaboración del té y las costumbres sociales vinculadas a ellas fueron inscritas en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.
El aprecio universal por el té se explica por sus beneficios para la salud. Rico en polifenoles, aminoácidos y vitaminas, el té ayuda a la digestión, favorece la relajación, despeja la mente y aporta equilibrio frente al cansancio y el estrés cotidiano. Pero además de ser una bebida saludable, la cultura del té desarrollada en China durante milenios encierra una profunda sabiduría que sigue ofreciendo enseñanzas valiosas para el mundo contemporáneo.
Por ejemplo, según su grado de fermentación, el té chino se clasifica tradicionalmente en seis grandes categorías: té verde, blanco, amarillo, oolong, rojo y oscuro. Cada uno posee su propio método de elaboración, aroma y carácter; cada uno responde a diferentes gustos, momentos y necesidades. Ninguno es superior a otro, y cada uno aporta su singular riqueza al universo del té.
Algo similar ocurre con las civilizaciones humanas. Las distintas civilizaciones del mundo nacen en diversos contextos geográficos, históricos y sociales, y por ello desarrollan ideas, costumbres y expresiones culturales propias. No existen civilizaciones superiores o inferiores; lo que existe es diversidad de caminos de desarrollo y formas de expresión. Solo desde el respeto mutuo, la igualdad y el diálogo —dejando atrás la hegemonía y el unilateralismo— pueden las civilizaciones convivir y enriquecerse mutuamente, como lo hacen las distintas variedades del té.
La cultura del té también transmite una filosofía de modestia, armonía y respeto. Desde la tranquila preparación antes de infusionar el té, hasta la ordenada organización según la antigüedad al servirlo, y el modesto acto de llenar la taza solo hasta siete décimas partes, cada detalle refleja el espíritu humanista y la búsqueda de valores como la humildad, la armonía y el respeto que defiende el pueblo chino.
Llevado al terreno de las relaciones internacionales, esto significa tratarnos con igualdad y cortesía, abandonar la arrogancia y los prejuicios, generar confianza, resolver las diferencias y fomentar la cooperación mediante una comunicación sincera.
Asimismo, la cultura del té enfatiza la “contemplación tranquila y la introspección”. Tomar té a diario, a diferencia de beber otras bebidas por mero placer, implica desacelerar el ritmo, saborear el aroma y disfrutar la tranquilidad. Al mismo tiempo, es un momento para reflexionar sobre las propias palabras y acciones. ¿He actuado con demasiada precipitación últimamente? ¿He sido lo suficientemente tolerante con los demás? ¿Me he dejado llevar por los deseos? Este tipo de reflexiones personales permiten mantener una mentalidad serena y cultivar la empatía en un mundo vertiginoso, sentando las bases para la armonía interior individual y la estabilidad social.
El carácter chino para la palabra “té” se compone de tres partes: “hierba”, “persona” y “madera”. El té proviene de la naturaleza, beneficia a toda la humanidad, enriquece la vida material y espiritual de las personas y es un tesoro universal de la civilización.
Embajador de China en México
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