El giro conservador que ha venido reconfigurando el mapa electoral de América Latina prometía ser la respuesta a años de populismo de izquierda y deterioro institucional. Entre 2023 y la fecha, once de catorce elecciones en la región han sido ganadas por partidos de derecha o centroderecha. Durante este periodo las únicas tres excepciones fueron los triunfos de Claudia Sheinbaum en México, Bernardo Arévalo en Guatemala y Yamandú Orsi en Uruguay.

Hoy, a pocos meses o años de haber llegado al poder, esa ola de derecha enfrenta su primera prueba de fuego: cuatro de esos gobiernos; Milei en Argentina, Kast en Chile, Paz en Bolivia y Trump en Estados Unidos, atraviesan simultáneamente crisis de gobernabilidad y un derrumbe sostenido en sus niveles de aprobación ciudadana.

Voto de castigo

No fue una revolución ideológica. Fue una factura. Ciudadanos golpeados durante años por la inflación, el bajo crecimiento, la inseguridad, la informalidad, la corrupción y el deterioro sistemático de los servicios públicos presentaron al poder establecido una cuenta que la izquierda no supo o no pudo pagar. Y eligieron a quienes prometían, por fin, resultados concretos sobre problemas reales. La ideología era importante pero no lo era todo. Lo que el electorado exigía era respuestas oportunas y eficaces a los problemas y demandas ciudadanas.

Las promesas de campaña no son contratos, pero los electorados modernos las tratan como tales. Lo que une a Milei, Kast, Paz y Trump no es su ideología conservadora, sino una deuda común con votantes que no les entregaron su apoyo solo por convicción ideológica, sino por exigencia pragmática: querían resultados. En un continente donde el voto castigo ha desplazado al voto de pertenencia, la revolución de las expectativas insatisfechas cobra una velocidad que ningún gobierno parece haber anticipado. El electorado ya no espera al final del mandato para emitir su veredicto.

Javier Milei — Argentina

Milei atraviesa, dos años y cínico meses de haber llegado a la Casa Rosada, su peor momento desde que llegó al poder. Su desaprobación alcanzó el 63% en mayo de 2026, el nivel más alto desde el inicio de su mandato, con apenas un 35,5% de aprobación. En el ranking regional de mayo, ocupa el puesto 16 de 18 presidentes latinoamericanos, acumulando cuatro meses consecutivos de caída: en febrero tenía 46,8% y hoy ronda el 34,8%. En el mayor distrito electoral del país, el golpe es aún más duro: en la provincia de Buenos Aires solo el 32% evalúa positivamente su gestión, y un 58% la califica como “muy mala”. Con estos números, su reelección en 2027, si se decide a buscarla, que parecía hasta hace poco asegurada está hoy en dudas.

José Antonio Kast — Chile

Kast lleva apenas dos meses en La Moneda y ya enfrenta una fuerte crisis de popularidad. Según Criteria (7 de mayo), su aprobación retrocedió dos puntos y se ubicó en 36%, mientras que la desaprobación se mantiene en 51%, con un 13% que ni siquiera tiene una postura definida sobre su gestión. La encuesta Plaza Pública Cadem de la semana del 14 de mayo confirma el cuadro: ninguna área del gobierno logra superar el 50% de aprobación. Las comunicaciones del ejecutivo registran un 68% de desaprobación, y la lucha contra la delincuencia, el tema que le dio la presidencia, alcanza un 61% de rechazo. El 64% de los chilenos no cree que Kast tenga un plan claro para enfrentar la seguridad, la promesa central de su campaña. Sus atributos mejor evaluados son ser “trabajador” (56%), “directo” (53%) y “competente” (50%), pero no logra superar esa barrera en ninguna dimensión vinculada a la cercanía o la sensibilidad con la gente.

Rodrigo Paz — Bolivia

Paz, con apenas seis meses de haber llegado al poder, es el caso más explosivo y urgente de los cuatro. Este martes 19 de mayo, Bolivia vivió su peor jornada desde que comenzó la crisis. Policías antimotines se enfrentaron a manifestantes que exigían la renuncia del presidente centroderechista Rodrigo Paz, asediado por bloqueos que tienen cercada a la capital política del país desde hace más de dos semanas. Armados de petardos, piedras, palos y dinamita, los manifestantes intentaron ingresar a la plaza de armas donde está el Palacio de Gobierno. Más de 100 personas fueron detenidas, y se anticipan nuevas confrontaciones. Las protestas ya dejaron cuatro fallecidos. El desabastecimiento de alimentos, combustibles y medicamentos es severo en La Paz y El Alto, con pérdidas que superan los 50 millones de dólares al día.

La denominada “Marcha por la Vida” impulsada por el expresidente Evo Morales llegó hoy a La Paz, luego de recorrer el altiplano desde Caracollo, en Oruro, aglutinando a sectores campesinos, indígenas y obreros contrarios a las medidas económicas de Paz. Bolivia atraviesa su crisis económica más grave desde la década de 1980: agotó sus reservas de dólares para sostener una política de subsidios a los combustibles, y su inflación interanual fue de 14% en abril. Paz no tiene partido propio ni mayoría en el Legislativo, y una de sus primeras medidas fue eliminar los subsidios a los combustibles, lo que disparó el costo de la vida. Pese a todo, el canciller Fernando Aramayo descartó categóricamente cualquier posibilidad de renuncia, calificando de “absurdo” que se especule con una dimisión apenas seis meses después de que Paz asumiera el cargo. Para mañana, el gobierno anunció que intervendrá las vías tomadas durante seis horas para habilitar un “corredor humanitario”, y desde el 10 de mayo opera un puente aéreo desde Santa Cruz y Cochabamba para llevar alimentos a La Paz.

Donald Trump — Estados Unidos

Trump, con solo 16 meses de haber regresado a la Casa Blanca, consolidó este 19 de mayo su peor marca del segundo mandato. Según Silver Bulletin, el agregador de Nate Silver actualizado ayer domingo, alcanzó un nuevo mínimo histórico con un índice neto de aprobación de -20,1 puntos, y su desaprobación en el manejo de la inflación y el costo de vida llegó a -41,8. El promedio ponderado de FiftyPlusOne al 18 de mayo lo ubica con 36,7% de aprobación y 59,9% de desaprobación. La encuesta del New York Times/Siena de esta semana es lapidaria: solo el 37% aprueba su gestión, el 64% desaprueba su manejo de la economía, y el 69% rechaza cómo administra el costo de vida. Entre los independientes, el 69% lo desaprueba, y el 65% considera que sus políticas están empeorando la economía en el corto plazo. La caída entre independientes acumula 18 puntos en un año, con solo 25% de aprobación y 63% de desaprobación en ese segmento clave. El horizonte electoral: la derecha no lo tiene fácil

Tres elecciones abiertas

Si el panorama de los cuatro gobiernos actualmente en ejercicio ya resulta inquietante para la derecha regional, el calendario electoral de los próximos cinco meses ofrece escasos motivos para el optimismo. Tres procesos presidenciales clave en América del Sur; Perú, Colombia y Brasil, muestran que el desgaste de la izquierda y el voto de castigo contra los oficialismos progresistas no se traducen automáticamente en un respaldo sólido y sostenible a las fuerzas de derecha. De hecho, en ninguna de estas contiendas la derecha tiene hoy asegurada la victoria.

En Perú, la segunda vuelta del 7 de junio entre Keiko Fujimori (derecha) y Roberto Sánchez (izquierda) se perfila como uno balotaje marcado por “el miedo” y como uno de los más inciertos en décadas. Según Ipsos, ambos candidatos están igualados con 38% de las preferencias, con un 24% de electores aún sin decidir, un grupo que será determinante. Fujimori, que busca la presidencia por cuarta vez, llega con el lastre de tres derrotas previas y un antivoto (“antifujimorismo”) estructural que ninguna campaña ha logrado revertir. Sánchez, exministro del cuestionado gobierno de Pedro Castillo, consolida su base en el sur y centro del país, las zonas más golpeadas por la represión poscastillista y las más castigadas en términos de pobreza y falta de oportunidades. El factor determinante del resultado final será precisamente el antivoto cruzado: ninguno de los dos candidatos genera entusiasmo, solo rechazo hacia el otro.

En Colombia, la primera vuelta del 31 de mayo encuentra a la derecha dividida y en desventaja. El ponderador de La Silla Vacía sitúa al candidato de izquierda Iván Cepeda entre el 38% y el 40% de intención de voto en primera vuelta, una ventaja suficiente para llegar primero pero insuficiente, de momento, para ganar sin segunda vuelta. La derecha, en cambio, llega fragmentada: Abelardo de la Espriella ronda el 33% y Paloma Valencia el 17% según AtlasIntel, compitiendo entre sí por el segundo puesto en lugar de construir una alternativa sólida frente a Cepeda. El escenario de segunda vuelta es, sin embargo, el que más inquieta a la izquierda: en una simulación entre Valencia y Cepeda, Valencia alcanzaría el 48,3% contra el 45,6% del candidato de izquierda, con el voto en blanco como árbitro final. La paradoja colombiana es que la derecha puede perder la primera vuelta y ganar la segunda, pero solo si logra unirse a tiempo.

En Brasil, donde la primera vuelta presidencial se celebrará el 4 de octubre, y, de ser necesario, el balotaje tendrá lugar el 25 del mismo mes, como ha sido habitual en la política brasileña reciente, la candidatura de Flávio Bolsonaro acaba de sufrir el golpe más severo de su precampaña. Hasta hace pocas semanas, el senador lideraba algunas encuestas o se mantenía en empate técnico con el presidente Lula da Silva. Sin embargo, una investigación de The Intercept Brasil reveló que Flávio habría negociado el pago de unos 24 millones de dólares provenientes de Daniel Vorcaro, expropietario del Banco Master y actualmente encarcelado por fraude multimillonario, para financiar una película biográfica sobre su padre, el presidente Jair Bolsonaro.

El impacto político y electoral fue inmediato. Según la última encuesta de AtlasIntel/Bloomberg, Lula pasó a liderar con 49,1% frente a 42,6% de Flávio Bolsonaro, cuando apenas semanas atrás ambos aparecían virtualmente empatados, con 47,8% y 47,5% respectivamente. El escándalo, ya bautizado informalmente como “Flaviogate", también encendió alarmas en el centro político: partidos como União Brasil, Partido Progressista y Republicanos, que evaluaban sellar alianzas con el bolsonarismo, decidieron postergar cualquier definición de coalición ante el temor de nuevas revelaciones. Los próximos días serán decisivos para medir la profundidad del daño: si la caída de Flávio se estabiliza, se profundiza o logra revertirse. Por ahora, la derecha brasileña carece de un plan B claro y competitivo para enfrentar a Lula en 2026.

Resumiendo: Cuatro gobiernos, cuatro contextos, un solo fenómeno: el colapso de las promesas y de las expectativas una vez en el gobierno. Milei, Kast, Paz y Trump no están perdiendo popularidad por razones ideológicas, sino por una razón mucho más elemental y mucho más implacable: no están logrando cumplir con las promesas hechas durante sus campañas ni resolver los problemas que sus votantes les encomendaron.

En un ciclo político definido por electorados pragmáticos y volátiles, la lealtad es condicional y el plazo, corto. El voto castigo que sepultó a los oficialismos anteriores y abrió paso a estos cuatro líderes no desapareció con su victoria: se reconstituyó en la oposición, crece en las encuestas y aguarda en las urnas. Quienes llegaron al poder prometiendo ser la solución corren hoy el riesgo, si no logran dar resultados y respuestas oportunas y eficaces a las demandas ciudadanas, de convertirse en el próximo gobierno a castigar con el voto

En síntesis: Cuatro líderes que llegaron al poder surfeando la ola del descontento ajeno. Hoy el descontento es propio, y la ola viene hacia ellos.

*Director y editor deRADARLATAM 360

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios