23 | FEB | 2019
Maniobras de rescatistas en las ruinas del edificio Nuevo León, que se encontraba en el conjunto habitacional Nonoalco Tlatelolco. (JESÚS FONSECA / EL UNIVERSAL)

#EdiciónExtra La tragedia que narró Jacobo

19/09/2017
21:19
Jacobo Zabludovsky
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El reconocido periodista hizo en radio la crónica de la desgracia del entonces DF; la impresión fue pavorosa para mí, recordó años más tarde

El terremoto del jueves 19 de septiembre de 1985 sacudió a la Ciudad de México dejando un elevado número de heridos, personas desaparecidas y pérdidas materiales incalculables.

Con las señales de televisión fuera del aire y las líneas telefónicas colapsadas, Jacobo Zabludovsky comenzó su recorrido narrando todo a su paso por medio de un teléfono habilitado con una unidad transmisora móvil, incluida en su coche.

XEW Radio fue el medio en donde Jacobo informó los detalles de lo que observaba en la ciudad.

Zabludovsky manejó desde Paseo de la Reforma hasta donde pudo llegar, pero mientras avanzaba el panorama empeoraba. El Distrito Federal estaba sepultado, no se podía ver más allá del humo que cubría todo alrededor. Las sirenas de las ambulancias se escuchaban tanto como los lamentos de las personas atrapadas.

En la calle San Juan de Letrán, Zabludovsky se encontró con el señor Víctor Manuel Fernández, dueño del restaurante La Súper Leche. Víctor Manuel estaba desesperado. Policías y voluntarios se iban pasando de mano en mano tanques de gas que estaban a punto de explotar, la gente corría de un lado a otro, todo estaba cubierto de polvo y ceniza. Jacobo detuvo al señor Fernández rápidamente y en medio del caos lo comenzó a entrevistar. Ahí se enteró de que el restaurante ya estaba abierto cuando ocurrió el temblor. El señor Víctor regresaba de hacer ejercicio cuando se percató que aquel edificio en donde vivía su familia, en donde estaba su negocio hacía más de 40 años, donde trabajaban aproximadamente 97 empleados, lugar que cada mañana recibía decenas de clientes..., ese edificio estaba completamente destruido.

Recorre San Juan de Letrán. A bordo de su auto da cuenta de lo ocurrido en el corazón de la Ciudad de México y al llegar a la zona del hotel Regis relata:

“Estamos frente al hotel Regis. El hotel Regis se derrumbó, queda sólo la parte antigua, la parte central, que tiene cuatro columnas. Corintios es la única que quedó, pero está totalmente destruida.

“La parte donde estaba el restaurant o cabaret Capri, y también donde estaba la cafetería Regis, está totalmente destruida. El edificio de H. Steel resintió algunos daños, pero permanece en pie.

“El edificio de Salinas y Rocha permanece en pie, pero está totalmente cuarteado y a punto de derrumbarse.

“Frente a nosotros, el edificio que está entre el hotel Regis y la tienda quedó totalmente derrumbado también... se está quemando en su parte interior. En su parte posterior, en la calle paralela a la avenida Juárez, hacia el norte, vemos enormes columnas de humo.

“La Secretaría de Marina se derrumbó totalmente.

“En la calle de Azueta, la pequeña calle que estaba entre la Secretaría de Marina y el hotel Del Prado, es la calle que sale directamente hacia el cine Metropólitan, se derrumbó.

“De la Secretaría de Marina no quedó nada, no quedó piedra sobre piedra. Seguramente había personas ahí, cuando estamos por cumplir ya tres horas del momento en que esta Ciudad de México se estremeció en el temblor de mayores consecuencias en todos sentidos que ha habido en la historia de la ciudad de México, superior a aquel que quitó de su pedestal al Ángel de la Independencia, que hoy, por cierto, sigue encima de la columna.

“Dentro de cuatro minutos se cumplirán tres horas de que la Ciudad de México despertó para darse cuenta de que estaba ante la presencia de una tragedia que en este momento es difícil de calcular.

“Nosotros lo que vamos a hacer es tratar de llegar por las calles donde hemos visto más afectada la situación, con objeto de acercarnos a Televisa y darle a usted un reporte exacto, en virtud de que seguramente muchas personas estarán preguntándose por qué no está al aire Televisa.

“Hubo graves daños en el edificio de avenida Chapultepec y estamos tratando de habilitar nuestra transmisión desde los estudios de San Ángel, para proporcionarle por televisión también el servicio informativo que una tragedia de esta magnitud amerita.

“Veo las dos torres de Televisa; la torre nueva, la torre que se encuentra en avenida Chapultepec, sigue en pie.

“La torre que estaba encima de las oficinas nuestras, las oficinas de la Dirección de Noticieros, se vino abajo junto al edificio. A mi lado, en la calle Río de la Loza, por el lado izquierdo, mientras voy llegando a Televisa, varios edificios caídos.

“La acera levantada, en la parte trasera del Centro Escolar Revolución...

“Y ahora, señoras y señores, estoy enfrente de mi casa de trabajo, donde he pasado a lo largo de mi vida más horas que en mi casa, y está totalmente destruida. Sólo espero que mis compañeros de trabajo, mis amigos, mis hermanos de labor, estén todos bien.

“No es posible reconocer esta esquina, donde todos los días durante tantos años he vivido...”.

El recuerdo del momento a 25 años. “La impresión fue pavorosa para mí”, relata Zabludovsky. “Sin duda es la tragedia más grande que he visto sufrir a la Ciudad de México, en la que nací y en la que he vivido 82 años.

“Entre los momentos más dramáticos ese día fue mi llegada a Televisa, porque todo el edificio de los noticieros se vino abajo. Yo sabía quiénes estaban ahí muertos bajo los escombros: eran mis compañeros”.

Hojea en la mente algunos de los capítulos de aquella narración histórica del terremoto que sacudió la ciudad de México ese 19 de septiembre, justo a las 7:19 de la mañana. “Primero creí que no había pasado nada... pero me equivoqué”. En efecto, al avanzar en su vehículo, cuenta, por Paseo de la Reforma se fue abriendo una realidad que no sospechaba. Recuerda que cuando llegó al cruce de Reforma e Insurgentes se topó de frente con la tragedia. El hotel Hilton y una financiera se habían derrumbado. “Había turistas sobrevivientes que habían salido en paños menores del hotel en ruinas, envueltos en sábanas y en cobijas. Estaban azorados por lo que estaba ocurriendo”.

Ahí comenzó todo. Explica que al mirar hacia el norte, hacia la Basílica de Guadalupe y avenida Juárez, observó que se levantaban enormes humaredas y nubes de polvo. En ese momento se percató que el retumbar de las sirenas de las ambulancias era parte de un ambiente caótico que ya dominaba esa mañana. La tragedia y la muerte eran huéspedes que se asentaban en las calles de la Ciudad de México.

—¿Qué fue lo que más le impresionó ese día?

—Fue la destrucción de la ciudad, porque todos sus habitantes, sobre todo los que tenemos más de 80 años, pues hemos pasado y vivido otros temblores, como aquel en el que se cayó el Ángel de la Independencia. Eso me permitió comparar (en la narración de ese día) los daños causados por temblores anteriores con el que estaba viviendo esa mañana del 19 de septiembre. La verdad, no había nada comparable al de 1985.

—¿Ya se dirigía al trabajo cuando azotó el temblor?

—No, aún estaba en mi casa, disponiéndome a salir. Eran las 7:19 de la mañana cuando sentimos el temblor en mi casa. Ninguna de las estaciones de televisión estaba en el aire. Hablé de inmediato a la redacción y nadie respondió; entonces marqué a todos los teléfonos que tenía de Televisa y tampoco contestaban. Fue entonces cuando tuve la primera impresión de que algo grave había pasado. Me terminé de vestir y abordé mi coche. Tomé Paseo de la Reforma y al pasar por el Tláloc (que se ubica en el Museo Nacional de Antropología) creí que no había ningún problema (...) Más adelante observé que a toda la fachada de vidrio del edificio del Seguro Social tampoco le había pasado nada. Incluso un señor estaba haciendo jogging (ejercicio físico). El Ángel de la Independencia estaba sobre su columna. Pensé que el temblor no había causado los daños que pudieran suponerse por un movimiento de tal intensidad.

Me di cuenta del drama sólo cuando observé que en el cruce de Reforma e Insurgentes el hotel Hilton y una financiera se habían venido abajo.

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