Hace unos días el periódico Reforma le dedicó su nota principal en portada al próximo proyecto de la Secretaría de la Defensa Nacional: la construcción de un Museo del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, así como el Centro Nacional de Historia Militar, en la Primera Sección del Bosque de Chapultepec, es decir, en el espacio biocultural más emblemático y querido de la Ciudad de México.
Son dueños de seis hoteles en el sureste del país (Chichen Itzá, Tulum, Nuevo Uxmal, Edzná, Palenque y Calakmul) gracias al megaproyecto del Tren Maya que los hizo empresarios y constructores (y que contaminó selvas, cenotes y cuevas, ríos subterráneos y vestigios arqueológicos); ya tienen parques recreativos como “El Jaguar” en Tulum o el Parque de la Memoria Báalam Tun en Chetumal (para el que se desmontaron estructuras prehispánicas mayas)… Poseen al menos tres museos en la capital del país y el Museo Militar de Aviación en Santa Lucía (AIFA) …Ahora planean un mega museo en el parque urbano más importante de la ciudad, que ya no necesita más cemento sino restauración.
El proyecto de la Sedena abarca 55 mil metros cuadrados y contempla una inversión de mil 658 millones de pesos para culminar la obra en 36 meses. Se sitúa al fondo del Campo Marte, atrás del Centro Cultural del Bosque y se extiende desde Chivatito hasta el Periférico. El terreno, propiedad de Sedena, quedó semiabandonado junto con algunas instalaciones cuando la residencia oficial se mudó de Los Pinos a Palacio Nacional.
Las asociaciones de vecinos ya se pronuncian en contra. Y es que la Defensa, que espera la aprobación de las autoridades ambientales de la ciudad, contempla la construcción de cuatro edificios (dos de ellos de tres plantas), estacionamiento para 447 automóviles, auditorio para 464 personas, tienda y cafetería. Todo, en una superficie considerada Área de Valor Ambiental.
Nos preguntamos ¿Por qué no destinar ese dinero a la restauración ambiental del terreno y al mantenimiento del bosque? Cabe recordarlo: En Chapultepec habitan más de 55 mil árboles, entre fresnos, cedros, truenos… 160 ahuehuetes de más de 300 años. Con sus 800 hectáreas (contando la Cuarta Sección) es el parque más antiguo de América. El Cerro del Chapulín, sagrado para nuestros ancestros, era morada de los dioses Tlaloc y Chalchitlicue. Nezahualcóyotl lo intervino en el año 1460 para realizar un acueducto que llevaría agua desde el Cerro hasta Tenochtitlán. Fue jardín de Moctezuma, casa de Maximiliano y Carlota. Ha sido símbolo de poder, fuente inagotable de mitologías y de temas para las artes, la poesía y la literatura. Una maravilla botánica, un espacio único, el ombligo cultural y natural de México.
El arquitecto Mario Schejtnan, destacado paisajista, quien recibió el 9 de septiembre pasado la Medalla de Bellas Artes 2026, tuvo a su cargo el Plan Maestro de Rehabilitación del Bosque de Chapultepec en la Primera Sección. En uno de sus textos define a este bosque como: “Una maravilla botánica en sí misma”. Se refiere a sus árboles, sus plantas, sus ahuehuetes; una enorme variedad faunística en aves, mamíferos y anfibios; con amplios servicios ambientales en términos de captación y recarga al acuífero y en cuanto a la producción de oxígeno y humedad a la atmósfera de la Ciudad de México… Además, es un oasis para la contemplación, el descanso y la convivencia de la gente.
Falta la opinión del Consejo Rector Ciudadano que decretó desde hace décadas, para la Primera Sección de Chapultepec: “Ni un metro más de construcción en detrimento de las áreas verdes”.
Por eso, un museo más, del poder militar, en este sitio, es inconcebible.
adriana.neneka@gmail.com
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