Horizonte Político
México prometió una tormenta de turistas y recibió una llovizna. Los datos del primer semestre de 2026 -el semestre del Mundial- exhiben el discurso oficial como propaganda construida de espaldas a la evidencia. Mientras la Secretaría de Turismo (Sectur) celebraba una supuesta "consolidación de la conectividad", las cifras de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) contaban otra historia.
Lo que dicen los números.
Entre enero y mayo de 2026, el transporte aéreo regular movilizó 51 millones 11 mil pasajeros: 25.6 millones nacionales y 25.4 millones internacionales. El mercado doméstico creció apenas 0.2%: en el año del Mundial, se movió como en un año ordinario.
Los reportes de las aerolíneas confirman el estancamiento. Aeroméxico transportó 11.8 millones de pasajeros en el semestre, 2.1% menos, con un desplome de 3.7% en el segmento nacional. Viva Aerobus movilizó 14.1 millones, 1.3% menos; en junio, con Monterrey -su centro de operaciones- como sede mundialista, cayó 2.4% y recortó capacidad 4.1%. Solo Volaris creció 5.8%. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) registró que las reservas de vuelos de la Ciudad de México para junio-julio cayeron 2.2% y las de Guadalajara 3.4%; solo Monterrey creció 7.3%.
En tierra, el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET) y el Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible (STARC) documentaron caídas de ocupación hotelera en junio en las tres sedes: dos puntos en la Ciudad de México (56.5%), siete en Guadalajara (56%) y casi seis en Monterrey (53.5%). La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC) reportó que cerca del 60% de los restaurantes empeoró frente a 2025.
El discurso contra la realidad.
El gobierno repitió durante dos años que el Mundial traería 5.5 millones de visitantes. Moody's anticipó 768 mil; Deloitte, 836 mil. El STARC estima que arribaron unos 175 mil turistas internacionales adicionales: treinta veces menos que la cifra oficial. El presidente del CNET, Antonio Cosío, exigió sin rodeos que el gobierno explique de dónde sacó esos números. La Federación Mexicana de Asociaciones Turísticas (Fematur) denunció que se sembraron expectativas imposibles que llevaron a los hoteleros a rechazar congresos seguros.
El 10 de julio, Sectur presumió un "récord histórico" de 42.87 millones de viajeros internacionales entre enero y mayo, 8.8% más que en 2025. El dato es cierto; su lectura, parcial. Esa cifra de la Encuesta de Viajeros Internacionales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) suma a todo el que cruza la frontera: de los 8.36 millones de viajeros de mayo, solo 3.92 millones fueron turistas que pernoctaron; los 4.4 millones restantes fueron excursionistas de un día, mayoritariamente fronterizos. El propio INEGI reporta que el gasto total cayó en mayo por tercer mes consecutivo y que el gasto medio por visitante -312 dólares- acumula 26 meses a la baja. Más cruces y menos gasto no son un auge: son un espejismo estadístico. Cuando la autopromoción sustituye a la rendición de cuentas, el error deja de ser técnico y se vuelve político.
La comparación con 1986 completa el retrato. Aquel México, devastado por el terremoto y la crisis de la deuda, organizó en solitario los 52 partidos y concentró la atención planetaria. En 2026 fuimos subsede: 13 partidos de 104, sin cuartos de final, sin semifinales, sin final. A ese diseño se sumaron la especulación tarifaria que cuadruplicó precios, la fuga del viajero de negocios, las alertas de viaje estadounidenses y ocho años sin política de promoción turística. En 1986 hubo un proyecto de país detrás del evento; en 2026, un evento detrás de un discurso.
Los trabajadores pagan la cuenta.
La fantasía oficial no la pagan quienes la pronunciaron: la pagan los trabajadores. En hotelería y restaurantería -sectores de contratación eventual- miles fueron programados para una avalancha que nunca llegó: turnos recortados, despidos de eventuales y propinas evaporadas. En la aviación, el estancamiento ya se traduce en recortes de capacidad y presión sobre las condiciones de pilotos, sobrecargos y personal de tierra. Que los hoteles ganaran más cobrando tarifas 40% superiores a menos huéspedes consuela a los accionistas, no a las camaristas.
Las organizaciones sindicales de la aviación, la hotelería y el turismo deben exigir que los ajustes de este fracaso no se descarguen unilateralmente sobre la plantilla y que toda proyección oficial que induzca contrataciones tenga sustento verificable. El diálogo social también se construye con cifras honestas.
La cuenta pendiente.
En el semestre de la mayor vitrina deportiva del planeta, el mercado aéreo doméstico creció 0.2%, dos de las tres principales aerolíneas transportaron menos pasajeros y el gasto por visitante lleva más de dos años cayendo. Quien prometió 5.5 millones de visitantes debe explicar dónde quedaron. El turismo no vive de récords de escritorio, sino de pasajeros que abordan y de trabajadores a los que se les cumple.

