Menos de 24 horas después de haber presentado y aprobado el dictamen en comisiones, Morena, PT y PES hicieron valer su mayoría en el Senado y aprobaron la reforma al sector eléctrico impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

En una sesión que no estaba programada y que tomó por sorpresa a la oposición, las bancadas de la 4T dieron el paso final para iniciar, en los hechos, el fin de la reforma energética que promovió Enrique Peña Nieto.

Avalaron en lo general la minuta, tal como la recibieron de la Cámara de Diputados, con 68 votos a favor —de Morena, PT y PES—; en contra sufragaron 58 legisladores de PAN, PRI, PRD y MC, a quienes se sumaron los del PVEM (aliado habitual de la 4T), Nancy de la Sierra Arámburo (PT) y Germán Martínez (Morena).

Luego de una discusión de cuatro horas, que se llevó a cabo ayer durante una segunda sesión ordinaria del día —convocada de último momento en el primer pleno realizado por la mañana—, los legisladores lopezobradoristas pasaron en lo general la contrarreforma. Hubo reservas de 46 senadores de PAN, PRI, PRD y MC, de las cuales 14 fueron de la bancada de Morena y PT (aunque en la discusión, Lucía Trasviña y José Narro las retiraron). Todas fueron desechadas.

El principal argumento a favor de la contrarreforma fue que será posible fortalecer a la CFE, al establecer piso parejo para que pueda competir en igualdad con las empresas privadas. Además se defendió la cancelación de los subsidios a las mismas, establecidos en 2013, así como permitirle utilizar su infraestructura.

“Este documento no atenta contra la libre competencia [sino que] la regula; no es inconstitucional, promueve energías limpias que genera la CFE; es congruente con lo dispuesto con el artículo 25 constitucional, el cual dispone que el Estado es rector del desarrollo nacional y promueve el fortalecimiento” de la comisión federal, ennumeró Ricardo Monreal, coordinador de Morena en el Senado.

Esgrimieron que se garantizará la soberanía energética porque el país dejará de depender de la iniciativa privada para su generación; que se privilegiará el uso de energías limpias, pero las generadas por la empresa estatal, como la geotérmica e hidroeléctrica, y promoverá una reducción en costos para consumidores, porque estos no serán sometidos a intereses del mercado, es decir, a las empresas cuyo principal propósito es obtener ganancias.

Los principales cuestionamientos del bloque opositor fueron en el sentido de que la reforma eléctrica del Presidente es inconstitucional; que promueve la quema de combustóleo para la generación de energía eléctrica; desecha el uso de energías limpias generadas principalmente por la iniciativa privada, además de que incrementará la producción de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero.

“Si hoy se compra primero al que produce más barato y luego así, sucesivamente, hasta el que produce más caro, y esto se va a invertir, pues no se necesita ser muy técnico ni muy sabio para darse cuenta que la energía va a costar más en nuestro país, además de que la mayoría de esta energía que produce la CFE es derivada de la quema de combustibles fósiles, específicamente del combustóleo”, dijo Julen Rementería, del PAN.

También argumentaron que encarecerá el costo de la luz para los consumidores finales, debido a la incapacidad de abastecer la demanda de la CFE; que México violará tratados internacionales en materia medioambiental y que pondrá en riesgo las inversiones que hicieron las empresas privadas en el país.

“Lo que estamos a punto de aprobar puede dar al traste a la generación que hoy intentamos cambiar este planeta. No es un tema de moda o neoliberal o que simplemente esté en boga. Es toda una serie de políticas que se ha tratado de implementar en todo el planeta para darnos una oportunidad de subsistir”, argumentó Alberto Galarza, senador de Movimiento Ciudadano.

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