Armando Pineda Osnaya1*

El pasado 16 de septiembre, la Reserva Federal Norteamericana (FED) elevó la tasa de interés de 3.75% a 4%, con la posibilidad de volver a subirla en lo que resta del año. El principal propósito según lo anunciado es contener la inflación, la cual en agosto del presente año fue de 3.5% anualizada, cuando la meta era del 2%. El aumento de la tasa de interés no impacta sólo a la inflación; también elevará el pago del gobierno por el interés más alto, mismo que será pagado con mayor deuda, la cual supera 40 millones de millones de dólares y rebaza al PIB en 120%. El déficit del gobierno aumentará con el mayor pago de intereses, el cual según datos del Departamento del Tesoro en los primeros 11 meses del año fiscal de 2026, alcanza 1,97 billones de dólares, a esa cantidad se sumará el incremento de los intereses de 0.10 mil millones de dólares, colocando el déficit del gobierno en 2.07 billones de dólares ¿Es tan valioso para el control de la inflación que vale la pena elevar el déficit y la deuda en 10 mil millones de dólares? ¿El mayor pago de intereses será sólo un granito más de arena que incrementará la deuda como ha ocurrido con otros granitos que igualmente la elevaron?

El aumento de la tasa de interés no tiene que ver nada más con la inflación, como hemos visto, también elevará el gasto, el déficit y la deuda del gobierno, e impactará las deudas de los particulares cuando el aumento se traslade a los créditos bancarios. El aumento de la tasa de interés tiene razones más profundas relacionadas con la magnitud y el pago de la deuda. A mayor deuda, mayor será el pago de intereses, por lo que el gobierno debe de elevar todavía más la deuda para cubrir el amento de los intereses. El 15 de septiembre del año en curso, el Tesoro norteamericano subastó el último bono a 20 años por 13 mil millones de dólares con un rendimiento de 5.42%. Por dicho bono, el gobierno deberá pagar 13,000 x 0.542 = 704.6 millones de dólares anuales de intereses, aunque el calculo exacto debería de ponderar el precio de emisión, el cupón y las condiciones del bono. Pero el problema no es una subasta aislada, sino que refinanciamiento de la deuda del gobierno se hace a tasas cada vez más elevadas, provocando que una parte creciente del presupuesto federal termine destinada al pago de intereses. Para los bonos de 20 años, de junio a septiembre del año en curso, el rendimiento aumentó aproximadamente 0.49 puntos porcentuales, lo cual es resultado que el mercado está demandando rendimientos cada vez mayores para financiar al gobierno norteamericano. Esto es especialmente importante porque el pago de intereses supera un billón de dólares anuales y abarca alrededor del 14% del gasto federal.

Los Estados Unidos han caído en un círculo perverso de: mayor déficit implica más deuda lo que demanda más intereses que finalmente elevan el déficit iniciando nuevamente el círculo.

Las tres variables se retroalimentan mutuamente entre sí mayor déficit lleva a más deuda que termina con una tasa de interés más alta, y crecerán hasta el punto en que la deuda detone; es decir, en el momento en que el gobierno norteamericano no pueda elevar su deuda, en ese instante tendrá que reducir su déficit.

El lento crecimiento norteamericano de alrededor del 2% y la inflación persistente se acompañan de un creciente déficit del gobierno que sólo puede ser sostenido con una deuda cada vez mayor, la que a su vez exige tasas de interés más altas. El mayor gasto del gobierno proviene del gasto social, pero el mayor incremento del gasto del gobierno es causado por pago de intereses y al gasto militar. Por un lado, deuda tiende a crecer, pero por otro paulatinamente está disminuyendo la venta de bonos o la posibilidad de continuar contratando más deuda. En mayo de 2026, las tenencias extranjeras de valores del Tesoro de EE. UU eran de 9.277 mil millones de dólares, en julio pasado, dichas tenencias cayeron a 9.162 mil millones de dólares, disminuyeron -1.2%; posiblemente el descenso fue influido por los pésimos resultados obtenidos por los Estados Unidos en la guerra contra Irán, pero también tiene que ver una menor confianza en la estabilidad del dólar y en la solvencia de la deuda norteamericana. La mayor caída de la venta de bonos se registra en instituciones oficiales y en gobiernos, en tanto que los particulares aumentan sus compras, mostrando tal vez un cambio de composición de los tenedores de bonos, pasando de gobiernos e instituciones a mayor participación de particulares, que están más influidos por los altos rendimientos, aunque son altamente volátiles, mientras los gobiernos demandan bonos para aumentar sus reservas y previsiones. Lo preocupante es que Norteamérica debe de ofrecer tasas de interés cada vez más altas sobre todo en bon os a largo plazo, de 10, 20 o 30 años, para obtener la deuda necesaria que permita financiar su déficit, de lo contrario, de no obtener el suficiente financiamiento o deuda para pagar su déficit, tendría que declarar una moratoria, lo que provocaría fuga de capitales, devaluación y un recorte severo del gasto público.

Es de esperar que las autoridades monetarias mexicanas no eleven la tasa de interés como lo hizo los Estados Unidos, porque ellos lo hicieron por la emergencia de elevar su deuda causada por el aumento del déficit público, México en cambio, no tiene tal emergencia y por el contrario el 11 de septiembre pasado el país tenía reservas por casi 258 mil millones de dólares y hasta junio del presente año, sobraron 15,470 millones de dólares de las operaciones con el exterior, que elevarán el monto de reservas. Aumentar la tasa de interés mexicana, sólo elevaría la deuda del gobierno y el costo financiero, además que engrosaría aún más la entrada al país de capital extranjero que no es utilizado y por tanto no es necesario. Al no usarse los dólares sobrantes se congelan en las reservas.

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