Por Sarbelio Moreno Espinosa

Por años, en pediatría hemos visto repetirse la misma escena cada invierno: hospitales saturados, salas de urgencias desbordadas y familias que observan con angustia cómo un bebé lucha por respirar. El principal responsable suele ser el mismo: el Virus Sincicial Respiratorio (VSR), uno de los virus respiratorios más agresivos para los lactantes y una de las principales causas de hospitalización en menores de un año.

Para muchos adultos es “solo un resfriado fuerte”. Para un bebé, puede ser bronquiolitis grave, hospitalización o incluso la muerte. En México lo sabemos bien.

Durante décadas, las herramientas para prevenir los cuadros graves eran limitadas. Pero en 2024, Chile decidió romper ese paradigma y se convirtió en el primer país del hemisferio sur en adoptar, como política pública, una estrategia nacional y universal de prevención proteger a recién nacidos y lactantes durante su primera temporada de riesgo frente al Virus Sincicial Respiratorio.

Lo más revelador llegó después. Diversas fuentes oficiales y académicas confirmaron que, gracias a su implementación, Chile no registró muertes de recién nacidos por VRS en 2024, y repitió el logro en 2025, alcanzando dos años consecutivos sin fallecimientos infantiles por esta causa.

Según un análisis publicado en la Revista Chilena de Pediatría, la estrategia redujo 76% las hospitalizaciones por VRS y 85% de los casos graves que requieren cuidados intensivos. Cuando se compara con la temporada previa, el impacto fue aún mayor: hasta 95% menos hospitalizaciones en la población elegible frente al invierno de 2023.

Y el beneficio no fue solo clínico. Chile registró ahorros millonarios derivados de la disminución de hospitalizaciones, uso de camas críticas y consultas de urgencia, demostrando que proteger mejor a los lactantes también es una decisión financieramente inteligente.

Estas cifras representan más que indicadores. Cada hospitalización evitada es una familia que no pasó noches en urgencias; cada caso grave que no ocurrió es un bebé que pudo recuperarse en casa; cada cama liberada permitió que el sistema de salud respondiera con mayor capacidad a otras emergencias.

Y aquí es donde la experiencia chilena nos interpela en México.

Cada invierno enfrentamos picos de hospitalizaciones pediátricas por infecciones respiratorias. Cada año discutimos la saturación del sistema, y ahora, con un caso exitoso, toca fortalecer la conversación sobre cómo prevenir, no solo atender, los casos graves. Chile demostró que es posible articular política pública, evidencia científica y tecnología para transformar una temporada invernal.

Porque cuando la evidencia muestra que es posible reducir hospitalizaciones, evitar casos graves y salvar vidas, lo responsable no es esperar.

Lo responsable es tomar decisiones a tiempo.

Pediatra Infectólogo, Miembro de la Academia Mexicana de Pediatría