La pandemia del coronavirus (Covid-19) ha tenido un impacto negativo alrededor del mundo, y ha puesto en jaque a la economía global. Nuestro país no es la excepción y, aunque las actividades productivas no se han detenido completamente, hemos entrado en la fase 3, lo que implica el punto más alto de contagios y, por ende, la implementación de mayores restricciones y medidas para hacer frente a la amenaza.

Si bien este virus ha atacado a un sinfín de países, incluyendo a los más ricos del mundo, los más afectados siguen siendo los países en desarrollo, donde millones de personas perciben un salario minúsculo, incluso en épocas de bonanza.

Por ejemplo, los motivos por los que un confinamiento total en México es inviable, a diferencia de otros países como China, Italia, España o Estados Unidos, es debido a la desigualdad económica existente, donde la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, ganando sólo para mantenerse día a día y sin la capacidad de ahorro para afrontar la cuarentena sin salir de sus hogares.

De acuerdo con datos de la ONU, el Covid-19 podría ocasionar que la economía mundial se reduzca un 0.9% durante 2020, en vez de crecer hasta 2.5% como se preveía, además de que habría una disminución de la producción global en caso de que las restricciones económicas se extiendan hasta el tercer trimestre del año.

En tanto, la OCDE declaró que los paquetes de medidas de estímulo fiscal pueden ayudar a minimizar la probabilidad de experimentar una profunda recesión económica, siempre y cuando dichas medidas estén destinadas hacia el gasto en salud para contener la propagación del virus y dar apoyo financiero al sector empresarial.

Por su parte, en días pasados el gobierno mexicano decretó una serie de medidas que buscan reactivar la economía mexicana ante los efectos colaterales que genera la pandemia de Covid-19. El presidente Andrés Manuel López Obrador subrayó que no se crearán ni se subirán impuestos, como tampoco se incurrirá en endeudamiento para salir de esta emergencia sanitaria que ha afectado a todo el mundo.

Asimismo, Banxico y el BID anunciaron una serie de medidas dirigidas a generar estabilidad financiera y evitar riesgos sistémicos ante el efecto negativo de la pandemia en el sector productivo mexicano. Las medidas fortalecerán al sistema financiero mexicano para poder extender créditos al sector productivo y proveerán de liquidez, particularmente a las micro, pequeñas y medianas empresas.

Tal como el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) lo ha vislumbrado, México se dirige a la recesión más larga registrada en los últimos 90 años y la cuarentena está frenando muchas inversiones que se harían este año en el país, se detuvieron las contrataciones y, en el peor de los casos, el desempleo está aumentando, por lo que dichas acciones contribuyen a aminorar los efectos.

La inestabilidad e incertidumbre generada por la pandemia afecta a los inversionistas, debilita a los emprendedores y afecta también al proceso de la innovación, puesto que, al haber reducción de presupuestos, el área de investigación y desarrollo es la primera en ser castigada. Todo este conjunto de condiciones impacta directamente en la creación y desarrollo de empresas en el corto y mediano plazo afectando la eficiencia del ecosistema de emprendimiento.

Ahora bien, de acuerdo con los preceptos básicos de los emprendedores, los momentos de crisis son el caldo de cultivo perfecto para crear nuevas alternativas y generar grandes ideas. Bajo este contexto, la pregunta sería ¿qué puede hacer cada uno de los actores para afrontar las vicisitudes y asumir su propia responsabilidad?

En este sentido, lejos de percibir lo anterior como un obstáculo, como buenos emprendedores, tendríamos que aprovechar las áreas de oportunidad y potencializar nuestras capacidades. Cada uno de los involucrados en el tema deberemos adquirir una postura crítica, capaz de responder a las exigencias de las tendencias actuales y a las necesidades de las industrias, ya que el mundo está en constante evolución y la aparición de nuevas herramientas tecnológicas seguirá modificando nuestras actividades diarias y con ello, la manera en que lo percibimos.

Es fundamental replantear nuestros modelos de negocio, cuestionarnos su viabilidad y resiliencia ante los cambios suscitados para alinearlos a las expectativas actuales del mercado, analizando nuestras propuestas de valor, y a partir de eso, diseñar transformaciones que hagan frente a la crisis que hoy nos ocupa.

Presidente del Comité Técnico Nacional de Emprendimiento del IMEF
Email: angel.gallegos@onetoonecf.org

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