No hay nada más falso que decir que el segundo piso de la Cuarta Transformación cambió la estrategia de lucha contra los carteles del narcotráfico creada en el primer piso, denominada por el padre fundador, Andrés Manuel López Obrador, como la doctrina “abrazos no balazos”.
AMLO dijo, y con toda razón, que Felipe Calderón le dio una “garrotazo al avispero” e inició una sangrienta guerra contra los cárteles, y que el humanismo mexicano, doctrina que él creó, pacificaría el país sin violencia, ”con abrazos, no balazos” e incluso con tácticas más sofisticadas como amenazar a los criminales con acusarlos con sus mamás y abuelas para que los llamaran al orden.
Esa parte de la estrategia para pacificar el país fue muy exitosa, y sí, es cierto que durante el primer piso de la Cuarta Transformación hubo 202 mil homicidios dolosos, y que el sexenio del bélico Felipe Calderón fueron 120 mil, pero la diferencia es que con AMLO las muchas viudas podían inscribirse al programa social para jefas de familia, y los huérfanos al de jóvenes construyendo el futuro.
Pero luego del éxito del primer piso, ha llegado la hora de pasar a la segunda fase de la estrategia que sí contempla balazos, pero no para todos. Se trata de golpear y dar garrotazos inteligentes al avispero.
El más reciente caso, el de operación militar que culminó con la muerte de “El Mencho”, el capo más buscado del mundo, es un ejemplo de un garrotazo oportuno al avispero, y de que ahora sí eran necesarios los balazos y no había lugar para los abrazos, pues el riesgo de que otro viniera a dar el garrotazo al avispero era muy alto.
Fuerte y quedito, el impredecible Donald Trump dijo que él, sus agencias y sus fuerzas armadas sabían dónde están los principales capos del narcotráfico, y que si seguían los abrazos, se encargaría de que sus muchachos vinieran a tirar balazos y misilazos y acabar con la plaga de avispas.
Cómo diría el último presidente del periodo neoliberal, Enrique Peña Nieto: “Aquí les pregunto: qué hubieran hecho ustedes”. Soltar balazos y garrotazos al avispero, o esperar a que un grupo de Navy SEALs llegara a Jalisco y se llevara a “El Mencho” y dejar incendiado el país.
“El Mencho” podrá haber sido un narcotraficante y un asesino, pero también era un mexicano, y para llevar la fiesta en paz, cada quién debe darles bala a sus criminales.
Pero el de “El Mencho”, es un caso de excepción, que no quiere decir que haya un cambio de estrategia, se trata solo de un golpe de timón, como lo calificó el almirante secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales, al reconocer que dentro de la Armada de México, altos mandos encabezaban una red de huachicol fiscal y corrupción en las aduanas. En este caso, no hubo balazos, ni garrotazos al avispero. Sin disparar un solo tiro uno de los altos jefes de la Marina fue detenido y es procesado, y para quien nunca hizo nada por detener estas practicas criminales, pese a que las conocía, el exsecretario de la Marina, el almirante Rafael Ojeda, para él sí hubo, y hay abrazos.
Otro caso que da muestra de que es falso que la estrategia haya cambiado, es el de la pudrición en Tabasco, donde el entonces gobernador del estado, Adán Augusto López, decidió poner al frente de la seguridad del estado a Hernán Bermúdez, quien además de ser el jefe de la policía, era pura gente del señor Mencho, pues encabezaba la organización criminal llamada “La Barredora”, un grupo criminal asociado al Cartel Jalisco Nueva Generación.
Bermúdez esta preso y para Adán Augusto abrazos y fuero. Cuál cambio de estrategia, cuáles balazos.
Y, por si tiene alguna duda, aquí otro ejemplo: el exconsejero jurídico de AMLO, Julio Scherer Ibarra acusó a Jesús Ramírez Cuevas, exvocero presidencial y actual coordinador de asesores de la Presidenta, de sostener una relación y reuniones con el llamado "rey del huachicol", Sergio Carmona, quien fue asesinado y que supuestamente habría financiado campañas políticas de gobernadores de Morena. No ha habido balazos, ni investigación, ni renuncia, eso sí, puros abrazos para el buen Jesús.
Así que no se deje confundir, la estrategia no ha cambiado, solo ha evolucionado, hoy hay balazos, pero predominan los abrazos.
ME CANSO GANSO. – Honor a quien honor merece. – Cuántos de los más de 200 mil homicidios dolosos que tuvo el país en el sexenio pasado su hubiesen podido evitar si al Ejército Mexicano se hubiera dado la oportunidad de disparar cuando era necesario. Hoy los abrazos son para las familias de aquellos valientes que dejaron sus vidas para que todos tengamos un mejor México.
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