En su obsesión por desaparecer a cualquier instancia que pudiera significar un contrapeso al poder presidencial y construir, así, las condiciones que garantizaran la impunidad de los suyos, el régimen obradorista tenía que desaparecer el INAI y a todos los órganos autónomos, pero no necesitó suprimir a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos(CNDH), bastó con designar como su titular a una figura menor, una mujer sumisa cuyo único mérito es ser hija de su madre, doña Rosario Ibarra de Piedra, y hermana de Jesús Piedra, uno de los integrantes del comando de la Liga 23 de Septiembre que en un intento por secuestrar a don Eugenio Garza Sada, terminó asesinándolo.

Sin mérito alguno, Andrés Manuel López Obrador dispuso que Rosario presidiera la CNDH, un nombramiento cuestionado desde su origen. La trayectoria de la CNDH durante la gestión de la señora Piedra ha sido ominosa; como lo señaló hace tiempo Luis de la Barreda (Excélsior, 22 de septiembre de 2022), la Comisión guardó silencio ante la desaparición del Seguro Popular, el desabasto de medicamentos, la absorción de la Guardia Nacional por el Ejército, las injurias a columnistas e intelectuales críticos y a la UNAM; tampoco se pronunció sobre la eliminación de las estancias infantiles y las escuelas de tiempo completo ni sobre el ecocidio de la obra del Tren Maya.

Y están también las denuncias de extrabajadores de la Comisión por desvíos millonarios a través del pago a empresas fantasmas, y la entrega de 42 millones de pesos para el periodista José Gutiérrez Vivó que defraudó al fisco y despojó de sus salarios y honorarios al personal de Infored, a la querida Tere Aviña y a muchos más, entre ellos, a quien esto escribe.

Sin el menor escrúpulo, la Comisión se ha convertido en encubridora del poder ocultando información, respaldando la militarización y rechazando los informes del Comité de la ONU sobre desapariciones forzadas. Su reelección, en noviembre de 2024, mostró que pese a su lamentable desempeño y las bajas calificaciones obtenidas durante el proceso de evaluación, se impuso la consigna.

En un texto impecable, el maestro Iñaki Blanco rechaza la Recomendación 208VG/2026 de la CNDH sobre la desaparición de normalistas de Ayotzinapa, en septiembre de 2014 “por sus vicios de origen, su sesgo metodológico y su falta de exhaustividad”. El exprocurador de justicia del estado de Guerrero califica como polémico, agresivo y difamatorio el documento de la CNDH, un documento que lesiona el derecho a la verdad y contiene “afirmaciones espectaculares sin sustento probatorio sólido” y en el que se advierte una clara intención de manipular lo investigado.

La señora Piedra ha degradado a una noble institución que nació con el propósito de frenar y denunciar los excesos de la autoridad; hoy no defiende a las víctimas, defiende al Estado.

Presidente de Grupo Consultor interdisciplinario @alfonsozarate

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